Una mujer portuguesa de 79 años se presentó recientemente en el servicio de urgencias del Centro Hospitalario Universitario de Lisboa Central, aquejada de un dolor agudo en el hombro derecho y una dificultad moderada para respirar.

Como viene siendo habitual en este tipo de casos, los médicos que la atendieron realizaron una placa de tórax, que reveló un pequeño sangrado en la parte inferior del pulmón derecho. Como resultado, algo de aire se había acumulado entre el pulmón y la pared torácica, dando lugar a un colapso pulmonar, conocido como neumotórax. Esto suele ocurrir en fumadores o personas que tienen dañados los pulmones por algún otro motivo. Pero la situación de esta mujer era diferente, pues al preguntarle por el origen del dolor reconoció que dos días antes se había sometido a una sesión de acupuntura y que había sido tras la introducción de una de las agujas cuando comenzó todo. Su caso ha sido descrito en un estudio publicado recientemente en BMJ Reports.

Una pseudociencia no tan segura

Tradicionalmente la introducción de agujas en zonas estratégicas del cuerpo ha sido utilizada para aliviar todo tipo de trastornos, desde la bronquitis hasta la epilepsia, pasando por las hemorroides, la infertilidad y un sinfín de afecciones más.

Afortunadamente, con el paso del tiempo buena parte de la población ha aceptado los múltiples estudios que desmienten su eficacia, abandonando su uso en la mayoría de casos. Sin embargo, hay quienes siguen apuntando a que sí que tiene utilidad para tratar el dolor y que, al fin y al cabo, es una terapia segura, por lo que vale la pena probar. Sí que es cierto que hay algunos estudios que defienden que la acupuntura puede utilizarse con fines analgésicos, pero la mayoría de ellos son metodológicamente pobres, por lo que no pueden tomarse como concluyentes.

Sí que son más completos los que apuntan a que, en realidad, si alivia el dolor es por el efecto placebo, como ocurre con otras pseudoterapias, como la homeopatía o las flores de Bach. Además, decir que es totalmente segura es incorrecto; pues, si bien no es habitual que genere efectos adversos, en casos concretos sí que puede provocar algunos.

Normalmente estos efectos secundarios no suelen ir más allá de moratones, mareos o agujas olvidadas en la piel. Sin embargo, también pueden ser mucho más graves, e incluso mortales. Por ejemplo, se sabe que el 6% de la población tiene un hueco en el esternón, cerca de uno de los puntos de acupuntura habituales. No causa síntomas, por lo que la mayoría de personas que lo tienen ni siquiera lo saben. Por eso, no avisarían al someterse a una de estas sesiones, en las que una aguja introducida por dicho hueco podría clavarse directamente en el corazón.

Pero no es necesario tener esta anomalía anatómica para sufrir las consecuencias perjudiciales de esta práctica milenaria. También son conocidos muchos casos de neumotórax. De hecho, una revisión de la OMS, llevada a cabo en 2010, encontró un total de 201 casos reportados en la literatura científica en los 30 años anteriores.

En cuanto a la mujer portuguesa, había acudido a una clínica de acupuntura con la esperanza de aliviar un dolor de espalda que la atormentaba desde hacía tiempo. Para ello le introdujeron varias agujas, una de ellas en un punto cercano a los omóplatos, en el que el pulmón se encuentra solo a unos pocos centímetros de la piel. Justo en el momento de la inserción la señora comenzó a sentir ese dolor agudo que dos días después, al comprobar que no se pasaba, la llevó al hospital.

Por suerte, llegó a tiempo. Una vez en el centro médico se le insertó un tubo torácico para aliviar los síntomas y la expansión pulmonar. Dicho tubo se extrajo el segundo día de ingreso y, finalmente, el tercero fue dada de alta. Ella pudo contarlo, pero no todas las personas que han pasado por su situación sobreviven. Todo el mundo es libre de someterse a las pseudoterapias que quiera, pero también deberían ser conscientes de su falta de eficacia y los peligros a los que se exponen. No, la acupuntura no siempre es segura. Una vez comprendido esto, cada cual elige si quiere correr el riesgo.