Es una de las obsesiones de la compañía de patinetes, pero también uno de sus requisitos para poder operar, al menos en Madrid. La seguridad se ha convertido en una de las principales campañas de marketing de la tecnológica estadounidense. De hecho, precisamente hace unos días, Lime aprovechaba la celebración del Mulafest –festival de música en la capital– para hacer una demostración de seguridad vial con patinetes ante más de 1.000 usuarios. Porque ya lo avisó Carmena, alcaldesa de Madrid: si los patinetes empezaban a saltarse las normas se tomarían decisiones determinantes con la idea de mantener el orden en la ciudad. Y no solo con la seguridad de los mismos; una de las mayores críticas del consistorio venía de la mano del tema de los encargados de recoger y cargar los patinetes durante la noche. Las críticas a las malas condiciones de trabajo de estas personas llegaron a oídos del Ayuntamiento, el cual avisó de la retirada inmediata de los patinetes si descubría cualquier irregularidad.

En este sentido, la compañía está trabajando en mejorar las condiciones de seguridad; ahora con más ahínco, puesto que ya se detectó hace unos meses el fallo de software que bloqueaba los frenos del vehículo haciendo volar a sus pasajeros. Arreglado este punto, Lime ya trabaja en una nueva evolución de sus modelos.

En una entrevista en The Verge con Brad Bao –cofundador de Lime– se ha podido conocer en qué trabaja la tecnológica. Su objetivo es luchar contra los conductores borrachos e impedir que, su tasa de alcohol en sangre supera lo establecido por la ley, el patinete no se desbloquee.

¿Cómo hacerlo? En un mundo en el que lo usuarios prescinden del casco, pese a las recomendaciones de las plataformas de usarlos, cómo hacer que los conductores no estén borrachos. De momento, sus investigaciones se están centrando en reducir la velocidad del patinete mediante un sistema de software automático; desmienten la posibilidad de incluir alcoholímetros en los patinetes en cualquier caso. Si se detecta que la conducción es irregular –en vez de ir en línea recta este se mueve haciendo eses–, uno de los efectos de conducir bajo los efectos del alcohol, este empezará a bajar la marcha.

Brad Bao confirma que, de momento, es solo un proyecto piloto que se está probando e investigando para su implantación futura. Como es lógico, Lime tiene que mantener las condiciones de seguridad a la hora de bajar la velocidad de forma automática; si esta bajase de golpe, podría poner en peligro al pasajero.

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