Si bien es cierto que la industria de los procesadores no funciona a la misma velocidad que antaño (dejando de lado a los móviles), lo cierto es que una de las compañía más puntera de la industria, no se duerme en los laureles y ha presentado su agenda para los próximos años. Y es que Intel ha detallado parte de su hoja de ruta para la fabricación de procesadores de aquí a 2023, destacando detalles muy interesantes en términos de miniaturización y optimización de los chips.

Sin duda, uno de los puntos clave de Intel es la llegada a los 7nm en sus procesadores, algo que esperan alcanzar para la siguiente gran hornada de chips que llegarán no antes de 2021, un par de años vista a la tecnología actual, que tal como está el mercado las necesidades de mejores procesadores empiezan a ser importantes de cara al sector de la estaciones de trabajo y no tanto a los dispositivos móviles, donde los chips ARM han conquistado a empresas y usuarios.

Lo cierto es que la aproximación de Intel a los chips de 7nm suena incluso algo precipitada para la fecha fijada. La compañía ya ha tenido problemas con los 10 nanómetros, y todo parece iniciar que la tecnología para reducir aún más los chips no está del todo clara como para que veamos un salto tan importante en los próximos tres años, teniendo en cuenta que si efectivamente se cumplen las fechas, a la familia de los 10nm (e incluyendo los 10+ y 10++) se convertirían en la que menos tiempo de vida ha tenido.

Se espera que los nuevos chips que lleguen en el futuro sean especialmente revolucionarios, tanto como los 14+ y 14++ dentro de la familia de 14 nanómetros y desde el punto de vista de la optimización de los nodos y de los saltos entre generaciones. Mientras tanto, los rumores de que poco a poco los chips ARM acaben desplazando los generales para el mercado de consumo se empiezan a suceder, y en este apartado Intel no ha terminado de mostrar todo su potencial.