No cabe duda de que Leonardo da Vinci fue uno de los artistas más completos de la historia de la humanidad. Destacó como lo que por aquel entonces se conocía como un “hombre renacentista”, por tocar todos los palos, desde la pintura hasta la ingeniería, pasando por la escultura y las ciencias naturales. Todo le apasionaba y poco se le daba mal, de ahí que dejara un legado inmenso, repleto de obras magistrales en todos y cada uno de los campos que dominaba. Sin embargo, muchas de aquellas obras quedaron sin finalizar.

Decían quienes le conocían que solía cansarse pronto de una tarea, por lo que tendía a dejarlas sin finalizar para pasar a comenzar una nueva. Esto quizás le permitió poder experimentar con más estilos y disciplinas, pero también es la razón por la que muchos de sus trabajos no llegaron a brillar tanto como hubiesen podido hacerlo. Todo esto ha llevado a que en más de una ocasión se haya planteado que pudiese tener algún trastorno relacionado con la procrastinación, como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Ahora, el profesor Marco Catani, del Instituto de Psiquiatría, Psicología y Neurociencia del King's College de Londres ha llevado a cabo un estudio, publicado hoy en Brain, en el que se analizan varios documentos de la época para comprobar si es posible que lo fuera. Y, efectivamente, parece ser la opción más probable.

Dispersión a cambio de genialidad

Es imposible asegurarlo a ciencia cierta, pero el trabajo de Catani apunta con gran probabilidad a que el genio italiano padeciese este trastorno, que inicialmente se diagnosticaba solo en niños con problemas de concentración, pero en los últimos años ha comenzado a detectarse en jóvenes y adultos.

Se caracteriza por dificultad para centrar la atención en una cuestión concreta, tendencia a la dispersión y nerviosismo, todos ellos rasgos que se encuentran en los documentos de la época en los que se describe a da Vinci. Se asegura que dormía poco, manteniendo unas pocas siestas cortas, seguidas de muchas horas de trabajo, durante las cuales solía saltar de tarea en tarea. Además, parece ser que era zurdo y disléxico, ambas cuestiones que suelen ser muy frecuentes en personas con TDAH.

Pero no todo eran desventajas. De hecho, Catani cree que todo esto pudo ser también la razón de la genialidad de Leonardo, pues estas personas suelen pasar mucho tiempo vagando en su propia mente, lo cual fomenta notablemente la creatividad y la originalidad. Lamentablemente, la contraparte de todo esto es que no terminara su trabajo, aunque incluso de esa forma dejó una obra sin igual.

No es la primera vez que se analizan rasgos del comportamiento o las obras de da Vinci en busca de posibles trastornos o características que puedan explicar su genialidad. Sin embargo, en este caso el objetivo no es solo desentrañar el origen de su arte, sino también ayudar a derribar un mito muy extendido sobre las personas con TDAH, como explica su autor en un comunicado de prensa: “Hay una idea errónea que prevalece sobre el hecho de que el TDAH es típico de niños con poca inteligencia, destinados a una vida problemática. Por el contrario, la mayoría de los adultos que veo en mi clínica informan que han sido niños inteligentes e intuitivos, pero desarrollan síntomas de ansiedad y depresión más adelante en la vida por no haber logrado alcanzar todo su potencial “.

No sabemos si da Vinci viviría frustrado por no lograr retener la atención en una sola cosa o si, por el contrario, prefería abarcar el mayor número posible de obras, sin importarle dejar algunas inconclusas. Pero sí sabemos que era una de las personas más brillantes que han pisado la faz de la Tierra. Si no derriba él ese mito, está claro que nadie lo hará.