El renacer que está teniendo últimamente el movimiento antivacunas reabre un debate que se ha discutido mucho en los últimos años. ¿Somos libres para decidir sobre nuestra salud? Dice el primer principio de la bioética, el de autonomía, que las personas deben tener la capacidad de deliberar sobre sus finalidades personales y de actuar bajo la dirección de las decisiones que puedan tomar. Como tal, cada cual debería decidir si quiere o no vacunarse. Por otro lado, este mismo principio también defiende que las personas que tengan la autonomía mermada, por un motivo u otro, deben contar con derecho a la protección.

En este caso ya entraríamos en un conflicto, pues los bebés o niños pequeños no tienen capacidad de autonomía, por lo que las decisiones sobre su salud recaen en sus padres o sus tutores legales. De cualquier modo, finalmente se delega en ellos escoger si quieren vacunarlos. ¿Pero qué pasa con el resto de personas que les rodean? Algunas personas cuentan con problemas en su sistema inmunitario que hacen imposible que puedan ser vacunados o simplemente son niños muy pequeños, aún sin vacunar, por lo que solo pueden contar para su protección con la inmunidad de grupo, aportada por las personas vacunadas a su alrededor. Sin embargo, si estas personas toman la decisión libre de no protegerse, se expondrán a las enfermedades, pero también pondrán en peligro a estos individuos. Para evitar que esto ocurra e impedir epidemias, algunos países ya han optado por multar a los padres que escolaricen a sus hijos sin vacunar, generando un gran debate entre quienes consideran que es una magnífica idea y quienes creen que se atenta contra la libertad de decisión de los progenitores.

Alemania contra la epidemia de sarampión

El último país en unirse a esta iniciativa podría ser Alemania, cuyo ministro de Sanidad, Jens Spahn, ha anunciado que pronto quienes no vacunen a sus hijos frente al sarampión podrían enfrentarse a multas de hasta 2.500 euros. Además, se propone la vacunación obligatoria para todos los niños escolarizados, independientemente de la opinión de sus tutores legales.

Lo hace después de que esta enfermedad, que se encontraba prácticamente desaparecida en buena parte del mundo, haya renacido en los últimos años a causa del movimiento antivacunas, llegando a alcanzarse las 110.000 muertes en todo el mundo desde 2017 y a triplicarse los casos acaecidos en Europa en 2018, con respecto a años anteriores.

La medida ha sido muy bien recibida en la Asociación Alemana de Medicina y la Asociación de Pediatría del mismo país y, además, de momento parece contar con el apoyo de muchos miembros de la coalición gubernamental.

Otros países que multan a los antivacunas

La medida propuesta por Spahn no es la primera en el mundo que pretende frenar el movimiento antivacunas multando a sus seguidores. Este mismo año entraba en vigor en Italia una ley con propósitos similares. Concretamente, la conocida como ley de Lorenzin fijaba hasta el pasado 10 de marzo la fecha límite para que los padres mostraran con los documentos pertinentes que sus hijos cuentan con una serie de vacunas obligatorias para poder acudir al colegio. De lo contrario, si el niño es menor de seis años no tendrá permitido asistir a guarderías o escuelas infantiles, mientras que si es mayor de esa edad sus padres se enfrentan a una multa de unos 500 euros.

Solo unos meses antes de eso, en julio de 2018, Australia empezó también a multar a los padres que no protejan a sus hijos con multas de 18 euros por cada dos semanas sin vacunar. Antes de eso, los padres que no tuvieran las vacunas de sus hijos al día perdían aproximadamente 467 euros anuales de beneficio tributario familiar. Esta medida supone una pérdida similar, incluso un poco menor, pero sirve para recordar frecuentemente la necesidad de vacunar a los pequeños. Además, los progenitores que tengan un sueldo superior a los 80 euros diarios tienen que pagar una sanción mayor.

En cuanto a España, por el momento no parece necesario recurrir a este tipo de medidas. Según afirmaba la ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo, en una entrevista para El Mundo, actualmente estamos en un 95% de cobertura vacunal. Parece ser que los antivacunas no han hecho demasiada mella aquí. Sin embargo, no debemos bajar la guardia. Que actualmente estemos muy protegidos no significa que debamos dejar de velar por ello. Tenemos una buena barrera de contención frente a las enfermedades, pero si esta se baja los microorganismos que las causan tendrán vía libre para comenzar a expandirse. Y es que, en la guerra frente a las enfermedades vacunables, hasta que estas queden totalmente erradicadas no se deben retirar las trincheras.

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