Han pasado ya más de cuatro décadas desde que se lanzara al mercado la primera consola de sobremesa. Desde entonces, tanto los videojuegos como los dispositivos necesarios para disfrutar de ellos han evolucionado mucho. Prácticamente todos los niños pasan más o menos tiempo con ellos, ya sea en consolas y ordenadores o directamente en los teléfonos móviles, a los que acceden a edades cada vez más tempranas. Pero si hay algo que no ha cambiado es la reticencia de algunos padres a esta opción de ocio.

Muchos de los primeros usuarios de videojuegos ya son padres, por lo que ceden encantados a que sus retoños gocen de todos esos dispositivos que a ellos en su época les hubiesen parecido fruto de la ciencia ficción. Otros, en cambio, siguen pensando que todo esto puede afectar al desarrollo social de sus hijos, que empiezan a pasar más tiempo delante de las pantallas que jugando al aire libre o haciendo deporte. Por supuesto, es necesario enseñar a los pequeños a jugar con normas y horarios, de modo que entiendan que su mundo no debe girar en torno a los videojuegos. Estando esto claro, ¿hay algún problema con que sigan consumiéndolos? Para responder a esta pregunta, un equipo de investigadores de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU), la NTNU Social Research, la Universidad de California y el Hospital St. Olav's de Noruega ha llevado a cabo un estudio en el que se concluye que, si bien es cierto que existen diferencias de edad y género y que sí hay un grupo algo más perjudicado, en general el consumo de videojuegos no afecta al desarrollo social de los niños.

Consumo responsable sin problemas

Para la realización de este estudio, que se ha publicado hoy en Child Development, los investigadores entrevistaron a un total de 873 niños noruegos, con edades comprendidas entre los 6 y los 12 años. Solo los de 10 a 12 años contestaron directamente a las preguntas de los científicos, mientras que para los más pequeños fueron sus padres quienes lo hicieron. Además, también se tuvo en cuenta la evaluación sobre capacidades sociales realizada por sus profesores. Las entrevistas se repitieron cada dos años, durante un total de seis, y se centraron en una serie de factores básicos: edad y género de los pequeños, nivel socioeconómico, índice de masa corporal, tiempo que pasaban consumiendo videojuegos y cantidad de tiempo que pasaban jugando con amigos.

En general, el tiempo que pasaron jugando no parecía afectar al desarrollo social de los niños, salvo en un caso concreto, pues sí que observaron que las niñas que recurrían durante más tiempo a ellos a los diez años, tenían más dificultar para iniciar relaciones sociales a los doce. Esto, según ha explicado a Hipertextual la autora principal del estudio, Beate Hygen, podría deberse a las diferencias que suele haber entre ambos sexos a la hora de jugar y establecer relaciones:

Las niñas tienden a jugar en grupos más pequeños que los niños y sus relaciones suelen ser más íntimas, por lo que podría ser que las niñas que juegan pierdan algo muy importante en su vida: una interacción más íntima con una a algunas amigas cercanas. Es importante destacar que los niños pasan mucho más tiempo jugando que las niñas. Por lo tanto, es probable que el juego esté más integrado en su cultura de juego y que juegue un papel importante en su socialización.

Además, la doctora Hygen añade que los videojuegos también son parte de la comunicación fuera de línea de los niños con otros niños: "planean y hablan sobre juegos, que se convierten en una extensión de la socialización con sus compañeros".

Finalmente, destaca que los juegos de niñas son menos normativos socialmente, por lo que otras niñas pueden aceptar menos a las chicas que juegan mucho. "Por lo tanto, las niñas que juegan pueden no solo tener menos niñas con las que jugar, sino también en mayor medida ser excluidas de la interacción social no relacionada con el juego con niñas de la misma edad, y la capacitación en habilidades sociales que sigue".

¿Qué fue antes, el videojuego o el aislamiento?

Otro punto interesante del estudio es que observaron que los niños que tenían más dificultades sociales alrededor de los ocho años pasaban más horas utilizando videojuegos dos años después. Sin embargo, en este caso el videojuego no actuaba como desencadenante, tal como se suele pensar, sino más bien como un refugio frente a los problemas acarreados por el aislamiento social.

Los propios autores del estudio advierten que en la mayoría de casos no se realizaron medidas exactas para calcular el tiempo de juego, por lo que los resultados obtenidos podrían no ser precisos. De cualquier modo, sirven como llamamiento a la calma para aquellos padres que no saben si hacen bien al dejar a sus hijos utilizar estos dispositivos. El problema no está en el simple hecho de usarlos, sino en los juegos escogidos o la acción de dejar de lado otras actividades, como el deporte o el tiempo al aire libre. Siempre que esto se controle, los videojuegos no solo no son perjudiciales, sino que pueden incluso llegar a ser beneficiosos, al reforzar habilidades como el trabajo en equipo, la proactividad, la memoria y las destreza visual y auditiva.