Se suele decir que el perro es el mejor amigo del hombre por razones como su lealtad o su cariño desinteresado. Sin embargo, muchos de ellos aportan razones extra, gracias a la agudeza de algunos de sus sentidos, especialmente el olfato. No hay más que ver la gran tarea que desarrollan los perros policía, entrenados para la detección de explosivos o drogas, entre otras sustancias.

Pero eso no es todo, pues también tienen una importante aplicación en medicina. Durante años, investigadores de todo el mundo han aprovechado este superpoder canino para desarrollar técnicas no invasivas para el diagnóstico temprano de enfermedades como la malaria o la diabetes. Incluso algunos son capaces de detectar crisis epilépticas antes de que se produzcan. Pero sin duda una de las aplicaciones más interesantes del olfato de los perros es la detección del cáncer. Ya en 2017 un equipo de científicos del Hospital Clínic de Barcelona dio a conocer a Blat, un cruce de labrador retriever y pitbull que era capaz de reconocer con un 95% de éxito las muestras de aire espirado procedentes de pacientes con cáncer de pulmón, y con un 98% las de personas sanas. Ahora, se unen a él tres beagles estadounidenses, cuyo trabajo se ha dado a conocer hoy en el marco de la sección de biología experimental de la Reunión anual de la Sociedad Americana de Bioquímica y Biología Molecular, que se ha estado celebrando en Orlando (Florida), desde el día 6 de abril, hasta mañana.

El paso previo a un diagnóstico menos invasivo

El diagnóstico temprano es un factor clave para la buena evolución de los tratamientos frente al cáncer. Por eso es tan importante el desarrollo de pruebas eficaces que puedan detectar la enfermedad de una forma sencilla, barata y lo menos dolorosa posible. Y para ello, los perros son aliados inigualables. Esto es algo que han tenido muy presente los responsables del proyecto BioScentDx, encabezados por Heather Junqueira.

Previamente el equipo había formado parte de la organización sin ánimo de lucro BioScent K9, dedicada a identificar niveles anormalmente bajos de glucosa en la sangre, para alertar a los diabéticos antes de que se dé un episodio de hipoglucemia. Sin embargo, según sus declaraciones al medio local Your Observer, al morir su padre a causa de un cáncer de pulmón Junqueira empezó a informarse sobre otros grupos de investigación que habían analizado el potencial del olfato canino para detectar tumores.

Así fue como nació este proyecto, en el que inicialmente detectaban cáncer de mama y pulmón en muestras de aire espirado, del mismo modo que los científicos del Hospital Clínic. Más tarde desarrollaron los experimentos presentados hoy, en los que se entrenó a cuatro beagles para reconocer la sangre de pacientes con cáncer pulmonar. Uno de ellos no logró sacar partido al entrenamiento, pero los otros tres sí que aprendieron a identificar las muestras, señalando con éxito el 96'7% de las muestras de pacientes con cáncer y el 97'5% de las pertenecientes a voluntarios sanos.

Pero este no es el objetivo definitivo de los miembros de BioScentDx. En realidad su propósito es ser capaces de detectar cuáles son los compuestos que olfatean los perros, para así desarrollar test que puedan ser usados fácilmente en los hospitales.

BioScentDx

¿Por qué esa raza?

Muchos estudios de este tipo se basan en el olfato de otras razas de perro. Sin embargo, Heather Junqueira, así como otros miembros del equipo, considera que el beagle es la opción perfecta para ello, ya que tienen más receptores olfativos que otros canes y, además, sus orejas caídas les ayudan a concentrar el olor hacia el hocico. Por otro lado, estos rastreadores natos son de buen carácter y bastante inteligentes y disciplinados, por lo que se pueden entrenar fácilmente para la resolución de tareas como esta.