Komodo es una pequeña isla de Indonesia, situada en el Cinturón de Fuego del Pacífico. Pero no es conocida por su origen volcánico. Ni siquiera por sus magníficos y variados paisajes, que varían desde el aspecto seco y árido de sus playas hasta los frondosos bosques semitropicales de sus montañas. En realidad esta isla es famosa por albergar a grandes dragones que poco tienen que envidiarle a los típicos de los cuentos de hadas.

Aunque en este caso no secuestran princesas, sino que son ellos los que son robados para su comercio ilegal. Y esa es precisamente la razón por la que la isla se cerrará al público a partir del próximo mes de enero de 2020, según informaba recientemente el periódico Tempo, de Indonesia.

Medidas para evitar el desastre

La decisión, anunciada el pasado 29 de marzo por representantes de la administración de la provincia de Nusa Tenggara Oriental y el Ministerio de Medio Ambiente y Bosques, fue tomada después de que la policía de Java Oriental denunciara la sustracción de 41 ejemplares para su comercio en el mercado negro. Los animales finalmente se vendieron en el extranjero a un precio de 500 millones de rupias indonesas, equivalentes aproximadamente a unos 31.400 euros cada uno.

Con el cierre de la isla a los turistas se pretende evitar la entrada de posibles traficantes, pero también llevar a cabo las medidas necesarias para garantizar que el hábitat de estos animales es apto para que puedan proliferar adecuadamente. Por eso, se realizará la siembra de plantas endémicas y se comprobará que el stock de alimentos para los dragones de Komodo, así como otras especies de la isla, es suficiente para abastecerlos a todos. Por el momento no han informado cuándo se abrirá de nuevo la isla, aunque los turistas podrán seguir viéndolos en otras islas que no se cerrarán, como Padar y Rinca.

Lucha por mantener a un animal de otra época

Al ver a estos majestuosos animales resulta inevitable pensar en dinosaurios o cuentos medievales. Pero estos son reales y están vivos, aunque si no se toman medidas como las que implementarán las autoridades de Indonesia podrían pasar también a la historia en no demasiado tiempo.

Y es que, según la World Animal Foundation, se estima que quedan en el mundo solo 6.000 ejemplares en estado salvaje, todos ellos dentro del Parque Nacional de Komodo, aunque no en la isla, en la que solo viven unos 1.800.

Se trata de animales realmente grandes, de tres metros de largo y hasta 70 kilogramos de masa. Se cree que pueden proceder de una población de superlagartos muy extendida en la antigüedad, de los cuales la inmensa mayoría desaparecerían junto a otros representantes de la megafauna del Pleistoceno.

Son cazadores verdaderamente terribles, que acorralan a sus presas para después atacarles con su mordedura venenosa. Suele decirse esto porque su saliva contiene una sustancia anticoagulante, que propicia que las presas se desangren rápidamente. Además, en su boca viven una gran cantidad de bacterias patógenas, por lo que si algún animal logra escapar de los desgarros de sus dientes sin desangrarse en el intento, posiblemente muera a causa de una infección.

Por lo general suelen cazar venados, pero también algunas aves, pequeños invertebrados y, sobre todo, carroña. De hecho, son capaces de detectar el olor de la carne en descomposición incluso a grandes distancias. Se han dado casos de ataques a humanos, aunque suelen estar acostumbrados a su presencia y la mayoría no agreden si no se les perturba. De cualquier modo, quien quiera verlos debería hacerlo desde una distancia prudencial. Y no tenerlos de mascota, eso por descontado. Son animales fieros, pero magníficos, además de uno de los últimos reductos de nuestro pasado. Sería muy triste que desaparecieran, como tantos otros, por culpa del ser humano. Desde luego, las autoridades indonesas han tomado una buena decisión.