La fascinación invencible por la compleja narrativa de una serie como Westworld, creada por Jonathan Nolan (Person of Interest) y Lisa Joy (Burn Notice) para HBO y a la espera del estreno de su tercera temporada en 2020, puede llevar a los espectadores que la siguen con devoción a averiguaciones sobre de dónde ha salido su premisa, su trama alucinada y alucinante y otros pormenores de la misma. Así, sabrán que es una adaptación del filme homónimo que fue realizado en 1973 por el difunto novelista Michael Crichton. Y este filme contó con una secuela en 1976, titulada Futureworld, dirigida por Richard T. Heffron (La révolution française) y pionera en imágenes generadas por ordenador en el cine.

Es notoria la sencillez del argumento en la película Westworld, a la que en España se tituló Almas de metal, en México, Venezuela y otros países latinoamericanos con el horror de Oestelandia y, en Argentina, con la increíble sutileza de El mundo de los robots asesinos: en un época futura no muy lejana, los amiguetes Peter Martin (Richard Benjamin) y John Blane (James Brolin) se adentran en el parque de atracciones Delos, dividido en los entornos del Salvaje Oeste, la Edad Media y la Antigua Roma, donde los seres humanos pueden interactuar con robots humanoides, casi indistinguibles de ellos, y vivir una experiencia histórica en la que sus anfitriones robóticos deben cumplir sus deseos. Y el asunto se descontrola con consecuencias fatales.

Futureworld, que para los españoles fue Mundo futuro y, para el público de México, Atrapados en el espacio, se sitúa un par de temporadas después del estropicio en el parque de atracciones. La corporación a la que pertenece invita al reportero Chuck Browning (Peter Fonda) y la entrevistadora Tracy Ballard (Blythe Danner) a elaborar un reportaje sobre el nuevo Delos para que la ciudadanía se convenza de su seguridad; y lo que descubren se sale por completo de los carriles establecidos. La paradoja es que, pese a que la trama de Futureworld debiera resultar más compleja que la de su predecesora según sus ingredientes, no es así y, por añadidura, se revela inferior como obra cinematográfica; aunque sus innovaciones técnicas sean de mayor relevancia que las del filme de Crichton, a la sazón creador de Jurasic Park (1990).

Westworld ya había usado por primera vez una animación digital renderizada para la visión del androide asesino al que dio vida Yul Brynner (Los diez mandamientos). Y, antes incluso que ese puntal indiscutible del séptimo arte moderno que es Star Wars (George Lucas, 1977) —el otro, El Padrino (Francis Ford Coppola, 1972), por supuesto— o que Tron (Steven Lisberger, 1982), la película de Heffron fue la primera en la que se utilizaron imágenes tridimensionales en una obra cinematográfica. La escena durante la que Browning y Ballard observan cómo se construyen los robots del parque de atracciones Delos, muestran una cabeza girando y una mano moviéndose en tres dimensiones en la pantalla de una computadora.

Un desconocido científico informático llamado Ed Catmull escaneó su izquierda alegremente para un cortometraje en el Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Utah y, como trabajaba en el de efectos visuales de Futureworld, no tuvo inconveniente en que fuese incluida en el filme. Una década después, el tal Catmull fue nombrado director técnico en los estudios de animación de Pixar por Steve Jobs y, en la actualidad, los preside junto con los mismos de Walt Disney Company. Por otro lado, se le reconoce como quien inventó la técnica del Z-Buffer y en 2008 le fue entregado el Óscar Gordon E. Sawyer al mérito por sus contribuciones a la animación cinematográfica. Así que el origen de esa mano tridimensional no podía ser de más altos vuelos.