En 2011, una hembra de macaco negro crestado, bautizada más tarde como Naruto, cogió “prestada” la cámara del fotógrafo David Slater, que había acudido a Célebes, en Indonesia, para tomar algunas instantáneas de la rica fauna de la isla.

Aunque muchas de las imágenes que captó el animal no representaban nada en particular, también logró tomar unas cuantas autofotos con un encuadre que ya querría lograr más de un humano con su palo selfie. Lógicamente, la hazaña recorrió el mundo entero en cuanto Slater la hizo pública. Tanto, que terminó causándole algunos problemas legales, después de que la asociación para la defensa de los animales PETA reclamara los derechos del primate a recibir beneficio económico por las descargas. Finalmente, la ley le dio la razón al fotógrafo y la historia se fue disolviendo poco a poco.

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Pero el afán de fotógrafos y científicos por comprobar la actitud de los monos ante las cámaras de fotos no ha terminado. No hay más que ver el estudio que acaba de publicar en Current Biology un equipo de científicos del Instituto Max Planck para la Antropología Evolutiva, después de instalar cámaras en varios enclaves de África, con el fin de comproabr el comportamiento de las distintas especies de primates que se topaban con ellas. Hubo reacciones para todos los gustos, aunque ninguna tan artística como la de Naruto.

Paparazzis en la selva

El objetivo de estos científicos era ver si la presencia de cámaras, así como de otros instrumentos típicos de los equipos de investigación, influye en el comportamiento de los animales, ya que en ese caso podría ser que se falsearan los resultados de algunos estudios.

Así, pudieron comprobar que la reacción variaba principalmente en base a tres factores: la especie, la edad y su hábitat. Los primeros en los que centraron su atención fueron los chimpancés, quienes reaccionaron con cierta indiferencia hacia los dispositivos de vídeo. No parecía molestarles ni asustarles que estuviesen allí, e incluso algunos se acercaban a olerlos e inspeccionarlos.

En cambio, los bonobos, a pesar de estar muy emparentados con los chimpancés y compartir material genético con ellos, se mostraron mucho más esquivos. También dirigían su atención a las cámaras, pero con mucho más recelo, manteniendo las distancias y huyendo en algunos casos. Algo así fue la reacción de los gorilas, quienes tampoco se acercaron mucho, mientras miraban la cámara con cierto temor.

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Dentro de la especie había variaciones con respecto a diferentes individuos, ya que los que viven en zonas frecuentadas por humanos tienden a asustarse menos, por estar acostumbrados a la presencia de este tipo de objetos. En cuanto a la edad, los más jóvenes pasan más tiempo mirando las cámaras, del mismo modo que los niños humanos, que utilizan la curiosidad para conocer mejor el mundo que les rodea.

Estos resultados, según han indicado los autores en un comunicado de prensa, sugieren que antes de la realización de un estudio de comportamiento sería necesario pasar por un periodo de familiarización, en el que se propicie que los animales puedan acostumbrarse poco a poco a la presencia de las cámaras, antes de comenzar a tomar datos definitivos.