Para quienes no han visto nunca una ballena, encontrar una varada en la costa siempre es motivo de sorpresa, por el impacto que supone ver así de cerca un animal de dimensiones tan grandes. Pero, sin duda, resulta mucho más sorprendente si no se halla en la costa, sino en mitad de la selva. Parece una estrofa de aquella canción infantil sobre contar mentiras, que decía que por el mar corren las liebres y por el monte las sardinas, pero lo chocante en este caso es que es verdad.

Ha ocurrido en la isla de Marajó, en Brasil, cerca de la desembocadura del río Amazonas. Allí, el viernes pasado una gran bandada de buitres llamó la atención de un grupo de personas, que decidieron seguirlos, en busca de su reclamo. Estas aves se encuentran entre las conocidas como carroñeras, que acostumbran a alimentarse de carne de animales muertos. Y sin duda en este caso tenían preparado un gran festín, pues bajo el lugar en el que se encontraban volando en círculos apareció el cadáver de una ballena jorobada de ocho metros de longitud. El hallazgo es todo un misterio, no solo por el hecho de haber encontrado a uno de estos cetáceos en mitad de la selva, sino porque en esta época del año todas las de su especie se encuentran ya nadando en las frías aguas del Antártico, a miles de kilómetros de distancia.

Una cría perdida

La noticia llamó la atención de muchos científicos, como los pertenecientes a la asociación Bicho D’água, que envió a diez biólogos a investigar el caso. En su página de Facebook han publicado una entrada con fotos del escenario que se encontraron, así como una explicación en la que advierten que no era más que una cría, de alrededor de un año de edad, y que en realidad no era tan grande como parece en las imágenes.

Este hecho es precisamente el que podría dar solución al misterio. Durante el invierno del hemisferio sur es habitual ver a estas ballenas nadando frente a las costas de Brasil, en el océano Atlántico. Sin embargo, a medida que se acerca el verano comienzan en migrar en grupo hacia la Antártida, en busca de aguas más frías. Esta ballena posiblemente se encontraba nadando junto a su madre, pero algo la despistó y la hizo separarse de ella, por lo que no pudo volver con el grupo y terminó totalmente desubicada, sola y en un lugar que no le correspondía.

En mitad de la confusión algo llevó al pobre animal a la muerte, dejándolo varado cerca de la desembocadura del Amazonas. Después, el viento y las olas debieron arrastrarlo hasta la selva, al punto en el que se encontró, a 15 metros de la costa.

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Solucionada esta parte de la historia solo queda saber la causa de su muerte. A falta de los resultados del análisis del animal, los científicos que acudieron hasta allí se debaten entre varias posibilidades. Algunos apuntan a que pudo enredarse entre la vegetación submarina de los manglares, quedando atrapada sin poder desplazarse ni alimentarse. Otros piensan que también pudo ingerir plástico, muriendo intoxicada o asfixiada. Esto no sería algo descabellado, si se tienen en cuenta todas las noticias sobre este tema que han surgido en los últimos años.

Por otro lado, la causa principal de muerte no natural de estos cetáceos suele ser el enredo con redes de pesca o el impacto de un barco. El animal no mostraba signos aparentes de lesiones, aunque es algo que también se debe tener en cuenta como posibilidad. La autopsia dará la respuesta.