No todo iban a ser taxis durante estos días; la vida del mundo tecnológico sigue su camino con mejor o peor suerte. Una de las compañías que ha iniciado un 2018 envidiable es Dropbox.

Hace unos días, la tecnológica de almacenamiento de datos en la nube iniciaba su andadura en Wall Street. Si su idea era cotizar con 21 dólares, la realidad es que los mercados acogieron con gran optimismo a la compañía creada por Arash Ferdowsi y Drew Houston. Su cotización subió un 40%, dejando las acciones de Dropbox en los 30 dólares. Unas días más tarde, parece que la tranquilidad ha llegado a las cuentas de la entidad y no se perciben cambios sensibles. La simpleza de la tecnológica, originaria de la época dorada de Silicon Valley gustaba en el mundo de las finanzas; aun habiendo perdido importancia con el paso de los años, después de que los gigantes de la tecnología, como Amazon, Microsoft, Google y Apple, comenzasen a ofrecer lo mismo por menos precio, su relevancia siempre ha sido grande.

10 rondas de financiación, desde su creación en 2007, que se han traducido en más de mil millones de dólares en inversiones, y una salida a bolsa le han valido a la compañía su compra número 25.

Lo han anunciado sus fundadores: Dropbox se hacía con HelloSing por 230 millones de dólares. Una startup de firmas electrónicas que, con 80.000 usuarios, se suma a la familia de los documentos en la nube para uso y disfrute de sus más de 500 millones de usuarios. El objetivo de esta adquisición, además, es conseguir un mejor posicionamiento respecto a los rivales del sector. De esta manera, se une un sistema de firma digital para documentos propios, o para solicitar firmas de terceros.

Según han explicado desde la tecnológica, la firma recién adquirida seguirá operando de forma independiente. Igualmente, la idea es que HelloSing se integre cada vez más a los procesos de DropBox para convertirse en uno de los principales proveedores de firmas electrónicas del mercado. Este es precisamente uno de sus mayores retos en la actualidad: la diferenciación. Sus 24 adquisiciones previas, entre las que se pueden encontrar servicios de comunicación, publicidad, streaming o sistemas para compartir diseños, han ido precisamente por esa vía. La investigación y el desarrollo son, precisamente y junto con las adquisiciones, las partidas más grandes dentro de las cuentas de la tecnológica de una de las primeras épocas de Silicon Valley.