En las últimas 24 horas se ha creado un gran revuelo en las redes a causa de la reciente noticia de un estudio de la Universidad de Granada, en el que se concluye que algunos tickets de compra contienen una sustancia cancerígena en su composición.

Han sido muchos los medios de comunicación los que han advertido que el contacto con ellos podría causar cáncer, pero también infertilidad y otros problemas de salud muy variados. El resultado, como suele pasar en estos casos, ha sido de pánico general, ya que es más que habitual tener grandes cantidades de estos papeles en bolsos, carteras o bolsillos de abrigos. Ahora bien, ¿tiene sentido tanta alarma?

Lo cierto es que no, como ya se han encargado de explicar varios divulgadores científicos en sus respectivas redes sociales. Sí, es cierto que los tickets contienen esta sustancia, llamada bisfenol A. También es verdad que es un disruptor endocrino, que puede causar algunos tipos de cáncer y otros problemas de salud. Pero no, no hay nada que temer, pues la concentración en la que se encuentra en los recibos de compra es demasiado baja como para que cunda el pánico.

¿Qué es el bisfenol A?

El bisfenol A (BPA) es un compuesto presente en la composición de algunos tipos de plástico. Se sabe que actúa como disruptor endocrino, impidiendo que algunas hormonas se unan a sus receptores y lleven a cabo correctamente su función. Por eso, podría causar diversos problemas de salud, desde cáncer hasta infertilidad o alteraciones del sistema inmunológico. Sin embargo, como suele pasar con tantas otras sustancias, la toxicidad no se da a concentraciones bajas, por lo que los productos que lo contienen, son sometidos regularmente a exhaustivas revisiones por parte de las autoridades competentes, con el fin de garantizar que su consumo sea seguro. Si no lo es, el producto en cuestión se retira del mercado.

De hecho, eso fue lo que ocurrió en 2011, cuando algunos biberones con BPA en su composición dejaron de comercializarse por suponer un posible peligro para los niños que se alimentaban con ellos. Este ha sido un argumento que ha fomentado el actual revuelo reiniciado con el tema de los tickets. Sin embargo, como bien han asegurado la farmacéutica Marián García en una entrada de su blog Boticaria García y el tecnólogo de los alimentos Miguel Ángel Lurueña en un hilo en su cuenta de Twitter, el de los bebés es un caso muy específico, para el que se tienen en cuenta consideraciones innecesarias en otras situaciones. Por un lado, prácticamente todos los alimentos que ingieren a lo largo del día se toman a través del biberón, de ahí que la exposición al BPA sea muy elevada. Por otro, tienen un peso muy reducido, por lo que la proporción dosis/peso corporal sería mayor que en una persona adulta o un niño de más edad.

Entonces, ¿qué pasa con los tickets?

En primer lugar se debe tener en cuenta que nadie se come los tickets. Si lo hace, tiene un trastorno conocido como pica y debe buscar ayuda médica, más que nada porque comer papel no es bueno para la salud. Una vez establecido esto, la única posibilidad de que el bisfenol A pudiera pasar al organismo sería a través de la piel.

Si bien este último estudio establece concretamente que el 90% de los tickets de compra contienen bisfenol A, en realidad su presencia es algo que ya se sabía y, por lo tanto, ha sido contemplado por otros investigadores. De hecho, se han llevado a cabo varios estudios en los que se analiza la cantidad de BPA que se transfiere a través de la piel de una persona, en función de factores como el tiempo de contacto con el ticket o la humedad de las manos. Aunque esta cantidad varía al modificarse cada uno de esos parámetros, en general se concluye que la dosis transferida es prácticamente insignificante. Además, los recibos de papel térmico se tienen también en cuenta en las revisiones periódicas llevadas por la European Food Safety Authority (EFSA), encargada de revisar la seguridad de cualquier productor relacionado con la alimentación que se ponga en el mercado europeo.

Por lo tanto, puede ser el momento de sacar todos esos tickets que acumulamos en la cartera, sí, aunque más bien por aquello de dejar espacio útil libre. Pero, cuidado, no vaya a ser que entre tanto ticket terminéis tirando un billete a la basura. No está la vida para tirar el dinero.