Con el año nuevo, uno de los propósitos saludables más elegidos, aparte del ejercicio físico y la buena alimentación, es el de tomar más en serio el cuidado de la piel, especialmente la facial. Se suele decir que la limpieza, la exfoliación y la hidratación son las tres máximas que nos ayudarán a tener una piel sana, joven y limpia. Todo eso es relativamente correcto, aunque todo depende de lo que entendamos como limpieza. Si lo concebimos como el hecho de tener la cara libre de cualquier impureza o incluso ser vivo, difícilmente lo conseguiremos.

Es cierto que en nuestro organismo viven un montón de bacterias, la mayoría de ellas inofensivas, que incluso pueden ser beneficiosas en algunos casos. Pero en esta ocasión no se trata solo de ellas, sino también de unos pequeñísimos arácnidos que viven alegremente en nuestra cara, alimentándose de la grasa y las células muertas que se desprenden de ella. Sí, arácnidos, como las arañas. Y no, no vale de nada que corráis el espejo, porque son demasiado pequeños para verlos a simple vista. Pero están ahí.

Los ácaros de las pestañas… y el resto de la cara

Estos colonizadores faciales son dos especies del género Demodex: Demodex folliculorum y Demodex brevis. Aunque se les conoce comúnmente como ácaros de las pestañas, lo cierto es que no solo habitan en ellas, sino también en las cejas, el mentón, la nariz y en general cualquier parte de la cara. Incluso en otras partes del cuerpo. Concretamente, D. folliculorum suele vivir en los folículos pilosos, mientras que D. brevis habita en torno a las glándulas sebáceas, ya que su manjar más preciado es la grasa que se desprende de ellas.

Los primeros suelen medir entre 0’3 y 0’4 mm, mientras que los segundos son un poco más cortos todavía. Su cuerpo es semitransparente y alargado, formado por dos segmentos fusionados. En cuanto a sus patas, cuentan con un total de ocho extremidades, igual que las arañas; aunque, en su caso, se encuentran solo en el primer segmento del cuerpo. A pesar de que suelen permanecer anclados en torno a los folículos pilosos, también pueden caminar por la piel, a una velocidad de entre 8 y 16 mm por hora, especialmente por la noche.

¿Pueden hacernos daño?

Se encuentra en todos los humanos adultos, aunque no hay por qué temerlos, ya que no suelen causar ningún síntoma. Eso sí, tampoco generan beneficios, por lo que no se puede decir que mantengamos una relación de simbiosis, o beneficio mutuo, de ahí que se les califique habitualmente como comensales. Ellos no nos ayudan, no, pero se ponen las botas en nuestra cara.

Sí que es cierto que en algunos casos pueden comenzar a generar síntomas, dando lugar a algunas enfermedades, cuando la infestación es muy abundante o el sistema inmunológico se encuentra debilitado. En este caso, se genera una afección conocida como demodicosis, caracterizada por picazón, inflamación y otros trastornos de la piel.

Además, también hay investigaciones que apuntan a estos arácnidos como una causa potencial del rechazo de las lentillas por parte de algunos usuarios. El motivo es la posibilidad de infecciones y otros trastornos oculares provocados por los ácaros presentes en las pestañas. Al colocar la lente, se puede producir la transferencia al interior del ojo, tanto del ácaro como de material biológico procedente de la muda, los huevos o los fragmentos de su descomposición. Esto generaría irritación mecánica o malestar en el ojo, o incluso en algunos casos la posibilidad de reacciones alérgicas. Para evitar estos problemas, se aconseja que las personas que hayan percibido estos síntomas mantengan una higiene adecuada de las lentes y que, si persiste, se pasen a las opciones desechables o películas lacrimales, que previenen la infección de los márgenes del párpado.

Una forma peliaguda de conocer nuestro pasado

Sin duda, uno de los datos más curiosos sobre estas dos especies del género Demodex es su uso para rastrear el pasado de un individuo. Estos pequeñísimos organismos no vuelan ni saltan, por lo que solo se pueden contagiar por contacto piel con piel, de un modo similar al de los piojos con el pelo. Pero en realidad no lo hacen tan fácilmente como ellos, sino que solo se comparten entre individuos con un roce frecuente. Por eso, han comenzado a usarse para rastrear el pasado de una persona, ya que aquellas que pasan mucho tiempo acercando sus caras lo suficiente para facilitar el contagio, tendrán ácaros “emparentados”, de modo que su ADN será el mismo. Se cree que acciones como amamantar a un bebé, que supone un largo tiempo de contacto, podrían ser una de las acciones que más “contagio” conllevan, de ahí que sea habitual que se transmitan entre madres e hijos. Pero también los padres, las parejas o, en general, cualquier persona con la que se tenga un roce frecuente pueden compartir su población de Demodex.

Por todo esto, en 2015 se publicó en PNAS un estudio en el que se analizaba cómo se puede rastrear el pasado de una población humana analizando el material genético de los ácaros. Para ello, científicos de varias universidades, entre ellas la Universidad de Vigo, extrajeron muestras de la cara de 70 personas de todo el mundo. La primera conclusión a la que llegaron fue una que ya se sospechaba, en base a estudios anteriores. Todos tenían estos arácnidos, en una cantidad más o menos elevada, pero solo los mayores de edad. De hecho, comprobaron que las personas más jóvenes tenían menos probabilidad de contenerlos, por lo que la cantidad parecía aumentar con el tiempo, posiblemente por el incremento de relaciones que hayan podido llevar a su transmisión.

Finalmente, al analizar el ADN de los ácaros, confirmaron sus sospechas, ya que personas emparentadas compartían Demodex emparentados. Pero lo más sorprendente fue descubrir que esta relación se mantenía durante mucho tiempo; ya que, por ejemplo, algunos afroamericanos, cuyas familias llevan generaciones y generaciones viviendo en Estados Unidos, aún compartían los arácnidos de sus caras con individuos africanos. Este hallazgo sirvió para seguir retrocediendo en el tiempo, reconstruyendo la evolución del ser humano, hasta llegar a un punto en el que nosotros ya no existíamos, pero ellos sí que se encontraban sobre la faz de la Tierra. Dicen que el perro es el mejor amigo del hombre; pero, puestos a ser estrictos, la única especie que nos ha acompañado desde nuestros inicios, viviendo extremadamente cerca de nosotros, han sido los ácaros del género Demodex. Esto no va a hacer que nos parezca bien tener minúsculos primos de las arañas viviendo en nuestras caras, pero es una realidad que valía la pena comentar.