La Voyager 2 ya ha pasado a la historia como la segunda sonda en ir más allá del límite de protección de la heliosfera. Esta sonda partió hacia el espacio interestelar 16 antes días que su gemela, sin embargo, la Voyager 1 se encuentra fuera de los límites de la heliosfera desde 2012. Este satélite se convirtió en el primero en cruzar esta frontera y adentrarse en el espacio interestelar.

Ahora, su hermana también ha cruzado el límite de la heliosfera, «la burbuja protectora de las partículas y los campos magnéticos creados por el Sol», según explica la NASA a través de un comunicado de prensa, y se encuentra desde el pasado 5 de noviembre a 18 mil millones de kilómetros de la Tierra, en el lugar que los científicos llaman heliopausa.

En la zona de la heliopausa se encuentran «el viento solar caliente y tenue» y «el medio interestelar frío y denso», señalan desde la agencia espacial norteamericana. La principal diferencia de estas gemelas, y por lo que es tan importante que Voyager 2 haya cruzado la frontera, es que esta sonda porta en su interior un «instrumento de trabajo que proporcionará observaciones únicas de la naturaleza de esta puerta de entrada al espacio interestelar«, comentan en el comunicado.

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Todavía podemos recibir información de Voyager 2 a pesar de su lejanía. Sin embargo, «la información, que se mueve a la velocidad de la luz, tarda aproximadamente 16,5 horas para viajar desde la nave a la Tierra«, comentan desde la NASA. Para hacerse una idea de la distancia que nos separa de dicha sonda, hay que tener en cuenta que la luz, desde el Sol, tarda apenas ocho minutos en llegar a nuestro planeta.

NASA/JPL-Caltech

El plasma, clave para situar a la nave

Aunque lleva más de un mes fuera de la frontera, no se ha hecho público hasta que las evidencias de su salida han sido certeras: «La evidencia más convincente de la salida de la Voyager 2 de la heliosfera provino de su Experimento de ciencia de plasma (PLS) a bordo», comentan. Este experimento no se pudo hacer con su gemela, ya que el instrumento dejó de funcionar en 1980.

¿Y qué han visto los expertos para convencerse? La clave está en el plasma: «Hasta hace poco, el espacio que rodeaba a la Voyager 2 estaba lleno predominantemente de plasma que salía de nuestro Sol. Esta salida, llamada viento solar, crea una burbuja, la heliosfera, que envuelve a los planetas de nuestro sistema solar. El PLS utiliza la corriente eléctrica del plasma para detectar la velocidad, densidad, temperatura, presión y flujo del viento solar. El PLS a bordo del Voyager 2 observó un fuerte descenso en la velocidad de las partículas del viento solar el 5 de noviembre. Desde esa fecha, el instrumento de plasma no ha observado ningún flujo de viento solar en el ambiente alrededor del Voyager 2, lo que hace que los científicos de la misión confíen en que la sonda haya dejado la heliosfera», explican desde la NASA en el comunicado.

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Sin embargo, para los científicos con una sola evidencia no basta. Hay otros tres intrumentos en la sonda que muestran variaciones y que ayudan a sostener esta teoría. Estas herramientas son el subsistema de rayos cósmicos, el instrumento de partículas cargadas de baja energía y el magnetómetro. Los datos proporcionados son «consistentes» con la «conclusión de que la Voyager 2 ha cruzado la heliopausa», indican desde la NASA. «Los miembros del equipo de Voyager están ansiosos por continuar estudiando los datos de estos otros instrumentos a bordo para obtener una imagen más clara del entorno a través del cual viaja ahora», indican. «Todavía hay mucho que aprender sobre la región del espacio interestelar inmediatamente más allá de la heliopausa», dijo Ed Stone, científico del proyecto Voyager con base en Caltech en Pasadena, California.

«Creo que todos estamos contentos y aliviados de que las sondas Voyager hayan operado el tiempo suficiente para superar este hito», dijo Suzanne Dodd, gerente del proyecto Voyager en el Jet Propuls de la NASA.

Las Voyagers

Uno de los objetivos de estas misiones de la nasa es dar «una visión detallada de cómo nuestra heliosfera interactúa con el constante viento interestelar que fluye desde más allá». Las observaciones de las Voyagers se complementan con los datos de otra misión, el Explorador de límites interestelares de la agencia norteamericana (IBEX, por sus siglas en inglés), que está detectando remotamente ese límite. «La NASA también está preparando una misión adicional, la próxima sonda de aceleración y mapeo interestelar (IMAP), que se lanzará en 2024, para capitalizar las observaciones de los Voyagers», explican en el comunicado desde la agencia.

«La Voyager tiene un lugar muy especial para nosotros en nuestra flota de heliofísicos», dijo Nicola Fox, directora de la División de Heliofísica en la sede de la NASA. “Nuestros estudios comienzan en el Sol y se extienden a todo lo que toca el viento solar. Tener a las Voyagers enviando información sobre el límite de la influencia del Sol nos da una visión sin precedentes de un territorio verdaderamente inexplorado «.

Aunque las sondas están fuera de la heliosfera, no están cerca de dejar atrás el sistema solar. El límite de este se considera que está más allá del borde exterior de la Nube de Oort, una colección de pequeños objetos que todavía están bajo la influencia de la gravedad del Sol, a pesar de encontrarse a unas 1.000 unidades astronómicas, es decir, unas mil veces la distancia entre nuestro astro y la Tierra. Voyager 2 ha tardado 41 años en cruzar la heliosfera y tardaría unos 300 años en alcanzar el borde interior de la Nube de Oort, si el satélite fuera capaz de aguantar tanto tiempo.

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