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Roberto Cordero tiene 47 años y desde hace seis meses es ciego debido a un glaucoma, una enfermedad que poco a poco te deja ciego. Aunque sus problemas de vista empezaron cuando apenas tenía 13 años debido a unas cataratas congénitas y desde entonces ha recibido ayuda por parte de la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE).

Desde que perdió la vista, Roberto vive en primera persona cada día lo que suponen los obstáculos en la vía pública, ya sea un coche, un cubo de basura, unas obras mal señalizadas, una moto o, más recientemente, los patinetes. También tiene que lidiar con un transporte público que todavía no está del todo acondicionado para las personas invidentes. Para este vigués que ahora reside en Madrid hace falta más concienciación para que las personas con vista sean más prudentes en las vías públicas, no solo teniendo en cuenta a personas como él sino también con otras discapacidades.

Obstáculos diarios

Para él salir a la calle «es una aventura» por la cantidad de obstáculos que puede llegar a encontrarse. «Debajo de mi casa hay una oficina de Correos y muchas personas aparcan en el paso de cebra diciendo que solo serán cinco minutos«, comenta Roberto. Este es uno de los obstáculos que, con suerte, sortea cada día. «Si hay un coche en el otro lado yo no lo sé hasta que me choco con él», añade. Antes, al menos, se defendía ya que podía ver formas de colores: «Si veía una mancha roja me imaginaba que era un coche y lo podía esquivar». Sin embargo, ahora ya no tiene esa posibilidad. Así, lo que para unos es un vuelvo solo en cinco minutos, espérese, para aquellos que les falta el sentido de la vista es un gran obstáculo que les puede llevar tiempo sortear, con sus consiguientes problemas de seguridad vial. Entre risas confiesa que incluso una persona le llegó a llamar «intolerante» por intentar explicarle que dejar el coche ahí en medio no solo le dificultaba el paso a él sino a otras personas discapacitadas que tengan que usarlo.

Roberto se encuentra cada día muchos obstáculos en las vías públicas. Sobre todo en la zona en la que vive, que tiene aceras estrechas por la que suele pasear. En una de estas calles, unos vecinos tienen un vado para el coche. Esto no sería per se un problema si no aparcasen su otro coche justo en el vado. «He hablado con ellos alguna vez, pero no entienden que yo por ahí no puedo pasar», explica Roberto. Esto implica que él para pasar tiene que bajarse de la acera e invadir la carretera, por lo que supone un riesgo para él.

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No son los únicos obstáculos que encuentra a su paso: cubos de basura, obras mal señalizadas, motos y patinetes aparcados en medio de la acera, los motores eléctricos que apenas hacen ruido o, incluso, semáforos que se solapan y no se pueden distinguir.

Roberto va a la sede territorial de la ONCE con cierta frecuencia y para ello coge un tren y un autobús. Vive a las afueras, así que para ir al Cercanías, primero debe montarse en un bus. En la misma marquesina paran dos: uno de la EMT, el que él coge, y otro, de otra empresa. Él ya se ha hecho al sonido de los buses de la marquesina que frecuenta, dice que son diferentes. Sin embargo, «muchas veces tengo que pedir ayuda a otras personas que esperan conmigo», señala. Aunque en las paradas de autobús de la capital hay un botón que activa la lectura en alto de cuánto queda para que llegue el próximo vehículo, la realidad es que si en un mismo lugar hacen parada dos o más buses, los invidentes no pueden saber de cuál se trata sin la ayuda de otras personas. «Dentro tiene un altavoz que anuncia las paradas, pero no se suele usar el altavoz de fuera del bus que ha parado», señala Roberto. Por tanto, aunque gracias a que se anuncian en alto las paradas dentro del transporte saben dónde pueden bajar, las personas invidentes todavía no saben si el autobús que ha parado es el suyo porque no se anuncia, lo que supone una dificultad añadida.

El cercanías tampoco se libra, pero tiene otro tipo de problemas. Hay estaciones que no tienen encaminamientos, lo mismo sucede «en algunas estaciones de metro también faltan», afirma María Jesús Bellón, la asesora Técnica en Rehabilitación de la ONCE que trabaja con Roberto. Pero ¿qué son los encaminamientos? Son esas zonas rugosas, ya sean rayadas o punteadas, que les dan indicaciones a los ciegos hacia dónde deben ir. Estos encaminamientos se pueden ver en las estaciones de metro de Madrid, por ejemplo, justo en el borde de la vía, para señalar el peligro, pero también se usan para que los invidentes sepan dónde están las salidas. Además, estas rugosidades se pueden encontrar en los semáforos o en plena acera de Gran Vía. Sin embargo, dentro de la estación de cercanías de Recoletos, una estación muy cercana a la Delegación Territorial de la ONCE en la que Hipertextual se ha encontrado con Roberto y a la que acuden muchas personas ciegas, no hay ningún encaminamiento. Eso sí, fuera de la estación sí se pueden pisar de camino hasta la organización.

Dentro de las estaciones de tren y metro, los tornos también suponen un problema. Los encaminamientos dejan a las puertas de los tornos grandes, que son los que están preparados para las personas discapacitadas. En este caso, «suelen ser de salida» y no ambivalentes. Además, la señal que indica si son de entrada o salida, es luminosa y no sonora, así que las personas invidentes no saben bien qué tornos pueden utilizar en cada momento.

Otro problema que se da en las grandes ciudades es el solapamiento de los semáforos. En una misma esquina puede haber dos y mientras uno se pone en verde, el otro continúa en rojo. Esto puede ser un problema grave ya que hay muchos semáforos tienen el mismo sonido y puede confundir a las personas invidentes y que estas crucen cuando están en rojo. «El otro día estuve en un entrenamiento en Princesa y ahí sí tenían dos sonidos diferentes», afirma Roberto. No sucede lo mismo en los alrededores de la ONCE: «En la esquina de Recoletos con Prim se solapan muchas veces los semáforos y tú no sabes bien cuál de los que hay es el que se ha puesto en verde». «Son cuestiones que con la tecnología que tenemos son fáciles de resolver, haces que suenen distinta y así las personas invidentes saben cuál está en verde en cada momento», afirma Bellón.

Las bicicletas, los patinetes y los coches eléctricos apenas hacen ruido, por lo que si un invidente se cruza con ellos, es posible que no se entere de que va directo a su encuentro. Mientras «los coches eléctricos tienen que mantener un cierto nivel de ruido», comenta Bellón, no sucede lo mismo con bicicletas y patinetes, que apenas hacen ruido. Además, «algunas personas utilizan los patinetes o las bicicletas por la acera a una velocidad excesiva y las dejan en cualquier parte», añade la asesora.

También son zonas de conflicto las plataformas únicas, es decir, aquellas zonas de la ciudad en las que no hay una diferencia clara entre acera y carril para vehículos, como mucho una «zona rugosa» en el suelo para marcar. Pero incluso para los perros guía es «difícil», apunta Bellón. Además, «a veces los coches no se dan cuenta de que es de prioridad peatonal«, señala la asesora a Hipertextual y esto también dificulta que personas como Roberto paseen tranquilas sin que un vehículo pase con prisa.

Por otra parte, Roberto apunta que para ayudarles en la calle «siempre es mejor preguntar» si necesitan ayuda antes de cruzarles o encaminar sus pasos en otra dirección. «Hay veces que te mueven, te han desorientado y luego te pierdes», explica. No obstante, muestra su gratitud en varias ocasiones hacia las personas que «se desviven» por ayudar a los invidentes cuando están en la calle: «Yo lo he vivido y lo agradezco mucho«, comenta con una sonrisa.

Las personas sin discapacidad visual no nos damos cuenta de que un simple gesto nuestro puede cambiar su día a día: no dejar el coche mal aparcado en un paso de cebra, no poner los cubos de basura, los patinetes o bicicletas en cualquier parte e, incluso, usar la carretera o el carril bici si cogemos estos vehículos. Por esto, Roberto cree que son necesarias más «campañas de concienciación». Además, «una persona no se da cuenta de todas estas dificultades hasta que tienen un bebé porque van con el carrito» y es cuando lo viven en sus propias carnes. «Pero se olvidan en cuanto su hijo crece», añade. Con más concienciación las personas sin discapacidad sabrían cuáles son las diversas dificultades que se les presentan en su día a día en las vías públicas de cualquier ciudad. De este modo, se podría llegar a evitar que nos pusiéramos obstáculos unos a otros y compartir las calles de de forma segura.

Cuando la luz se apaga

Ayuda de las nuevas tecnologías

El iPhone es uno de los instrumentos que más ayuda a las personas como Roberto, según cuenta él mismo a Hipertextual. A pesar de que las personas invidentes tienen muchas dificultades, las nuevas tecnologías les están ayudando a tener una mayor independencia. Desde la Línea Braille hasta la descripción de audio para series y películas, pasando por Siri o VoiceOver.

«Todas las mañanas leo el periódico», comenta cuando es preguntado por su día a día. Antes Roberto lo hacía con la ayudas ópticas debido al glaucoma, pero desde que perdió la vista VoiceOver lo hace por él: «Este programa te lee la página que quieras, aunque ahora intento usar cada vez más la Línea Braille«, añade. Esto es porque tenía un poco «olvidado» el braille, pero ahora se está haciendo con él otra vez. La Línea Braille es un dispositivo electrónico que tiene una o dos líneas sobre las cuales van subiendo o bajando los puntos y forma las letras en braille que las personas ciegas han aprendido a leer con las yemas de sus dedos. Así, si Roberto apaga VoiceOver puede «leer en braille».

Por otra parte, iPhone tiene una gran accesibilidad para las personas ciegas, «es mejor que Android», afirma. «Me costó convencer a mi hijo, que prefiere Android, de que para mí era mejor iOS«, añade. Así que desde hace tiempo comparte sus andanzas callejeras con su smartphone. «Si me desoriento solo tengo que preguntarle a Siri dónde estoy y que me lleve a casa», explica el vigués.

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Otras aplicaciones que le ayudan a manejarse en su día a día son Moovit, MyTaxi o Uber. La primera es una app de movilidad que te dice «cómo ir» a un sitio. Pero no solo eso sino que «te va indicando dónde bajar y qué transbordos hacer», indica Roberto. «MyTaxi o Uber te permiten coger un vehículo cuando te hace falta y en el sitio que quieras con la tranquilidad de saber lo que vas a pagar, ya que te envían los recibos al móvil, y es un trato totalmente diferente a coger un coche a ciegas«, indica.

En cuanto al cine, Roberto tiene una aplicación en la que puede descargar la descripción de audio de la película que va a ver. «Sincronizo la película con la descripción de audio y me pongo un auricular, así no molesto a los demás», explica y añade que, además de ser una persona a la que le encanta leer, también le apasiona el cine.

En las últimas décadas, la tecnología ha hecho grandes avances, pero también se ha avanzado en el ámbito de las personas invidentes, que gracias a los teléfono inteligentes y sus apps han visto mejorada su calidad de vida. «A los ciegos la tecnología nos está ayudando mucho», concluye Roberto.

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