¿Eres sapiosexual?

Si lo que más te pone de una persona es su mente, entonces sí, eres sapiosexual.

Por – Dic 24, 2018 - 10:00 (CET)

¿Te fascinan las conversaciones existencialistas? ¿Disfrutas hablando de política en una primera cita? ¿Te brillan los ojos cuando alguien menciona la magdalena de Proust? Si alguna vez has admirado tanto la inteligencia de alguien como para querer meterte en la cama con esa persona sin importar su aspecto físico, es muy probable que seas sapiosexual. Pero, ¿qué es eso de la sapiosexualidad?

Los sapiosexuales son aquellas personas cuya fuente de atracción primordial es la estimulación intelectual. Se sienten atraídas sexualmente por quienes asocian con una elevada inteligencia y sitúan la mente por encima de cualquier atributo físico. Suelen ser personas exigentes, llenas de curiosidad, que buscan retos intelectuales y se aburren fácilmente con lo rutinario.

“Hay que follarse a las mentes”

En España, el concepto de la sapiosexualidad comenzó a popularizarse tras el estreno de la película Martín (Hache) en 1997, en la que se hacía alusión a la posibilidad de que existiese un erotismo más allá de lo físico. En una de las escenas más representativas del filme, el protagonista dialoga con Dante, un personaje con una visión de la sexualidad fuera de lo habitual, que será quien pronuncie la ya de sobra conocida frase: “Hay que follarse a las mentes”.

Más allá de las excentricidades de Dante, el término sapiosexual llegó, como tantos otros, con ánimo de significar un nuevo erotismo, en una sociedad abierta a una sexualidad cada vez más flexible y diversa. Irene Bedmar, psicóloga y sexóloga clínica y creadora del blog El diván de Irene, afirma que el término no tiene un origen científico, sino sociocultural.

“El fenómeno probablemente haya existido desde siempre aunque, al parecer, fue el ingeniero de Seattle Darren Stalder quien, en 1998, por primera vez elaboró una definición propia a través de su cuenta de LiveJournal, donde afirmaba que había decidido considerarse sapiosexual”.

Bedmar relata que el ingeniero llegó a esta conclusión cuando le preguntaron acerca de su orientación sexual, a lo que este respondió que prefería “una mente incisiva, curiosa, perspicaz e irreverente, alguien para quien la discusión filosófica fuese parte del juego sexual”.

Características de los sapiosexuales

En un primer momento podría parecer que los sapiosexuales son personas que huyen de la superficialidad, mentes curiosas, ingeniosas y creativas que buscan relacionarse con personas afines. Sin embargo, la sexóloga Irene Bedmar recomienda no “encasillar y limitar una dimensión tan compleja y rica del ser humano como es su sexualidad”, ya que eso fomenta la aparición de “nuevas diferencias entre las personas de nuestra sociedad, ya de por sí bastante distanciadas por razones cada vez más numerosas y absurdas”.

Otra etiqueta social más, en este caso, para referirnos a un fenómeno psicológico que probablemente haya existido desde la aparición del ser humano en nuestro planeta”.

En numerosas ocasiones el concepto sapiosexual se asocia con personalidades inseguras o con baja autoestima, que buscan establecer relaciones con personas de elevado intelecto que les aporten seguridad. Aunque no existe base científica para realizar este tipo de afirmaciones, no pocos expertos advierten del peligro de estos enamoramientos, que asocian con la idealización y con una dependencia derivada de un bajo concepto del ‘yo’.

Bedmar recuerda que la autoestima es “más que un rasgo estable de personalidad, es una valoración cognitiva de nosotros mismos basada en un conjunto de percepciones subjetivas, pensamientos y emociones”, y asegura que “no existe ninguna razón objetiva para sostener esta correlación”.

Pero, ¿qué es lo que determina que unas personas se sientan más atraídas por la inteligencia que otras? En esta cuestión, el argumento del fenotipo adquiere una importante relevancia. Tal y como dice Irene Bedmar, “nuestra predisposición genética está modulada por factores externos tan relevantes como el aprendizaje por observación directa de nuestras figuras de referencia”. Un aprendizaje inconsciente que “es muy potente y ejerce una gran influencia a la hora de escoger pareja en la vida adulta, ya se trate de una pareja sexual esporádica, de una relación de tipo romántico o de una relación más estable”.

El concepto de sapiosexualidad puede interpretarse como una manera de ver más allá de los rasgos físicos o el comportamiento del otro a la hora de elegir pareja. Un análisis que podría tener ciertos puntos en común con la teoría queer. Las personas queer son aquellas que se definen como no binarias, es decir, que no se identifican con los roles de género tradicionales. Como afirman los propios miembros de este colectivo, los queer buscan “amar a las personas como son y no como deberían ser”.

La visión de la sexóloga Irene Bedmar es que ambas cuestiones son distintas. “Ser sapiosexual, sentir atracción sexual por la inteligencia, y ser queer, defender un enfoque no restrictivo de la sexualidad, realmente son dos cuestiones diferentes”. Aunque, “por supuesto compatibles y que entran dentro de la visión amplia y abierta de la sexualidad humana”. Lo que tienen en común ambos conceptos es que abogan por la diversidad y la tolerancia dentro de la sexualidad, una visión que resulta imprescindible en el contexto actual.

Bedmar nos invita a tener presente que “nacemos y morimos siendo seres sexuados y esto tiene muchas implicaciones que conviene asimilar y no confundir”. En una época dominada por los estereotipos debemos interpretar estas etiquetas como una manera de visibilizar la diversidad y apropiarnos de nuevos espacios que ayuden a fragmentar los roles tradicionales asociados a la sexualidad, con el fin de normalizar la diferencia y convertir el respeto en un pilares fundamental de la sociedad.