Los cetáceos, como las orcas o los delfines, son animales muy inteligentes, con rasgos psicológicos complejos, que en ocasiones incluso se pueden comparar con los de los seres humanos. Se ha comprobado, por ejemplo, que los delfines tienen la capacidad de comunicarse con un lenguaje a base de silbidos, que pueden traducirse en “mensajes” concretos. Incluso parecen ponerse nombres, ya que a la hora de dirigirse a un ejemplar específico reproducen siempre los mismos sonidos. Incluso hablan de otros cuando no están.

Ahora, un estudio publicado por la Asociación Estadounidense de Psicología, pero llevado a cabo mayormente por investigadores de la Universidad de Gerona, demuestra que las orcas tienen rasgos de “personalidad” concretos, que se pueden comparar tanto con los de los humanos como con los de los chimpancés. Aunque las causas no están del todo claras, parece ser que es la tendencia a vivir en grupos grandes la que ha llevado evolutivamente a estas especies a desarrollar esos rasgos psicológicos concretos.

Sociables, obstinadas y protectoras

Para la realización de este estudio, que acaba de publicarse en Journal of Comparative Psychology, los investigadores se centraron en el comportamiento de 24 orcas, pertenecientes a tres parques acuáticos: SeaWorld Orlando, SeaWorld San Diego y el Loro Park de Tenerife. De todas ellas, seis habían sido capturadas de la naturaleza, mientras que el resto habían nacido ya en cautividad.

Se entregó tanto a sus cuidadores como a otros miembros del personal de los centros unas encuestas en las que tenían que describir a los animales en base a 38 rasgos de personalidad, entre los que se encontraban la alegría, la independencia, la terquedad, la valentía o la sensibilidad, por ejemplo. A continuación los resultados se comparaban con los de otros estudios similares, llevados a cabo en humanos y chimpancés. Para ello, se utilizaba el modelo de los cinco factores, una técnica establecida en los años 30 en la que se analiza la personalidad de un individuo clasificando todos sus rasgos en cinco factores concretos: extroversión, amabilidad, conciencia, dominio y cuidado.

En general se encontraron grandes similitudes, tanto con los humanos como con los chimpancés, aunque el parecido fue especialmente pronunciado con los segundos. Los dos tenían en común con las orcas los rasgos asociados a la extroversión, como el hecho de ser juguetonas y sociables. Sin embargo, compartían únicamente con los chimpancés la puntuación en dominio, conciencia y amabilidad. Por ejemplo, ambos animales son igualmente constantes, obstinados, protectores, pacientes, pacíficos y no abusivos.

Ambas especies han evolucionado con la necesidad de vivir en grupos y mantener relaciones sociales complejas, por lo que han desarrollado características psicológicas similares. Aunque no se evaluó concretamente en el estudio, los investigadores centran su atención también en rasgos curiosos de las orcas, como los comportamientos asociados al duelo. Por ejemplo, este verano fue noticia la historia de una ballena que había cargado con su cría muerta durante diecisiete días, con todos los problemas que esto le ocasionó para su propia supervivencia. Se sabe que otros animales que también viven en grupo, como las jirafas o los elefantes, también pueden desarrollar este tipo de comportamientos.

Otro punto en el que hacen hincapié los investigadores es en que todos los animales que intervinieron en el estudio vivían en cautividad, por lo que no se sabe si sus resultados se podrán extrapolar a los que se encuentran libres en la naturaleza. Pero si hay algo claro es que su parecido con los seres humanos debería servir para que nos pongamos en su piel e imaginemos lo que sería para nosotros vivir cautivos toda una vida. La sensación para ellas podría ser muy parecida.