Cuando una persona adicta a las drogas se ve privada de las sustancias que le obsesionan puede recurrir a casi cualquier cosa en busca de algo que calme su ansiedad. Se han dado incluso casos de alcohólicos que bebían colonia ante la imposibilidad de encontrar un trago que echarse a la boca. Por eso, aunque en un inicio pueda resultar aterradoramente increíble, puede comprenderse que algunos drogadictos decidan inhalar sprays de uso común, como los desodorantes, cuando se encuentran en periodo de desintoxicación o sin dinero para comprarse su dosis habitual.

Este es el caso de un joven de diecinueve años, cuya historia ha sido descrita en un artículo publicado hoy mismo en The British Medical Journal, de la mano del doctor Kelvin Harvey Kramp, de la unidad de cuidados intensivos del Hospital de Maastad, en Países Bajos. Su caso es el más reciente, pero no el único; pues, por desgracia, esta es una costumbre tristemente antigua y cada vez más frecuente.

Cuando no hay nada que inhalar

Se calcula que la inhalación de aerosoles mata aproximadamente a 125 personas al año en Estados Unidos, especialmente adolescentes de las zonas más desfavorecidas del país. Sin embargo, se han descrito casos en otros muchos países del resto del mundo. Por ejemplo, en diciembre de 2017 se publicó la historia de un joven argentino de dieciséis años, que murió a causa de un paro cardiaco después de inhalar un ambientador en spray.

Se puede hacer de tres formas diferentes: inhalando el producto directamente (esnifado), inhalando a través de una prenda de vestir (resoplado) o utilizando una bolsa de plástico o un globo (embolsado). Vale cualquier producto en spray, desde desodorantes hasta ambientadores, pasando por botes de pintura o laca para el pelo.

Todos estos productos tienen en común la presencia en su composición de butano, un hidrocarburo formado por cuatro átomos de carbono y diez de hidrógeno. Estas sustancias son lipófilas; es decir, tienen afinidad por las grasas. Por eso, pueden superar fácilmente las barreras entre el aire y la sangre y entre la sangre y el cerebro. Además, se disuelven fácilmente en los tejidos más grasos del organismo, entre los que destacan los presentes en el sistema nervioso, el hígado, los riñones y, por supuesto, el tejido adiposo. El resultado suele ser una euforia e hiperactividad inicial, que termina culminando en un paro cardiaco y, en muchos casos, la muerte.

https://hipertextual.com/2016/05/mi-vida-despues-de-la-droga

Esto fue lo que le ocurrió al paciente cuyo caso se describe hoy en BMJ. El joven, de diecinueve años, se encontraba ingresado en un centro de rehabilitación, al que acudió con el fin de desintoxicarse de la adicción que padecía por la ketamina y el cannabis. Lógicamente, en esos sitios es imposible acceder a cualquier droga convencional, por lo que el chico terminó envolviéndose una toalla en la cabeza e inhalando un desodorante en spray.

Como en el resto de casos, la hiperactividad inicial fue seguida de un paro cardiaco, del que no mejoró después de recibir soporte vital y seis rondas de desfibrilación. Al ver el estado en el que se encontraba, los médicos que lo atendieron le indujeron un coma, que tampoco generó ninguna resultado, por lo que terminó muriendo poco después.

El primer caso de persona fallecida por inhalación de productos en spray tuvo lugar en 1975. Desde entonces, cada vez son más los jóvenes que se unen a esta peligrosa moda, en la mayoría de casos sin saber las consecuencias tan graves que les puede acarrear. Conocer estos casos es importante, especialmente para evitar que las personas en periodo de desintoxicación tengan acceso a este tipo de productos. Pero sobre todo es importante educar e informar a los adolescentes sobre el peligro que supone. Muchas muerte podrían prevenirse de este modo.

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