El proyecto Dragonfly, aquel bajo el que Google explora las posibilidades de volver a operar en territorio chino diez años después de batirse en retirada por los motivos que ahora quiere obviar, enfrenta a los empleados de la compañía a una división interna.

La situación que ahora se hace patente comenzó a gestarse el pasado mes de agosto tras conocerse gracias a unas filtraciones que la empresa de Mountain View tenía en su hoja de ruta volver a China con un buscador censurado –no hay otra manera de pasar el veto del Gobierno–, una decisión que, como reconocería posteriormente su CEO Sundar Pichai, está orientada a aprovecharse de un mercado muy extenso y con muchas posibilidades por explotar. No obstante, los trabajadores de la firma tecnológica no tardaron en mostrar su descontento.

A lo largo de los últimos meses hemos visto distintas manifestaciones por parte de empleados de Google y hasta dos cartas firmadas dirigidas de manera directa a la dirección de la compañía para que cesaran el desarrollo de un buscador que ayudaría al Gobierno chino a continuar con la "opresión de la ciudadanía", la última de ellas habiendo sido publicada esta misma semana. Resulta, sin embargo, que esa podría ser solo la mitad de la historia.

También a favor

TechCrunch revela este jueves, a través de una publicación filtrada al medio por parte de un empleado de Google, parte del texto de una carta firmada por 500 trabajadores de la compañía que se manifiestan favorables al regreso a China.

Dragonfly está alineada con la misión de Google. China tiene el mayor número de usuarios de Internet de todos los países del mundo y, sin embargo, la mayoría de los servicios de Google no están disponibles en China. Esta situación contradice fuertemente nuestra misión de "organizar la información del mundo y hacer que sea universalmente accesible y útil". Si bien hay algunos éxitos previos, Google debe mantener el esfuerzo de descubrir cómo llevar más de nuestros productos y servicios, incluido el motor de búsqueda, a los usuarios chinos.

Los requisitos reglamentarios establecidos por el gobierno chino (como la censura) hacen de Dragonfly un proyecto desafiante. Si no somos lo suficientemente cuidadosos, el proyecto puede terminar haciendo más daño que bien. En cualquier caso, solo con los esfuerzos continuos en Dragonfly podemos aprender cómo pueden funcionar los diferentes enfoques en China y descubrir si existe una forma que sea buena tanto para los usuarios chinos como para Google. Incluso si fallamos, los resultados pueden ser útiles para llevar otros servicios a China.

Como se puede observar en las anteriores líneas, los argumentos que se ofrecen para la vuelta al mencionado territorio asiático contraponen aquellos que han sido dados por quienes están en contra del desarrollo de Dragonfly, si bien se reconoce que este proyecto puede terminar no siendo beneficioso en absoluto. Sea como fuere, el documento no aborda ninguno de los puntos clave de Dragonfly ni menciona el interés financiero que puede buscar Google con ello.

Es complicado saber en terminará una de las situaciones más complejas a las que está teniendo que hacer frente la compañía este año, que llega tras el también polémico Proyecto Maven. Sea como fuere, Pichai comparecerá ante el Congreso de Estados Unidos para dar explicaciones sobre este y otros temas el próximo día 5 de diciembre.