El pasado mes de agosto pudimos conocer, gracias a una información revelada acerca de los planes de la compañía, que Google pensaba volver a contar con presencia oficial en China diez años después de que abandonara el país por las estrictas leyes de privacidad del mismo. Lo haría con nuevo buscador plagado de censura que era conocido entonces de manera interna como Proyecto Dragonfly y que, desde ese momento, no ha sido sino un dolor de cabeza constante para la tecnológica de Mountain View.

A esta revelación le han seguido unos meses de discusiones públicas en los que la comunicación por parte de la compañía que podría haber sido mejor –y sobre todo, más clara–, con múltiples manifestaciones por parte de los empleados pidiendo que Google renunciara a la participación en lo que consideran una auténtica tropelía. La última de ellas se publica hoy en forma de carta abierta, siendo la segunda emitida los propios trabajadores de la compañía.

En ella los empleados aluden a su preocupación por la colaboración de la empresa con un Gobierno –el chino– que no respeta muchos de los derechos de sus ciudadanos. En un panorama donde ha quedado patente el interés por monitorizar a la ciudadanía del país al máximo posible, las posibles implicaciones que pudiera tener la firma norteamericana no pasan desapercibidas.

Dragonfly en China sentaría un peligroso precedente en un momento político inestable, lo que dificultaría que Google negara concesiones similares a otros países.

La decisión de nuestra empresa se produce cuando el gobierno chino está ampliando abiertamente sus poderes de vigilancia y herramientas de control de la población. Muchos de estos se basan en tecnologías avanzadas y combinan actividad online, registros personales y monitoreo masivo para rastrear y perfilar a los ciudadanos. […] Proporcionar al gobierno chino un acceso rápido a los datos de los usuarios, como lo exige la ley china, haría que Google sea cómplice de la opresión y los abusos de los derechos humanos.

Censura, cens***, ce*****, *******,

Si bien Google no se ha posicionado abiertamente a favor del regreso a China, sí ha reconocido que tiene interés en volver a operar en un mercado de estas dimensiones. Reforzando estas declaraciones, el CEO de la compañía, Sundar Pichai, afirmaba el pasado mes de octubre que sus estudios habían concluido que la censura del Gobierno chino en su servicio únicamente afectaría al 1 % de las búsquedas de los ciudadanos.

Los empleados, no obstante, piensan diferente:

Dragonfly también permitiría la censura y la desinformación dirigida por el gobierno y desestabilizaría la verdad fundamental en la que se basan la deliberación popular y la disidencia. Dada la supresión de las voces disidentes del gobierno chino, dichos controles probablemente se usarían para silenciar a las personas marginadas y favorecer la información que promueva los intereses del gobierno.

Son ellos quienes ponen en relevancia en la mencionada cierta abierta el turbulento año por el que ha pasado la compañía de cara a la opinión pública, habiendo cesado futuras participaciones en el Proyecto Maven (una colaboración con el Pentágono donde se proveían servicios de monitorización por drone al Departamento de Defensa de Estados Unidos) y renunciando también a la participación en un lucrativo proyecto posterior, también con el mismo organismo.

Desde Google, en relación a la última comunicación de sus trabajadores, han confirmado a Hipertextual que no existen planes próximos para hacer llegar un buscador renovado a este territorio asiático:

Llevamos muchos años trabajando con los usuarios en China, tanto en el desarrollo de Android como a través de aplicaciones como Google Translate o Files Go o a través de nuestras herramientas para desarrolladores. Sin embargo, nuestro trabajo en el mundo de las búsquedas ha sido completamente exploratorio por el momento y no estamos cerca de lanzar ningún producto de búsqueda en China.

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