Proponer conjeturas acerca de si la historia de una película comercial continuará en otra futura sólo suele tener algún sentido si, por un lado, la primera ha sido exitosa al menos en el mercado estadounidense y, por otro, si se trata de una adaptación de una obra valorada que pueda servir como reclamo. No es que el filme Goosebumps (Rob Letterman, 2015) arrasara en la taquilla mundial, pero casi triplicó su presupuesto recaudando 150 millones de dólares, y no cabe duda de que llevar a la gran pantalla las famosas novelas juveniles de terror escritas por el yanqui R. L. Stine, que ya había trasladado él mismo a una conocida serie de televisión entre 1995 y 1998, fue una buena idea, sobre todo con el planteamiento que le incluye a él como personaje, lo que justifica de sobra esta propuesta cinematográfica.

Lo interesante de ello, que da para mucho, consiste en que el pequeño novelista (Jack Black) era una persona solitaria en su juventud y creó a sus propios amigos monstruosos en las historias que redactaba con su máquina peculiar de escribir y, por alguna razón, se volvieron reales en cierto momento, por lo que tuvo que encerrarlos en los libros para que no hiciesen de las suyas en la realidad sin amenazas fantásticas semejantes que conocemos. Su soledad difícilmente llevadera le empujó incluso a crear a una hija, Hannah Stine (Odeya Rush), para paliarla en cierto modo, pretendiendo que ni los demás ni ella misma fuese consciente de su naturaleza ficticia, lo que da pie a un inesperado giro de la trama y, en último término, a la revelación de que ella no es tonta y había llegado a conocer la verdad.

goosebumps 2 haunted halloween
Sony

Por lo anterior no es de extrañar que ahora se haya estrenado Goosebumps 2: Haunted Halloween (Ari Sandel, 2018), que de momento casi ha duplicado lo que le costó a Sony realizarla con sesenta y dos millones de dólares de recaudación. Los guionistas Rob Lieber (Peter Rabbit) y Darren Lemke (Shrek Forever After) nos presentan a dos chavales, Sam Carter (Caleel Harris) y Sonny Quinn (Jeremy Ray Taylor), se topan con una obra inacabada de Stine en una de sus residencias anteriores —hay que recordar que, por sus circunstancias especiales, su hija y él se trasladaban a menudo de un lugar a otro de Estados Unidos—, que da nombre al filme y, al abrirla insensatamente, liberan de nuevo al temible Slappy, quien suelta otra vez a los monstruos comercializados de Stine con el objetivo de formar una gran familia.

Pero quiere ir más lejos que en la aventura precedente, utilizando la torre real de Nikola Tesla de telecomunicaciones inalámbricas en la ficticia población de Wardenclyffe para expandir el influjo de su magia perversa, capaz de dar vida a objetos inanimados. Con estos ingredientes, parece fácil que los beneficios que se prevén garanticen otra secuela, pero además hay razones argumentales que apuntan claramente hacia ello: si la trama de la primera película quedó abierta porque el Chico Invisible había logrado librarse de ser engullido por la nueva novela que redactó Zack Cooper (Dylan Minnette) sustituyendo a Stine, en Haunted Halloween, Slappy ha tomado precauciones esta vez escribiendo una propia, que acaba con su creador atrapado en ella y el malvado muñeco de ventrílocuo en libertad.

Podría argüirse que esta continuación no se ocupa del final abierto del filme original con el Chico Invisible ni lo más mínimo, por lo que, si seguir con la historia del segundo no haría necesario resolver la situación última de Stine y Slappy, esta no sería un indicio de que la saga de Goosebumps proseguirá con otra secuela. Pero no es lo mismo: que el Chico Invisible se pasee por el mundo sin control no resulta en absoluto comparable con que lo haga el terrible Slappy y su complejo de Napoleón ni, faltaría más, que Stine permanezca tristemente atrapado en un libro como debiera estar el muñeco diabólico. De forma que, si el interés de los seguidores de estas terroríficas aventuras juveniles y la recaudación apoyan que se ruede otra película, la trama también por la gravedad del cierre de Haunted Halloween.