El cineasta californiano George Lucas, al que muchos veneran por ser el creador de la historia de sagas tal célebres como Star Wars e Indiana Jones, no parecería alguien a quien le hubiesen otorgado un galardón cuyo nombre se debe a la frase “blowing a raspberry”, que hace referencia al ruido flatulento que se consigue al soplar con elegancia suma y la lengua interfiriendo entre los labios, es decir, una pedorreta: los Premios Golden Raspberry, más conocidos como los Razzie o los anti-Oscar, que creó el crítico cinematográfico John Wilson en 1980 como contrapunto cómico a los premios de la Academia de Cine estadounidense. Pero la pura verdad es que Lucas se hizo acreedor de una de las doradas frambuesas de plástico sobre un carrete de celuloide que endilgan durante la ceremonia de entrega en cierta ocasión.

Le habían nominado a él y a Jonathan Hales (Las aventuras del joven Indiana Jones) en 2002 para competir por ella con Guy Ritchie (Snatch), Roberto Benigni y Vincenzo Cerami (La vida es bella), Shonda Rhimes (Anatomía de Grey) y Neil Cuthbert (Hocus Pocus) por su flojo guion para Star Wars II: El ataque de los clones; y ganaron, por supuesto. Y hay que decir que no se trataba de su primera nominación: su estreno en esta categoría fue por la historia de Willow (Ron Howard, 1988), a lo que le siguieron otras dos nominaciones por la escritura y la dirección de Star Wars I: La amenaza fantasma (1999). Pero ni él ni sus seguidores deben tomárselo mal: otros cineastas tan reconocidos como William Friedkin, Michael Cimino, Blake Edwards, James Cameron, Oliver Stone, J. J. Abrams, M. Night Shyamalan o Alexander Payne también han sido nominados y, algunos, ganadores del mismo anti-Oscar al Peor Guion. Y no pasa nada.