Carlos Linneo: el responsable de catalogar al Homo sapiens y al resto de especies

La taxonomía biológica, la práctica que permite clasificar a los distintos animales y plantas y denominarlos de una forma específica y clara, nació de la mano de este botánico sueco. Hoy su legado sigue vigente cada vez que se descubre una especie nueva.

Por – Sep 1, 2018 - 11:18 (CET)

En nuestro día a día no es habitual usar los nombres científicos para referirnos a animales y plantas, aunque hay algunos que son incluso más que reconocibles, simbólicos. El más evidente de todos ellos quizá sea el propio de los humanos (Homo sapiens), que nos describe como un animal sabio cuya especie pertenece al género Homo. También es conocido por su cotidianidad el nombre científico de los perros (Canis lupus familiaris), indicándonos que es una subespecie 'familiar' o doméstica del lupus, los lobos; y hay otros que su propio nombre científico se ha convertido en el apelativo más común para referirnos al animal, como la Mantis religiosa, conocida en la cultura popular por el extraño comportamiento de la hembra, que se come al macho durante el apareamiento en algunas ocasiones. ¿Pero quién estableció y puso orden para que cada ser vivo en la tierra tuviera un nombre científico único y aceptado por todos?

Esa ardua tarea corrió a cargo del botánico y zoólogo sueco Carlos Linneo (1707-1778), quien además de poner nombre y apellido científico a las tres especies citadas -incluido el Homo sapiens- describió otros 12.000 seres vivos cuyos nombres siguen manteniéndose en la actualidad.

Nacido en una región rural del sur de Suecia, Linneo se considera hoy el padre de la taxonomía biológica moderna, el método por el cual se clasifican y describen las especies de seres vivos conocidas. Él diseñó un sistema binomial en el cual el primer nombre correspondía al género (como Homo en Homo sapiens) y el segundo a la especia concreta (sapiens), que acabó siendo aceptado por la comunidad científica y alabado por muchos pensadores de la época. Además, también fue quien agrupó los géneros en familias, estas en clases y las clases en reinos, un método que sentó las bases modernas y que solo fue modificado con los hallazgos posteriores de la existencia de microorganismos y el estudio de la filogenia de cada especie al que dio lugar la teoría de la Evolución de Darwin y posteriormente la genética.

Casi todo era desorden hasta que llegó Linneo

Pero, ¿cómo se ordenaban e identificaban los distintos animales y plantas hasta la aparición de Linneo? Hasta que su método fue aceptado, en distintas regiones se conocía a las mismas especies con varios nombres. Un ejemplo es la rosa silvestre, hoy conocida como Rosa canina gracias a Linneo porque sus espinas le recordaban a los caninos de los perros. Sin embargo, este arbusto tan común se llamaba antes de muy distintas formas: Rosa sylvestis, Rosa alba, y un largo etcétera.

El origen de esta taxonomía primigenia que respondía a descripciones muy básicas (si una especie era silvestre, si un animal era marino...) se remonta más de dos milenios atrás, cuando Aristóteles configuró en su libro Historia de los Animales un sistema que, aunque también binomial, diferenciaba a los seres vivos entre organismos que tienen o no sangre, si son de agua o tierra, o si tenían capacidad de volar.

No hay que quitar mérito a la clasificación propuesta por Aristóteles, que de hecho marcó las bases desde el siglo IV antes de Cristo, pero los zoólogos y botánicos comenzaron a notar que esta se quedaba corta a partir del siglo XVI, cuando los primeros contactos europeos con América y Asia dispararon de forma exponencial el número de nuevas especies descubiertas a las que había que catalogar. Hacía falta poner orden para que todos estos nuevos animales y plantas no acabaran con multitud de nombres distintos, y además de forma urgente.

Los primeros en intentar poner orden en todos los descubrimientos fueron en gran parte médicos, entonces muy ligados aún al estudio de la botánica para la fabricación de sus medicamentos. El suizo Gaspard Bauhin (1560-1624) fue uno de estos pioneros, que aún partiendo de la clasificación de Aristóteles pero de forma más metódica, comenzó a ordenar las plantas en función de sus afinidades visuales por género y especie.

Casi 80 años después, cuando Linneo nació, la comunidad botánica contaba con multitud de sistemas para nombrar a las mismas plantas. Linneo, hijo de una familia de botánicos, agricultores y sacerdotes, comenzó desde pequeño a interesarse por las flores de su entorno, una afición que retomó si cabe aún más tras formarse como médico. A pesar de rechazar viajar a América y Asia durante su labor investigadora, Linneo sí que emprendió varias expediciones hacia el norte de Escandinavia para catalogar todo tipo de plantas y animales, al tiempo que pedía a sus alumnos que le reportaran cualquier tipo de especie vista en sus viajes.

De murciélagos 'aves' y ballenas 'peces' a reconocerlos como mamíferos

Donde sí que marchó a una edad aún temprana fue a los Países Bajos. Allí comenzó a divulgar algunas de sus tesis sobre medicina hasta que se topó en su camino la figura de Jan Frederik Gronovius. Conocido botánico ya en la fecha, Gronovius acabó siendo a la postre su mentor y quien le impulsó a publicar un arduo trabajo que Linneo había estado elaborando en los últimos años: una clasificación taxonómica de animales y plantas que acabó viendo la luz en 1735. Así se publicaría la primera edición de su Systema naturae (Sistema natural), un compendio taxonómico donde aplicaba por primera vez el sistema de clasificación de especies que dejó como legado a la historia.

Ejemplar de Systema Naturae (Wikimedia Commons)

El subtítulo de este libro deja entender el grado de clasificación con el que había trabajado Linneo: Sistema natural, o los tres reinos de la naturaleza, según clases, órdenes, géneros y especies. El sueco comenzó clasificando a las especies en reino animal (Regnum animale), el reino vegetal (Regnum vegetabile) y el "reino mineral" (Regnum lapideum), último término que abandonaría más tarde. Aunque la primera edición de Systema naturae recogía apenas unos centenares de plantas, Linneo fue ampliándolo con otros vegetales y posteriormente animales hasta en un total de trece ediciones que se fueron publicando hasta 1770, momento en le que había catalogado más de 13.000 referencias. En ellas se fueron dando cambios notables. Por ejemplo al principio definía a los murciélagos como aves y a las ballenas como peces, un error de la época que subsanó a posteriori incluyendo a ambos como mamíferos. También sustituyó a los que llamaba 'cuadrúpedos' para denominarlos después 'mamíferos', e incorporó en esta clase como primera orden a los primates, entre los que colocó a los humanos, al que acabó separando del resto de homínidos con el género homo.

Linneo clasificaba a los animales y plantas según su forma externa, y los hallazgos biológicos que se iban descubriendo con el paso del tiempo. Aunque empezó a plasmar similitudes y parentescos entre distintas especies, para Linneo, su trabajo se basaba en clasificar “la obra de Dios”, atendiendo al pensamiento de la época que consideraba las especies inmutables. Y es que aún faltaban algunas décadas para que comenzaran a difundirse las primeras ideas sobre la evolución de Lamarck y aún más para las de Darwin. Un ejemplo de algunos de estos cambios y cómo afectaron al trabajo de Linneo son la clasificación de las hienas, consideradas durante mucho tiempo emparentadas con la familia de los cánidos por su aspecto, pero que luego se asignaron a una familia propia (Hyaenidae), que de hecho está más cerca en el árbol evolutivo de los felinos que de los canes, algo que no obstante no se certificó hasta 1821.

De investigar plantas a convertirse en el ejemplo del Homo sapiens

La meticulosa labor de Linneo quedó asentada posteriormente en 1753 con la publicación de su Species Plantarum, una especie de diccionario, este solo referido a las plantas, que marcó un antes y un después. A partir de su publicación, la botánica solo aceptó como válidos el sistema taxonómico propuesto por el sueco, que hoy sigue vigente con algunos cambios.

Pero aunque su labor principal partió de su amor por las plantas, Linneo acabó sentando también las bases de la clasificación animal, hasta el punto de convertirse en el 'ejemplo' del ser humano. En taxonomía se conoce como tipo nomenclatural al espécimen disecado o fósil que sirve como referencia de una especie. Sirve para justificar y sentar las bases de su descripción, y sus restos se suelen guardar en museos o centros de investigación.

Sin embargo, Linneo no recogió ningún tipo nomenclatural para el ser humano al describirlo como Homo sapiens, algo que fue subsanado casi dos siglos más tarde por el también botánico William Stearn, quien en 1953 propuso a Linneo como ejemplo propio de Homo sapiens. De este modo, sus restos, que se guardan en la Catedral de Upsala, corresponden a la tipología de referencia para describir nuestra especie.

Los investigadores y las nuevas especies siguen acordándose de Linneo

El trabajo de Linneo surgió en una época en la que la exploración permitió descubrir miles de nuevas especies. De las que él catalogó, aproximadamente unas 12.000 siguen llevando su firma como primer investigador que las incluyó formalmente. En la actualidad, según el Catalogue of Life, una de las bases de datos más extensas sobre seres vivos, hemos conseguido describir 1,64 millones de especies, pero se estima que esto solo representa el 20% de todas las que hay en la Tierra.

La cifra de catalogaciones cada año aumenta entre 15 y 20.000 más cuando el 23 de mayo el Institute for Species Exploration publica las reseñas de las nuevas especies descubiertas en el curso anterior, una fecha que coincide como homenaje con el día de nacimiento de Carlos Linneo.