El pasado mes de julio, la avispa velutina fue noticia en Galicia, por la invasión que estaba causando dentro de sus fronteras.

Ahora, todavía con los gallegos tratando de deshacerse de este insecto, cuya picadura ya se ha cobrado la muerte de varias personas, los vecinos del barrio madrileño de Butarque avisan de la llegada al Manzanares de la mosca negra.

Este animal, de la familia de los simúlidos, no es tan peligroso como la velutina, pero sí produce una picadura muy dolorosa, que lleva ya varios años atemorizando a niños y mayores en zonas muy concretas de España.

Un problema antiguo

En 1997 se reportó en Cataluña el primer caso de picadura de mosca negra dentro del territorio español, aunque en ese momento se trataba sólo de un incidente aislado. No fue hasta 2006 cuando se dio el primer caso de plaga, también en Cataluña.

Desde entonces, cada verano los servicios sanitarios de Cataluña y Aragón registran miles de casos de picaduras de este insecto, que ha decidido hacer del río Ebro su hogar.

Poco a poco, también se ha ido expandiendo a algunas zonas de La Rioja, Valencia y Murcia y se prevé que en los próximos años llegue también hasta Andalucía y Extremadura.

La razón de esta invasión se debe a múltiples causas, pero buena parte de ellas tienen un factor común que a estas alturas ya no debería sorprendernos: el cambio climático.

Más de 2000 especies

La familia de los simúlidos, a la que pertenece la mosca negra, cuenta con 2.141 especies y 26 géneros.

Son muy pequeños, con un tamaño situado entre los 1’5 y los 5’5mm, y se caracterizan por tener colores oscuros, patas cortas, alas grandes y aparato bucal cortador-chupador.

Suelen vivir en entornos fluviales, de ahí que en España se hayan instalado primero en el Ebro y luego en el Manzanares, aunque se pueden desplazar distancias de hasta 50 kilómetros en busca de víctimas a las que picar.

Una picadura mucho más dolorosa

En países de África y América Latina la picadura de la mosca negra causa oncocercosis humana, una enfermedad parasitaria que afecta a la piel y los ojos, pudiendo llegar a causar lesiones oculares y hasta ceguera permanente.

Afortunadamente, en España esta mosca no es vector de ninguna afección, aunque resulta igualmente molesta, ya que sus picaduras son muy dolorosas y pueden provocar reacciones inflamatorias importantes.

Si duele más cuando pica es porque la forma en la que lo hace es muy diferente a la de otros mosquitos. De hecho, podría compararse más con la de otros dípteros, como el tábano. Tanto en el caso de los simúlidos, como en el de los tábanos o los mosquitos comunes, son las hembras las que causan las picaduras, ya que necesitan de la sangre para poner los huevos.

Sin embargo, las hembras de mosquito hacen una pequeña perforación de la piel, a través de la que introducen su trompa y succionan la sangre, mientras que la mosca negra y el tábano cortan la piel, produciendo una herida más dolorosa.

Al igual que el mosquito, inocula a sus víctimas un anticoagulante, que permite que la sangre sea más fluida, y también un anestésico que le ayuda a chupar sin ser percibida.

Otro factor que diferencia a la mosca negra del mosquito común, haciéndola aún más molesta, es que tiene hábitos diurnos, por lo que se encuentra activa cuando los humanos también lo están. Concretamente, sus horas predilectas son las primeras de la mañana y las últimas de la tarde, por lo que las personas que vivan en zonas frecuentadas por ellas deben tener especial precaución en esos dos momentos del día.

Evitar sus picaduras no es fácil, aunque se puede intentar utilizando repelentes y ropa blanca, ya que se ven especialmente atraídas por los colores oscuros; más aún sin están mezclados.

Agua limpia, más mosquitos

Las razones de la alarmante expansión de la mosca negra por toda España son principalmente dos: por un lado, el cambio climático está llevando a que los inviernos no sean tan crudos como antaño, mientras que los veranos vienen acompañados por subidas muy marcadas de las temperaturas y olas de calor. Todo esto, unido a las intensas lluvias que se han dado este año en prácticamente toda España, crea un clima perfecto para ellas.

Además, por paradójico que parezca, las mejoras que han surgido en los últimos años en las técnicas de depuración de ríos y embalses también están abriendo la veda a la invasión, pues la mosca negra busca aguas limpias y oxigenadas en las que depositar sus huevos.

Sí que es cierto que existen otras especies de moscas y mosquitos que buscan charcas estancadas en las que proliferar, pero no es el caso de los simúlidos.

Por lo tanto, limpiar el agua no sería una solución para acabar con este tipo de plagas, aunque sí puede ayudar retirar la vegetación del fondo de los ríos, ya que sirve como sustrato, tanto para que las hembras adultas depositen los huevos como para que más tarde se agarren las larvas.

Un incordio también para el ganado

Por lo general vuelan en enjambre, por lo que es fácil recibir varias picaduras de una vez. Esto no tiene por qué llegar a suponer un riesgo para los seres humanos, pero sí para algunos animales. Por ejemplo, en países como Canadá o Suiza, donde ya es una vieja conocida, se han dado casos en los que un enjambre ha matado a terneros pequeños.

En España no se ha llegado a tanto, aunque desde que empezó a convertirse en una habitual del periodo estival varios ganaderos se han quejado de la molestia que supone para sus animales. Algunas ovejas, por ejemplo, sufren tanto con sus picaduras que dejan de comer y pueden llegar a enfermar.

Por el momento, parece ser que los casos denunciados por los vecinos de Butarque no han llegado a mayores, por lo que no se podría considerar que haya una plaga de mosca negra. Así lo ha confirmado el ayuntamiento de Madrid en un comunicado, en el que declara que una vez que los técnicos de las diferentes áreas del Gobierno municipal y regional han llevado a cabo un seguimiento y un diagnóstico de la situación, han determinado "normalidad" en las picaduras registradas. De cualquier modo, han decidido reforzar las medidas de precaución en el río Manzanares, para evitar que aumenten los casos de picaduras.