A las 7:48 am del 7 de diciembre de 1941 la base naval de los Estados Unidos en Pearl Harbor, situado en la isla de Oahu, en el archipiélago de Hawai, fue sorprendida por los ataques de la mortífera Armada Imperial Japonesa. 353 aeronaves japonesas conformaron el ataque en la que se afectaron diversas naves y aeronaves, dejó miles de heridos y costó la vida a 2,403 estadounidenses. El ataque conmocionaría al pueblo estadounidense y llevó directamente a la entrada de ese país a la Segunda Guerra Mundial.

La entrada de Estados Unidos a la guerra cambió el panorama de la misma y provocó muchos movimientos dentro y fuera del país para sus ciudadanos y cuerpo militar. Uno de ellos es el capítulo histórico en donde un grupo de mujeres piloto formó parte por primera vez de la Fuerza Aérea; ellas serían conocidas como WASPs (Women Airforce Service Pilots), las Avispas de la vida real.

En agosto de 1943 una convocatoria movería los corazones de miles de mujeres del territorio de Estados Unidos y 25,000 de ellas se postularían para formar parte del primer equipo de mujeres de la Fuerza Aérea. Esta convocatoria tiene un par de antecedentes importantes: los grupos Women's Flying Training Detachment (WFTD) y el de Women's Auxiliary Ferrying Squadron (WAFS), encabezados por Jacqueline Cochran y Nancy Harkness Love respectivamente.

Jackie Cochran (centro) con las WASP

Jacqueline Cochran, la pionera piloto estadounidense por excelencia, observó que una organización de mujeres en Inglaterra se había formado para apoyar las labores de la Fuerza Aérea de ese país; por tanto quiso replicar la idea en el suyo. Por su parte Nancy Harkness Love tuvo la misma iniciativa, más tarde ambas organizaciones serían fusionadas y tendrían un mayor alcance de labores a nivel nacional.

De las miles de mujeres postulantes para formar el equipo WASP solo fueron aceptadas 1,830, de las cuales terminaron su entrenamiento 1,074. Pasaron siete meses de arduo entrenamiento y finalmente se graduaron para comenzar sus labores específicas que iban desde mover aviones de guerra de las fábricas a puntos clave del territorio estadounidense para su posterior uso en la guerra que se disputaba en Europa; hasta pruebas de vuelo en las aeronaves para asegurarse de que estuvieran en condiciones óptimas para el combate.

Los enemigos de las WASPs

Elizabeth Remba Gardner

Cómo siempre sucede en las historias de mujeres pioneras este capítulo no está exento de enemigos y, como siempre, estos estaban en casa (no del otro lado de los océanos). Para empezar el general Dwight D. Eisenhower (luego presidente de 1953 a 1961) expresó que estaba "violentamente en contra" de la formación del grupo de mujeres piloto. Él dudaba de la capacidad de las pilotos para manejar aeronaves militares (vale decir "dudaba de las capacidades de las mujeres", punto). La opinión pública por su parte opinaba que las Avispas realizaban "tareas poco femeninas".

Como si la misoginia no fuera suficiente el racismo también salió a relucir. Y es que de las casi dos mil mujeres que fueron aceptadas la gran mayoría eran caucásicas mientras que había dos sinoestadounidense, Maggie Gee y Hazel Ying Lee, una nativoamericana, Ola Mildred Rexoat y dos mexicoamericanas. Mildred Hemmans Carter fue la única afroamericana que respondió a la convocatoria y contra ella se volcó todo el peso del racismo: se le pidió retirase su solicitud de aspirante. Este vergonzoso suceso se lo compensó la historia muchos años después cuando fue condecorada como WASP honoraria e hizo su último vuelo a los 90 años.

Además de lo anterior debemos contar el trato que se le dio al legado de las WASPs que murieron en activo. Y es que 38 pilotos perdieron la vida a lo largo de los dos años en que estuvo en labores este grupo de mujeres piloto, pero a sus cuerpos no se les dio una despedida militar, ni a sus familiares se les otorgó pensiones y beneficios como deudos que los demás militares (hombres, por supuesto) tenían.

Florene Watson

A pesar de los esfuerzos de Jacqueline Cochran (y de las promesas de varios políticos) para que el equipo de las WASPs formara parte permanente de la Fuerza Aérea, el 20 de diciembre de 1944 las Avispas fueron enviadas a su casa. Así fue como se cerró este capítulo sorprendente de las mujeres piloto de aquella época; tal como cierran las historias de las mujeres que no siguen las normas y que tienen que esforzarse mucho más para destacar en cualquier área.

Otro episodio que vivirían muchas pilotos posteriores a las WASPs fue el de Mercury 13, un programa para formar un equipo de mujeres astronautas para la NASA. Jacqueline Cochran fue de nueva cuenta la promotora de dicho programa que pese a los resultados favorables que obtuvieron las aspirantes a astronautas fue cancelado sin remedio. Y es que la NASA pidió experiencia en pruebas militares y estudios en ingenierías para sus primeros astronautas, requisitos que por obvias razones las mujeres no podían cumplir. En muchas ocasiones se ha señalado a la misma Cochran como la causante de que este programa no se concretara, pues contradictoriamente a lo esperado ella se inclinó por suspender el programa Mercury 13 (se cree) por motivos personales y políticos. Todo esto lo recoge de forma magnífica el documental de Netflix, Mercury 13, la historia jamás contada sobre las mujeres a las que “cerraron” el espacio.