El 10 de julio de 1856 nacía en Smiljan Nikola Tesla, considerado el padre del dominio de la energía eléctrica y para muchos, la mente que hizo posible buena parte de las innovaciones que cambiaron la vida del ser humano en el siglo XX.

La vida de Tesla siempre se ha contado bajo una pátina de leyenda. La única con la que seguramente se puedan seguir los pasos de un hombre que comenzó en un entorno rural, triunfó en Estados Unidos hasta el punto de ser portada de revistas e ídolo de la jet-set de la época, y que acabaría perdiendo todo ese reconocimiento llegando a morir con serias dificultades económicas y perdiéndose en buena parte el rastro de su legado.

Hoy la figura de Nikola Tesla se ha recuperado con creces. A ello ha ayudado la elección de su nombre como símbolo de Tesla Motors, y la suma de biografías, películas y relatos que escriben su historia entre el mito y los hechos. Tesla, un hombre descrito con multitud de fobias, que no tuvo pareja pero que a todas luces contaba con una capacidad de atracción notable, es ahora conocido por su ”guerra de las corrientes” contra Edison, su mente elevada, y los inventos que se desvanecieron con él cuando falleció a los 86 años ya sin financiación.

De sus tres biógrafos más importantes -John O'Neill, Margaret Cheney y Marc J. Seifer- solo O'Neill lo conoció personalmente tras cruzarse con él a los 28 años en Nueva York y seguirlo de por vida. De su escrito, publicado solo un año después de la muerte del ingeniero balcánico, surgieron muchas de las historias que hoy rodean el fenómeno Tesla, y que algunos historiadores ponen en cierta cuarentena por la devoción que profesaba el periodista por el espigado visionario.

Lo que sabemos de su vida, pues, transita entre hechos verídicos, la devoción de sus admiradores y la animadversión de los que quisieron desprestigiarlo durante su larga carrera. Algo a lo que el propio Tesla añadió un compendio de escritos en los que relató parte de su vida personal y profesional. Pero si hay un capítulo menos conocido de su historia es sin duda su infancia en Croacia. De ella solo conocemos lo que contó el propio O'Neill en su libro Prodigal Genius, y del que después se alimentaron otros escritos, así como la serie Mis inventos' que escribió de su puño y letra el propio Tesla en la revista Electrical Experimenter entre febrero y octubre de 1919, cuando contaba con 63 años y estaba en la cúspide de su popularidad. De aquí hemos extraído algunas anécdotas que nos dan una idea de la mente del niño que despertaría al genio.

“¿Es la naturaleza un gato gigante?”

Tesla nació en el pueblo de Smiljan, en la actual Croacia, entonces integrada en el Imperio Austrohúngaro. Hijo de un sacerdote ortodoxo de nombre Milutin y de su madre, Duka, ama de casa, ambos procedían de familias serbias. Smiljan es un pueblo de interior que hoy apenas cuenta con 400 habitantes censados en el centro interior del país. Nacido en una familia bien posicionada, el pequeño Nikola se crió en un hogar donde la familia vivía de la labor religiosa del progenitor y de la cría de animales con la ayuda del servicio.

Su padre se había formado en el ejército al igual que sus antecesores -su abuelo combatió en la Guerras Napoleónicas- aunque cambió el fusil por la toga. Como todos los sacerdotes de la época, contaba con un nivel cultural más elevado que el resto de los vecinos, y una biblioteca extensa donde Tesla pasaba las noches leyendo hasta que su padre le pillaba y le dejaba sin velas, según cuenta, “para que no se me estropearan los ojos”.

Sin embargo Tesla, si bien reconoce a su padre una labor importante como inspirador, dedica especial atención a su madre Duka, una ama de casa analfabeta pero con vocación y ascendencia de inventora:

Mi madre descendía de una de las familias más antiguas del país y de un linaje de inventores. Tanto su padre como su abuelo habían creado muchas herramientas para uso doméstico y agrícola, entre otros. Verdaderamente era una gran mujer, de un talento, valor y fortaleza como no abunda, que había aguantado las tormentas de la vida y que había pasado por muchas experiencias difíciles” Nikola Tesla

En ese ambiente familiar y rural, Tesla, el cuarto de cinco hermanos, tuvo su primer contacto con la electricidad que después 'domesticaría' cuando solo tenía 3 años. Y lo hizo gracias a su gato Mácak, un felino por el que guardaba especial predilección. Tesla cuenta que en un día seco, con el pelo de su mascota cargado de electricidad estática, vio como unas chispas aparecían cuando acariciaba su lomo. Aquello lo marcaría para siempre. Lo relató en una carta que dedicó a Pola Fotic, hija del embajador yugoslavo en Estados Unidos, en 1939:

“Estaba atardeciendo y yo sentí el impulso de acariciar el lomo de Mácak. Éste era una cortina de luz, y mi mano producía una lluvia de chispas lo bastante ruidosas como para que se oyeran en los alrededores. Mi padre, que era un hombre muy docto, tenía una respuesta para cada pregunta. Pero este fenómeno era nuevo incluso para él. «Bueno —señaló por fin—, esto no es sino electricidad, la misma cosa que ves en los árboles durante una tormenta». Mi madre parecía alarmada. «Deja de jugar con el gato —dijo —; puede desencadenar un fuego». Yo estaba absorto en mis pensamientos. «¿Es la naturaleza un gato gigante? Si es así, ¿qué es lo que acaricia su lomo? Sólo puede ser Dios», concluí”

Sus primeros “inventos”: intentar volar o recorrer el mundo aprovechando su rotación

No es esta la única conexión con los animales que procede de la infancia del más joven Tesla. De adulto, durante sus últimos años, sus biógrafos cuentan que el inventor desarrolló una fascinación por las aves, especialmente por las palomas, a las que recogía cuando estaban malheridas y las curaba en las habitaciones de hotel que regentaba. Una anécdota incluso relata que, cuando no pudo volver a tiempo a su hotel para cuidar a varias que había metido en la habitación, solicitó a recepción que subiera para alimentarlas.

Su experiencia con las aves sin embargo viene de lejos. En sus escritos el serbocroata cuenta que de pequeño se especializó en conseguir atrapar cuervos al imitar sus graznidos, hasta que un día tuvo una experiencia propia de la película de Hitchcock:

De este modo capturaba cuantos quería. Pero en una ocasión, ocurrió algo que me hizo respetarlos. Había atrapado un magnífico par de pájaros y regresaba a casa con un amigo. Cuando abandonamos el bosque, miles de cuervos se habían congregado y estaban montando un jaleo horrendo. En pocos minutos, salieron en nuestra persecución y pronto nos rodearon. La diversión duró hasta que de repente recibí un golpe en la nuca que me derribó. Entonces, me atacaron cruelmente. Me vi obligado a liberar los dos pájaros y me sentí muy contento de reunirme con mi amigo, que se había refugiado en una cueva

La mente del pequeño Tesla se desarrolló pues en un medio rural, antes de que sus padres se mudaran a la cercana ciudad de Gospic cuando él acaba de ingresar en la escuela primaria. De su estancia en la ciudad, Tesla recuerda que comenzó a experimentar destellos que se cruzaban cuando cerraba sus ojos, a la par que una pródiga imaginación que le llevó a crear experiencias irreales. El niño Nikola, como muchos otros, comenzó a desarrollar amigos imaginarios, mientras que esos 'destellos' que cruzaban su mente de forma inesperada ha sido después descrita por especialistas como un posible síntoma de sinestesia:

Hubo otra razón que fue todavía más importante para mi tardío despertar. Durante mi niñez, sufrí una extraña afección debida a la aparición de imágenes, a menudo acompañadas de fuertes relámpagos de luz, que me nublaban la visión de los objetos reales e interferían con mi pensamiento y con mis acciones. Eran imágenes de cosas y escenas que había visto en la realidad, nunca de las que yo imaginaba. Cuando se me decía una palabra, la imagen del objeto que designaba se me aparecía vividamente ante la vista y en ocasiones casi no era capaz de distinguir si lo que veía era tangible o no

Con todo ello y la influencia de su madre, el genio inventor despertó pronto. Tesla cuenta en sus memorias que ideó una pistola que disparaba corcho con aire comprimido, que intentó volar tirándose desde una ventana con un paraguas, y que ideó una pequeña plataforma de unos centímetros que pretendía hacer elevarse gracias a una estructura en forma de aspas de molino a las cuales adhirió unos escarabajos verdes voladores, y que un amigo de infancia acabó comiéndose. Pero había más, cuando acababa de ingresar en la escuela intentó 'recrear' su primera gran idea: un medio de transporte capaz de hacer que el ser humano recorriera la Tierra aprovechando su rotación disponiendo una plataforma elevada sobre la superficie:

Otro de mis proyectos fue construir un anillo alrededor del ecuador que, por supuesto, flotaría libremente y cuyo movimiento giratorio podía ser detenido por fuerzas de reacción, lo que permitiría viajar a una velocidad de más o menos mil seiscientos kilómetros por hora, lo cual es imposible por tren

La muerte de su hermano y el cólera que le cambió la vida

Pero la vida del pequeño Tesla no estuvo falta de calamidades. Cuando él tenía 5 años, su hermano mayor Dane, el primogénito y según su testimonio “una mente avanzada”, murió en un accidente de caballo. Según algunas fuentes el pequeño Nikola fue el causante del temor que hizo revolverse al animal, pero según cuenta él mismo, el caballo andaba desbocado desde que se asustara al cruzarse con unos lobos durante una travesía con su padre. Lo que sí está claro es que el joven Tesla presenció en primera persona la muerte de su hermano.

La muerte del mayor volvió a la familia taciturna. Los Tesla querían que Nikola se dedicara al clero como su padre. Con 14 años, lo enviaron a Karlovac, donde reside junto a su tía y su marido. Allí asiste al Real Gymnasium Superior, el equivalente a educación secundaria y allí se topa con los primeros profesores que le abrirían los ojos en materias como matemáticas y física.

Sin embargo, dos años después, su padre le hace volver a Gospic, donde contrae el cólera. La enfermedad pondrá al borde de la muerte a Tesla con solo 16 años, obligándole a pasar 9 meses en cama. Es allí donde según él mismo cuenta convenció a su padre para que le dejara estudiar ingeniería. “Quizá me ponga bien si me dejas estudiar ingeniería”, le dijo Nikola a su padre, que aceptó al ver a su hijo enfermo.

Dos años más tarde, Nikola Tesla comenzaría sus estudios en la Escuela Politécnica de Graz. Desde allí pasaría después a Eslovenia, Praga, París y posteriormente Estados Unidos. El resto, es historia.