Netflix produce y estrena series, documentales y películas a un ritmo insano, manejando presupuestos anuales cada vez más holgados en busca de hacer crecer su catálogo de manera exponencial. Así encontramos producciones tan atractivas y diferenciadas como Bojack Horseman, 3%, Master of None o MindHunter en el terreno de las series y Okja o 7 años en el de las películas. Pero una de las consecuencias de esta cascada de producciones (propias y ajenas) es el de llenar su plataforma de contenido mediocre, sin nada que decir. 'El final de todo' es un ejemplo claro.

La película es una más de los cientos de producciones apadrinadas por la compañía reina del video on demand y, como tantas otras, es un entretenimiento vacuo, que no destaca en ningún aspecto y que, a la postre, termina siendo del todo intrascendente. El film, dirigido por David M. Rosenthal y escrito por Brooks McLaren, nos presenta a una pareja joven y feliz que espera a su primer hijo; él, interpretado por Theo James (saga Divergente), se reúne entonces con sus suegros para pedir la mano de su hija (sí, la película está ambientada en la actualidad) cuando comienzan a suceder cosas extrañas a lo largo y ancho de Estados Unidos y, presumiblemente, el planeta entero.

Es un punto de partida tópico en un film postapocalíptico tópico pero no por ello, y lo han demostrado múltiples producciones, debería ser sinónimo de una mala o poco disfrutable película. Lo que sigue es la travesía del personaje de James y su clasista y protector suegro (Forest Whitaker) hacia la ubicación de su pareja e hija, respectivamente. ¿El problema? Que lo que se define en la sinopsis oficial como un viaje de punta a punta del país atravesando "mil y un peligros" termina siendo una sucesión de momentos vistos mil y una veces, siempre mejor recreados, que apenas generan interés o emoción alguna.

Theo James está plano y poco convincente en un personaje que tiene el progreso que cabría esperar en una aventura de este corte, pasando de ser un abogado urbanita a un superviviente plenamente capaz, y su incómoda relación con el personaje de Forest Whitaker vertebra el núcleo del film; las diferencias entre ambos, la severidad de un Whitaker en piloto automático y bastante perezoso y la concatenación de amenazas, problemas y peligros son en lo que los realizadores invierten la mayoría de un metraje copado en gran medida por viajes en coche de un lado a otro y, por ende, persecuciones, asaltos y situaciones ya conocidas por muchos.

La química entre los dos protagonistas es suficiente pero ni los diálogos ni el trasfondo sirven para explotar lo que podría haber dado algo de sentido al conjunto. Todo es peor si cabe cuando personajes adicionales, como el de Ricki (Grace Drove), entran en escena; la película atesora algunas de las conversaciones más inanes y poco naturales que recuerdo en el cine reciente y, en general, pone muy difícil que el destino de los personajes nos importe lo más mínimo. Tanto es así que momentos que deberían ser trascendentes y marcar un punto álgido se despachan como si tal cosa, generando un impacto nimio en el espectador.

Una de las pocas bazas de la película está en el cataclismo en sí mismo, poco original en sus efectos e influencia en el mundo, pero que regala alguna que otra bella estampa y, eso sí, termina siendo un obstáculo para los personajes y no un elemento narrativo a aprovechar. Así, tras alguna escena de acción poco inspirada y no del todo bien ejecutada y una secuencia moralmente comprometida, quizá el mejor momento de la película, se llega a un desenlace que no hace más que enfatizar la intrascendencia y pereza que rezuma el metraje de 'El final de todo', sin dar una conclusión certera o satisfactoria. No sin antes, eso sí, habernos presentado un último y bochornoso conflicto, salido de la nada y sin desarrollo, entre Will y otro personaje.

La duda que a uno le queda es: ¿es realmente rentable producir o co-producir este tipo de proyectos para Netflix? ¿Qué gana la compañía realmente sumando películas de este corte? Son muchas las voces que argumentan que el catálogo de la plataforma lleva meses creciendo a golpe de filmes mediocres que no hacen más que perjudicar a la imagen de marca de la empresa. Mientras HBO se asocia de forma directa a proyectos de la mayor calidad, sean o no comerciales, Netflix se encuentra en un punto nebuloso en el que mezcla obras excepcionales y récords de nominaciones en los Emmy con decenas de producciones fallidas y en absoluto memorables. Los resultados económicos y las cifras de usuarios, eso sí, siguen dando la razón a Reed Hastings y compañía.