Unos locos, decían. Jamás se podría ver la realidad de un cacharro tubular capaz de recorrer cientos de kilómetros en apenas minutos. Estaba previsto para 2016 pero, como suele ser habitual en las compañías asociadas de alguna manera con Elon Musk, ha terminado atrasándose unos cuantos años. La prueba final de Hyperloop ya está en marcha con algunos contratos internacionales sobre la mesa. Una realidad impensable allá por 2015, pero que ha terminado posicionándose como una propuesta viable de transporte.

Un sistema de transporte que, realmente, no ha inventado nada nuevo, confirmaba el CEO de la compañía, Dirk Ahlborn, en declaraciones a Hipertextual. Lejos de la fantasía creada por Futurama, el invento de Musk tiene una serie de antecedentes y coetáneos. Algunos capaces de hacerle sombra y otros que, al menos, incentivan la carrera por los túneles de transporte de alta velocidad.

La primera experiencia está en el caso de Alfred Ely Beach, un inventor que en 1870 ya diseñaba lo que hoy tiene forma de Hyperloop. Una idea original que, ya por aquellos tiempos, tenía el objetivo de crear un tubo neumático en el que circularían una serie de cápsulas con pasajeros. Con una ambición a mucha menos escala que la de Musk, Beach quería que este sistema se pareciese más a los trayectos del metro en las ciudades que a las largas distancias. Sea como fuere, la intención ahí estaba.

Años más tarde, en 1900 se registró una patente en Estados Unidos. ¿Objetivo? Convertir la ciudad neoyorquina en una suerte de queso gruyere, más cercano a la idea de Futurama con tubos de vacío que a la actual de Hyperloop.

Los coetáneos de Elon

En esta historia, ya son más de uno y de dos los proyectos que han querido, o al menos están intentando, hacerle sombra al ingenio creciente del fundador de Tesla.

Por un lado, como suele ser común en la mayor parte de los proyectos que empiezan a funcionar allá por Estados Unidos, China ha intentado hacer su versión de la compañía de tubos. Conocido como T-Flight, su objetivo no solo es copiar a Hyperloop; quieren superarlo desde todo punto. Si Musk ha llegado a los 386 kilómetros por hora, intentando tocar los 1.200 con el paso del tiempo, el T-Flight busca rozar los 4.000 km/h. Por lo demás, su parecido con Hyperloop es idéntico, incluido el mayor reto del proyecto: su elevada financiación.

Bajo un gran misterio por parte de las autoridades chinas, en este caso de la Agencia Aeroespacial China, lo único que ha trascendido además del aspecto del proyecto ha sido su localización. Está previsto que el T-Flight recorra el espacio entre Shanghái, Chengdu, Guangzhou y Wuhan. Con más de 200 patentes sobre la mesa, pese a todo, sigue siendo una realidad poco factible en un corto espacio de tiempo que no ha puesto en práctica ningún test hasta la fecha.

En cualquier caso, el ingenio chino no es la única propuesta rival para Hyperloop. Sin irse al lejano oriente, ET3 también propone una idea conceptual no demasiado distante del líder del sector. Con una propuesta de 600 km/h, su CEO Daryl Oster propone precios que rondarían los 50 dólares el trayecto. A diferencia de Hyperloop, el ET3 busca trayectos de más larga distancia. Una de sus propuestas iniciales sería la de unir Cincinati con el Taj Mahal en menos de tres horas; su diferencia se encontraría en la eficiencia del transporte por kilovatios. ¿Su pega más grande? Muy sencillo: aún no ha sido capaz de demostrar la realidad de sus planos en terreno real. Un mal que aparentemente parece ser común en todos los casos. Si bien Hyperloop no ha conseguido poner en práctica todo lo que ha prometido, sí que cuenta con un apoyo financiero y de publicidad que les posiciona muy por delante de sus competidores.

Como no hay dos sin tres, ya se ha sumado el proyecto más reciente a la lista de competidores. En este caso bajo el modelo startup, y con origen en Canadá. Con poca financiación, pero muchas ganas, TransPod busca recaudar un mínimo de 50 millones de dólares en concepto de rondas de financiación para intentar alcanzar los 1.000 km/h. De nuevo, no existen demasiadas diferencias respecto a la concepción original, salvo por el hecho de que todos se definen como "mejores".

TransPod cuenta con un enfoque mucho más sencillo que el de Musk y, lo que es más importante teniendo en cuenta las circunstancias: el bajo coste. Bajo una propulsión magnética a base de rieles, una serie de aviones sin alas circulando por túneles buscan unir ciudades separadas por medio mundo.

¿Se hará realidad alguno de estos proyectos a corto plazo?