Últimamente, los negocios aplicados al transporte de las VTC salen hasta de debajo de las piedras, principalmente asociados a los grandes iconos actuales del transporte en las ciudades: Uber y Cabify. Con un boom de licencias en emisión resueltas en los juzgados después de años congeladas, la realidad es que el sector se está poniendo interesante y, a la espera de lo que acontezca el 17 de abril entre UNAUTO y los taxistas, poco a poco entran nuevos actores en juego. O, al menos, salen a la luz. De hecho, según cifras del Ministerio de Fomento, a cada mes que pasa de 2018, el volumen de permisos VTC (al menos en Madrid y Barcelona) crece a una media de 200 licencias mes a mes; una situación que para Uber, recién llegada a la capital catalana, supone todo un soplo de aire fresco. En cualquier caso, por una vez en esta larga historia, el gremio de los taxistas liderados por FEDETAXI no ha cargado contra las dos grandes tecnológicas; esta vez le ha llegado el turno a la compañía de autobuses ALSA.

No es algo nuevo. La web de la empresa de transportes lo anuncia desde finales de 2016: un servicio que se acerca al polémico carpooling conocido como AlsaCab. Por un precio añadido al trayecto en autobús, la compañía proponía un servicio de coche privado entre alguna de las grandes estaciones de autobuses de Madrid o a otro punto de la ciudad siempre y cuando estuviese dentro de la almendra central (M-30). ¿El precio? 6 euros, precio cerrado, para cualquier dirección en el momento de su estreno.

En este contexto, FEDETAXI, la mayor gremial de taxis a nivel nacional, ha tomado la decisión de denunciar el servicio propuesto por ALSA. La razón, como suele ser recurrente en esta historia, es la competencia desleal y la ilegalidad en la que incurre la compañía de autobuses dentro de la Comunidad de Madrid.

Ahora, y no hace dos años

Cabe preguntarse qué ha pasado entre noviembre de 2016, momento en el que se anunció el servicio de ALSACab, y en la actualidad. Hipertextual se ha puesto en contacto con Miguel Ángel Leal, presidente de FEDETAXI, que confirma que "no tenían constancia de la actividad de ALSA de forma previa". "Ha sido ahora, con la promoción de 6,90 euros por trayecto y pasajero, cuando han tomado la decisión de interponer una demanda contra la compañía", añade Leal. Para José Andrés, asesor jurídico de UNAUTO, esto supone el capricho de la semana para Leal: "Mañana disparará con cualquier otro que trate el tema de las VTC".

El precio medio por el que se realiza un trayecto entre la Estación del Sur y Avenida de América, según Google Maps y con precios de Uber y MyTaxi, se estima entre los 10 y los 15 euros. Para Leal, estos precios a la baja suponen una afrenta; en opinión de Jose Andrés, ALSA puede hacer lo que quiera con su compañía, "porque de eso se trata el libre mercado". Leal alude a la cuestión de la legalidad: el hecho de que este tipo de venta de pasajes por sitio en un vehículo está completamente prohibido a nivel estatal y de la Comunidad de Madrid para modelos de menos de 9 plazas. "Ya lo hicimos en su momento con UberPool, y lo hemos vuelto a hacer con ALSA", explica Leal.

La actividad de ALSACab se realiza a través de una filial de ALSA, compañía asturiana vendida a la británica National Express. IBL, International Business Limousines, con 20 años de antigüedad lleva operando en el negocio de las VTC mucho antes de que Uber o Cabify irrumpiesen en el negocio del transporte. Definidos como un servicio de limusina, la compañía ha llegado a cerrar casi 50.000 servicios de transporte por año para bodas, congresos, ferias o congresos. Ha sido en los últimos años cuando, aprovechando el tirón de los nuevos modelos de negocio, se ha encuadrado en el transporte de última milla. 28 vehículos VTC que, explica Leal, deben ajustarse a la normativa nacional.

Aunque este medio ha intentado contactar con ALSA sin éxito, para UNAUTO está claro el sistema empleado por la compañía de autobuses. Por un lado, ellos tienen un contrato con los transportistas, IBL, y otro con los consumidores. Gestionado como empresa de turismo, más que de transporte, con este sistema no tendrían que acogerse a los vehículos de 9 plazas. En términos generales, "ALSA podría organizar las plazas solicitadas y disponibles como buenamente quiera", analiza José Andrés desde la perspectiva legal.

Taxis de Buenos Aires - Wikimedia

Las contradicciones: taxis y BlaBlaCar

Esto podría entenderse como una contradicción por parte de FEDETAXI, los cuales solicitaron ante la Comunidad de Madrid el permiso para operar con un sistema de UberPool. Con el proceso aún en aprobación, explica Leal, su aceptación y salida adelante no supondría una marcha atrás en la demanda contra ALSA. Por una razón muy simple: "las VTC tendrían que pedir el permiso a nivel nacional, de lo contrario estarían operando de forma ilegal". Asumen que, tarde o temprano elevarían la petición al Gobierno, pero entienden que lo largo del proceso retrasaría meses cualquier avance para las VTC.

En cualquier caso, durante las últimas semanas, la relación entre ALSA y los taxis ha sido realmente tensa. La compañía de autobuses se puso de parte de los negocios VTC en Barcelona en las revueltas contra la entrada de Uber en la ciudad.

A la primera contradicción se le suma la de ALSA en su vendetta contra BlaBlaCar. La tecnológica francesa aún tiene cuentas pendientes con las compañías de autobuses, que según apuntan las estimaciones, quedarán resueltas después de verano. La idea de BlaBlaCar, a medio plazo, sería entrar con el negocio de coche compartido dentro de las ciudades con el objetivo de reducir el tráfico dentro de las mismas. Para Leal, que considera a BlaBlaCar, "como el verdadero modelo de coche compartido esto no supone ningún problema". Habrá que esperar qué posición toman las partes en el momento en el que la tecnológica decida activar su nuevo modelo de negocio.