Mark Zuckerberg no cree que Facebook sea un monopolio. Así se lo expresó al Senado de Estados Unidos el pasado martes cuando recibió una pregunta directa al respecto, pidiendo además que citara a su potencial competencia. "Tenemos muchos competidores", respondía a esto último. Sin embargo, no fue capaz de nombrar de manera directa quiénes eran esos rivales que actualmente pugnan contra ellos.

Aunque la red social cuente en la actualidad con más de 2.000 millones de usuarios, uno ciertamente podría suplir sin demasiado problema las acciones que lleva a cabo de manera habitual en ella por medio de otras aplicaciones. ¿El problema? Las principales plataformas de uso social por número de usuarios pertenecen también a Facebook.

Los últimos años han sido un toma y daca por parte de Zuckerberg y compañía en los que se han apropiado de dos bastiones clave en la guerra por dominar la comunicación online entre personas de todo el mundo. Instagram y WhatsApp, dos de las plataformas que más despuntaban por sus cualidades propias, pasaron a ser propiedad de Facebook en 2012 y 2014, respectivamente, en dos compras que han demostrado ser extremadamente valiosas para la empresa si se tiene en cuenta la gran tracción que han generado en este tiempo.

Es aquí cuando se empieza a vislumbrar que, aunque Facebook no tenga el monopolio de las redes sociales o del intercambio de contenido en la red de redes, quizá sí haya algo de esto si se considera el conjunto de sus posesiones. Eliminar una de ellas podría no suponer un impacto especialmente negativo si lo que se pretende es seguir manteniendo el nexo con familiares, amigos y demás contactos, pero ¿qué pasaría si en nuestro smartphone no estuvieran ni Facebook (ni Messenger, claro), ni WhatsApp, ni Instagram?

No se juega con Zuckerberg

Una empresa como Facebook puede permitirse, al mismo tiempo, tomarse ciertas licencias para liquidar a la competencia si así lo estima oportuno –o intentarlo, al menos–. Esto es lo que ha ocurrido con Snapchat, la cual también intentó adquirir allá por 2013, un año después de comprar Instagram, pero cuya oferta terminó siendo rechazada por Evan Spiegel, CEO de la plataforma. Tardó lo suyo, pero Zuckerberg terminó por consumar su venganza en 2016, año de la llegada a Instagram de los Stories, replicados posteriormente en el resto de aplicaciones de su propiedad.

Las ya archiconocidas historias se han situado de manera trepidante en el núcleo de las interacciones de esta red, suponiendo un durísimo golpe para Snapchat que se hace especialmente patente fuera de Estados Unidos. A fin de cuentas, ¿para qué usar dos aplicaciones si puedes aglutinarlo todo en una? El movimiento de copia y pega de Instagram hacia Snapchat es otro de los factores que nos permiten dudar de las palabras de Zuckerberg cuando afirma no tener un monopolio. Aun siendo esto verdad, no parece serlo menos que es un escenario deseado.

Un –casi– monopolio

Como se ha mencionado, fuera de las fronteras de Estados Unidos hay ciertos países en los que la influencia de Snapchat es menor y la comunicación a través de plataformas sociales en los teléfonos móviles se realiza, en gran medida, haciendo uso de los servicios de Facebook. España y Latinoamérica son un claro ejemplo de ello, donde WhatsApp e Instagram son asociadas de manera directa con el uso del smartphone y conforman dos de las primeras aplicaciones que uno se descarga cuando enciende por vez primera el terminal.

De izquierda a derecha, top 10 por volumen de descargas en España, México y EE.UU. en el App Store. | Fuente: App Annie.

Echando un vistazo a App Annie podemos ver rápidamente que entre las diez primeras aplicaciones más descargadas en el App Store de cada país se encuentran entre tres y cuatro propiedad de Facebook, las cuales componen el grueso del ámbito social. Algo similar ocurre con Google Play, dejando claro que la comunicación en internet, a día de hoy, pasa de manera prácticamente irrefrenable por el aro de Zuckerberg.

2.200 millones de usuarios activos mensuales en Facebook, 1.500 en WhatsApp, 1.300 en Messenger y 800 en Instagram avalan una estrategia y dominio en este sector que es ya imparable y donde la competencia (esa que Zuckerberg no pudo concretar ante el Senado) es irrisoria. Decididamente, aunque él tenga muy claro que están lejos de poseer el monopolio de las redes sociales, la realidad contiene más matices y presenta más complejidad de lo que abarca el simple término.