Imagen de archivo del metro madrileño. Fuente: Vivir el tren (Flickr)

Algunos de los vagones de la línea 6 y 9 del metro de Madrid contienen amianto, una sustancia clasificada como carcinógena de primera categoría y prohibida en España desde 2001. Así lo han confirmado fuentes de la compañía al diario El Mundo, que ha adelantado la noticia. La dirección asegura que este material, también llamado asbesto, se localiza en el recubrimiento de «un pequeño componente eléctrico» situado en la zona inferior de los trenes, al cual los viajeros «no tienen acceso, por lo que no supone ningún peligro».

Metro de Madrid no ha determinado el número de convoyes utilizados en la actualidad que contienen amianto. La serie de trenes afectada es la más antigua, la número 5.000, que se ha ido renovando paulatinamente. La empresa pública de transporte sí ha retirado con más diligencia los vehículos auxiliares, que se usan en labores de mantenimiento, donde se detectó la presencia de asbesto. El motivo fue precisamente el riesgo que supone para los trabajadores este peligroso producto químico, causante de tumores malignos como el mesotelioma pleural y peritoneal y cáncer de pulmón, de laringe y de ovario o de patologías como la asbestosis (fibrosis de los pulmones).

El departamento de Prevención de Riesgos Laborales de UGT ha señalado que los servicios sanitarios de la Comunidad de Madrid confirmaron a finales de 2017 un caso de cáncer en un trabajador de Metro de Madrid por la exposición prolongada a amianto. Su caso ha sido calificado como enfermedad profesional, un hecho confirmado por las fuentes de la empresa pública de transporte consultadas por El Mundo. La compañía admite que ha informado al resto de empleados y que se han realizado actividades de formación sobre cómo actuar ante la existencia de asbesto. «Se están haciendo reconocimientos médicos a todos los trabajadores que hayan podido estar en contacto con dicho material», ha explicado Teo Piñuelas, secretario general del sindicato, al periódico El Mundo.

Un carcinógeno peligroso (y muy utilizado)

El amianto o asbesto es una sustancia mineral natural (silicato fibroso) que se extrae de la roca en minas de diferentes países y que fue comercializado como crisotilo (90% producción mundial), crocidolita y amosita (5%). Durante décadas este compuesto químico fue empleado para fabricar más de 3.000 materiales distintos, aplicados en la industria textil (trajes aislantes, guantes o mangueras), la automovilística o la construcción (tejados de uralita, paneles acústicos, baldosas, pinturas o placas de falso techo), entre otros usos. La comercialización y el uso del asbesto en España como materia prima se ha ido limitando hasta su total prohibición. La exposición a amianto por materiales que fueran instalados anteriormente se contempla solo si es de forma esporádica y por debajo de los valores límite. Desde la dirección de Metro de Madrid aseguran que la sustancia está siendo sustituida allí donde se encuentra.

La exposición al amianto, según explica la Organización Mundial de la Salud, «se produce a través de la inhalación de fibras que se encuentran en el aire del lugar de trabajo, el aire cercano a puntos de producción, como fábricas que trabajan con amianto, o el aire del interior de viviendas y edificios que contiene partículas fraccionadas de amianto». De acuerdo con los datos de 2004, el cáncer de pulmón, la asbestosis y el mesotelioma provocados por exposición a este peligroso producto causaron más de 107.000 muertes. «No existe un nivel seguro de exposición, al igual que con otros contaminantes cancerígenos. Evitar la exposición al amianto es la única medida preventiva para evitar enfermedades», zanjaba el Ministerio de Trabajo en una guía de buenas prácticas.

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