Era uno de los momentos más esperados por la polémica adherida a la situación. Después de que Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, dejase "plantado" al Rey Felipe VI en los encuentros oficiales previos al MWC todas las atenciones estaban puestas en, precisamente, la inauguración de la feria de móviles y las visitas institucionales en los diferentes stands de las compañías presentes.

Desde el propio Ayuntamiento se confirmaba que la alcaldesa de Barcelona sí que estaría en la inauguración en representación de la ciudad de Barcelona en conjunto con el Rey, aquel al que había dejado de lado horas antes. Efectivamente así ha sido. Un momento que ha causado casi más expectación que la propia feria. Toda una politización de un evento da calado mundial que ha sacado a la luz todo un telón de acero creado entre las dos partes. Desde la perspectiva de Colau, la Casa Real no mantuvo la neutralidad requerida en el momento de la activación del 155 meses atrás. Y eso, Colau no lo olvida.

Solo ha faltado una mirada al recorrido tradicional por las diferentes zonas del Mobile World Congress para darse cuenta de que, pese a que se intente disimular, la relación no pasa por su mejor momento. La entrada del Rey en la Fira se ha sucedido entre la intensa pitada de los allí congregados. Nada nuevo dirían muchos. La reacción por su parte ha sido su sonrisa políticamente correcta con el objetivo de pasar el trago. Ya dentro de la Fira la cosa ha cambiado respecto al público; con una asistencia predominantemente internacional y unas intensas medidas de seguridad rodeando la comitiva, solo cabía lugar a la expectación. Llegó el turno de la visita oficial a Telefónica; recibidos por el mismo José María Álvarez-Pallete, presidente de la compañía, las conversaciones pronto se dividieron en dos. El Rey por su lado y Colau por el suyo. Casi dos metros de distancia fría que dejaba patente lo tenso de la situación.

Desde luego, una situación nada positiva para el MWC. Confirmada la celebración del evento para 2019, la GSMA no ha visto con buenos ojos la situación de ambas partes para las siguientes convocatorias: quieren estabilidad y seguridad en todo lo que concierna a la celebración del congreso. La ausencia de Colau en los eventos previos, los jaleos a la Casa Real, ciertos disturbios durante las horas previas y la situación política no son de gran ayuda para que la GSMA cambie de idea de aquí a un futuro próximo. Especialmente porque, según su posicionamiento, la cuestión política supera a la tecnológica. París, Milán, alguna ciudad de Alemania... Todos quieren ser los herederos naturales de una de las ferias tecnológicas más prolíficas del momento y, de seguir así, muy probablemente alguno se lleve el gato al agua. Con un impacto de casi 471 millones de euros en la ciudad de Barcelona, la realidad es que los únicos perjudicados por las frías relaciones políticas son aquellos que orbitan el MWC.

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