La conquista empezó en 2016 y ha sido ahora cuando ha logrado el 00% de la compañía. Hace algo más de un año, la compañía china Kunlun se hacía con el 60% de la web de citas gay más popular del mundo: Grindr. Por 93 millones de dólares, el holding asiático entraba en uno de los negocios más lucrativos del mundo de las aplicaciones, especialmente cuando tiene repercusión mundial. Por aquel entonces, este acuerdo valoraba a la compañía de citas LGTBIQ con 155 millones de dólares y daba pie a que Grindr entrase de forma oficial en el mercado asiático.

Ahora, Kunlun ha decidido adquirir el resto de la compañía, el 40% sobrante. El importe de la operación, en esta ocasión, no se ha hecho público, pero implica que la app de citas gay más importante a nivel global ya es propiedad al 100% de una compañía china. Dedicada al sector de los videojuegos y tecnología, la realidad es que apuesta por Grindr ha sido la más fuerte de su historia desde su fundación en 2008. Para la app de citas, los datos registrados lo son todo. Según cifras de Statista, durante el tercer trimestre de 2017 la app superó en tiempo de visitas a Facebook, el gigante de las redes sociales. Contando con algo más de 3,3 millones de usuarios diarios en todo el mundo es, probablemente, la que más público concentre junto a Tinder.

China, el quid de la cuestión

Es curioso el origen del nuevo dueño, al 100% de su capital, de Grindr. Con sede en Pekín, la localización de la sede de esta compañía entra en conflicto con la actividad de su nueva filial. China ha sido declarada en 2017, junto a Rusia y Oriente Medio, una de las peores geografías para vivir en aquellos que han declarado públicamente su homosexualidad.

Con un pasado histórico que nada tiene que ver con lo ocurrido durante el siglo XX, la realidad es que China, y Japón, han tenido unos antepasados que no sólo no prohibían la homosexualidad, sino que se fomentaba desde las clases más altas de sociedad de aquel entonces. Con el paso de los siglos, y probablemente un incremento de la influencia de occidente, estas prácticas sufrieron las mismas persecuciones que en el resto del mundo. China ha sido, y sigue siendo con operaciones como la de Grindr, toda una contradicción histórica en lo que a homosexualidad y derechos sociales para el colectivo LGTBIQ.

Es cierto que desde 2001, el partido único de China despenalizó la práctica de la homosexualidad como una enfermedad mental. De esta manera se prohibía el uso de terapias para "curar" a aquellos que hacían pública su orientación. Desde 2013, el Gobierno chino limitó el uso de electroshock, pero la realidad es que, hasta el pasado 2017, estas terapias se han estado utilizando en centros públicos y privados para "pacientes" homoxesuales. Así como fármacos que, según apuntan, pueden curar la orientación sexual desviada. El rechazo social que el colectuvo LGTBIQ sigue manteniendo en el país asiático explicaría estas prácticas en gran medida. Tampoco ayuda la posición ambigua por parte del Gobierno del país que, si bien es cierto que ha despenalizado su práctica, tampoco se declara a favor de los derechos de estos. Durante el pasado año, en una revisión de la normativa de medios, se prohibía la emisión de cualquier imagen que hiciese referencia a relaciones sentimentales de parejas del mismo sexo. De esta manera, en China aún no se han promulgado leyes para eliminar la discriminación sexual, tanto a nivel social como laboral, matrimonio, adopciones, donación de sangre o entrar en el ejército.

En cualquier caso, la compra de Grindr por parte de una compañía china es contradictorio pero puede abrir una nueva ventana al crecimiento de los derechos sociales en uno de los países más complejos del mundo.