"Con cierta frecuencia sucede que las enfermas con un cáncer de mama que acuden a la consulta del médico relacionan su aparición con un traumatismo anterior, traumatismo que muchas veces ha sido tan poco intenso que no produjo lesión alguna apreciable a la vista. No solamente los pacientes, sino también los médicos admiten esa relación". Así empezaba un trabajo publicado en 1940 en Revista Clínica Española, recién terminada la Guerra Civil. El estudio, firmado por los prestigiosos ginecólogos Manuel Usandizaga y Emilio Molinero, se hacía eco de algunas de las hipótesis sobre el origen de estos tumores malignos. Pero su idea era un auténtico bulo.

El artículo recogía los resultados publicados anteriormente por doctores como Lane-Claypon y Behan, que defendían la falsa idea de que los golpes producen cáncer. Sus investigaciones afirmaban, por ejemplo, "que en el 75,9% de los cánceres de mama podía deducirse la existencia de un traumatismo anterior y que solamente en el 23,6% de las mamas sin historia de traumatismo anterior se presentaba un cáncer, de lo cual concluía que había una íntima asociación entre traumatismo y cáncer de mama". Por aquel entonces la medicina no había desvelado ni siquiera la estructura en doble hélice del ADN y estaba muy lejos de encontrar las verdaderas causas del cáncer.

Los golpes no producen cáncer

Durante años se creyó que los traumatismos podían estar detrás de la aparición de un tumor maligno. Sin embargo, como explica Adrián Ruiz, de la Universitat de València, no se ha demostrado que los golpes jueguen algún papel etiológico en el cáncer de mama. Cuando se produce un golpe, este generalmente provoca un hematoma o moratón. Esta acumulación de sangre se suele reabsorber sin problemas, pero a veces deja una zona de tejido de cicatrización, según explican desde la Asociación Española contra el Cáncer. Estas áreas pueden llegar a distorsionar la arquitectura glandular, especialmente en las mamografías, lo que puede llevar a los médicos a cierta confusión en el diagnóstico por imagen.

El aspecto clínico de los hematomas que aparecen en las mamas se asemeja a "nódulos densos, duros, bastante circunscritos y frecuentemente dolorosos", unas características que hacen que se confundan fácilmente con posibles tumores malignos, según comenta Juan V. Ramírez, profesor titular de Ginecología de la Universitat de València. Así lo demostró un trabajo publicado por facultativos del Hospital Universitario de Basurto, que mostró el caso de una señora que parecía padecer un tumor maligno en la mama. Sin embargo, la lesión que presentaba era en realidad benigna. Los posteriores estudios que le hicieron mostraron que la mujer solo tenía un hematoma que, eso sí, le provocó un buen susto.

Aunque durante años se dio a conocer el bulo de que los golpes producen tumores malignos, lo cierto es que los traumatismos en los senos no se relacionan con la aparición de este tumor, tal y como confirma el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos. Probablemente el desconocimiento que había hace décadas sobre el origen de las lesiones cancerosas contribuyó a la difusión de este tipo de mitos. Hoy en día sabemos que el cáncer de mama está relacionado con factores inevitables como las mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2, un tejido mamario denso o el envejecimiento. Existen, sin embargo, otras causas que sí podemos elegir, como no consumir alcohol, hacer ejercicio físico y cuidar la alimentación para evitar el sobrepeso o la obesidad, para reducir las posibilidades de padecer un tumor maligno.