Entre árboles de Navidad, polvorones y mistela, al son de las zambombas, compramos nuestro precioso número de la lotería de Navidad. Sabemos que probablemente existan más posibilidades de que nos caiga un meteorito que de que nos toque (aunque esto no es del todo cierto). Pero aun así, lo compramos con total ilusión. Y si este año no nos toca, no pasa nada. Al que viene, tal vez. O al otro... ¿Por qué seguimos jugando a la lotería si sabemos que la base de este juego es que el Estado siempre gana?

¿Que razones existen para seguir jugando a la lotería?

El gordo de Navidad dotará de cuatro millones de euros a sus ganadores, este año. ¿Acaso esta no es razón suficiente? Si tenemos en cuenta las bajas posibilidades de que esto ocurra, puede que no lo justifique. Pero hablaremos de eso después. Y es que tras la lotería, al igual que otros juegos de azar, existe todo un conjunto de interesantes mecanismos psicológicos.

Probablemente el más potente de ellos sea el mecanismo de gratificación, muy similar, si no el mismo, que aparece en los juegos de azar. Aunque el hecho de que nos toque premio principal es muy bajo, en la lotería existe la posibilidad de que te toque un premio menor o el reintegro. Esto en nuestro cerebro es el sinónimo de unas placenteras campanitas.

El mecanismo se denomina refuerzo positivo variable y consiste en ofrecer una recompensa de forma aleatoria, no esperada, lo que proporciona mucho más "placer", grosso modo, que una recompensa prevista. Por supuesto, esto no es suficiente para justificar el juego, aunque hay que señalar que esta es la base para la gamificación en los videojuegos y, probablemente, la base de su supuesta adicción.

lotería

A esto podemos añadirle la falacia del apostador, que tiene que ver con la superstición, aderezada de la época en la que estamos. Las creencias sobre el azar son muchas y muy diversas: números interrelacionados, probabilidades, oficinas de lotería, números, días concretos... a esto le añadimos una eficaz campaña de publicidad, decorada con los tonos sentimentales de la Navidad y, voilà, tenemos entre las manos un billete casi mágico.

Por si esto fuera poco, como ocurre con otros juegos de azar, existen otros factores como es la falacia de control, en la cual parece que hemos perdido el Gordo por ¡apenas dos números! Pero en realidad, hemos caído en el gigantesco margen que no han ganado premio alguno. Y por qué no hablar de las razones sociales: la lotería es muy fácil de justificar, porque está bien vista. En mucho sitios es, incluso, un acto social con implicaciones emocionales. Pero no está de más recordar, otra vez, que la casa siempre gana.

Las cifras están en nuestra contra

Una probabilidad de 0.00001, es decir, una entre 100.000, o lo que es lo mismo, 0,001%. En comparación, el Gordo de Navidad es uno de los premios con más probabilidades. Por ejemplo, la primitiva tiene una posibilidad entre 139.838.160 de acertar los seis números más el reintegro. La lotería nacional consta de una entre dieciocho millones, y el número de la once, que es el más fácil de acertar, de una entre 100.000. Como el Gordo, vamos.

Aun así, esta probabilidad, dicen los expertos en estadística, es lo suficientemente baja para que no merezca la pena jugar a la lotería. Según la web de la Lotería Nacional, existe un 86% de probabilidades de que no toque absolutamente nada (ni siquiera el reintegro). Aunque estos números han sido criticados por varios matemáticos, lo cierto es que ponen de manifiesto lo difícil que es que toque.

Para la lotería de Navidad, la esperanza es de un 0,7. Esto implica que por cada diez euros que invertimos en lotería esperamos ganar siete. Esto se traduce en que da igual lo que hagamos, siempre vamos a perder dinero. Y aun así, seguimos "apostando". Seguimos perdiendo conscientemente, dirigidos por la oportunidad de ganar mucho, en muy poco.

Más de tres siglos "comprando números"

La Lotería de Navidad es una institución bastante antigua, cuyo origen se remonta a la época de las Cortes de Cádiz, en el siglo XIX. Por aquel entonces, tal y como cuentan en la propia página de la administración, el ministro de la Cámara de Indias pensó en la lotería como “un medio para aumentar los ingresos del erario público sin quebranto de los contribuyentes”.

La idea no era original. Los primeros indicios de lotería provienen, probablemente, de China, de hace más de 2.000 años (y relacionado con la financiación de la Gran Muralla). En Europa, los primeros tickets de lotería que se recogen son de los Países Bajos, en el siglo XV y, de nuevo, estaban relacionado con la financiación estatal.

Sorteo extraordinario de la lotería de Navidad de 1936 en Valencia, España - ValenciaNews.es

Durante la Edad Media, la lotería fue empleada en varios países, afianzándose auténticas instituciones a su alrededor. El nombre Lotto fue acuñado en Génova, en el siglo XV. A España, la lotería llegó en el siglo XVIII, de manos del Marqués de Esquilache. Y el primer sorteo de Lotería de Navidad se celebró el 18 de diciembre de 1812.

En un primer momento recibió el nombre de "Lotería Moderna", para diferenciarla de la "Lotería Primitiva", y desde entonces no se ha detenido su celebración ni una sola vez. ¿Cómo es posible que sigamos comprando números, más de tres siglos después, a sabiendas que en realidad esta es una medida del Estado para obtener dinero adicional? Como explicábamos, la psicología está en nuestra contra a pesar de que la banca siempre gane.