Hoy en día todos reconocemos lo que es un meme de internet, al menos, en su forma más profana. Un dibujo, a menudo feísta, o una foto con grandes rótulos que sirve tanto para hacer una broma como para expresar un estado de ánimo o contestar en un grupo de WhatsApp. Sin embargo hace casi ya 80 años un pequeño dibujo que imita a un hombre calvo con una gran nariz asomado por encima de un muro ya sirvió para identificar mucho antes del nacimiento de internet el poder que tienen los memes para expandir un mensaje de forma simple pero tremendamente efectiva.

El nombre de este dibujo aparentemente absurdo era _Kilroy was here_ (Kilroy estuvo aquí). Un trazo que podría haber salido de cualquier descanso en una clase de niños de primaria, pero que esconde una de las historias más crípticas de la Segunda Guerra Mundial, donde apareció desde Francia hasta Japón replicado por los soldados del bando aliado. 

Kilroy fue el primer gran meme antes de internet, una señal cargada de significado codificado de la que tomó nota el fotógrafo Robert Capa y que según se cuenta, llegó a poner de los nervios al mismo Hitler. Sin embargo, como muchos de los memes actuales, su origen y significado real sigue dando lugar a diversas hipótesis. Quizá porque también como sus hermanos modernos, cada soldado que lo dibujó en el frente de batalla le aportaba su propia visión.

El difuso origen de Kilroy

Kilroy se extendió durante la II Guerra Mundial como una forma que tenían los soldados aliados de señalar que esa zona ya había sido batallada. Cuando un soldado lo veía, sabía que el bunker, edificio o trinchera en la que se asomaban los ojos del dibujo no presentaría ya resistencia. Y su uso transcendió la Gran Guerra hasta verse también en el conflicto de Corea u otros más recientes como La Guerra del Golfo. Kilroy viajó por su cuenta por el espacio y el tiempo. Se convirtió, en definitiva, en un elemento de metalenguaje entre los soldados norteamericanos.

El origen de Kilroy más aceptado da su autoría a James S. Kilroy, un supervisor de naviera de Massachusetts que se encargaba de revisar que los remaches de las planchas con la que se hacían los barcos estaban bien puestos. Según contó él mismo al New York Times en 1946, dibujaba su 'Kilroy was here' como un sistema para que se supiera que ya había revisado las planchas, al modo que marcaban las piedras los antiguos canteros en la Edad Media.

Según esta historia es fácil imaginarse que los barcos, en los que se desplazarían muchos de los soldados americanos, estuvieran marcados con Kilroys por todas partes, algo que después extenderían en el campo de batalla. Pero la historia no es del todo así. De hecho, James S. Kilroy apareció después de que un concurso nacional promovido por la Asociación Pública de Transporte Americano para encontrar al creador de aquel muñeco que aparecía por todas partes. Según se ha podido saber después hubo otros Kilroy antes de Kilroy. En concreto aparece un dibujo similar llamado 'Foo' en Australia durante la década de 1920, y pocos años después en Reino Unido también se hizo popular un dibujo parecido llamado 'Mr. Chad' como queja ante los racionamientos de alimentos que en su momento se impusieron por el clima pre-bélico. Quizá James S. Kilroy se inspirara en estos predecesores, o quizá haya quedado vigente solo el relato norteamericano, pero lo cierto es que al igual que con los memes actuales es difícil saber quién fue el primero en colgar en los 'foros y chats' de la época al primer Kilroy.

De "Kilroy no podía salir" al miedo de Hitler

Pero esto no evitó que aquel dibujo tomara vida propia. La web Snopes, dedicada a rastrear bulos y rumores de la red, recoge leyendas urbanas que aseguran que hay un Kilroy en La Estatua de la Libertad, en la cima del Everest, y hasta dibujado en el polvo de la Luna. Todos relatos sin pruebas fotográficas pero que recogen bien el significado que el ejército americano dio al personaje: daba igual donde llegaras, primero lo había hecho un absurdo representante del pueblo americano.

Donde sí que se constató la extremada expansión viral de Kilroy fue en el ambiente bélico del siglo pasado. Robert Capa, como contábamos al principio, lo describió así en su libro_Ligeramente Desenfocado_ cuando de forma trágica se lo cruzó en la sangrienta batalla de Las Ardenas, que tuvo lugar en Bélgica en 1944:

“En los muros negros y chamuscados de un granero abandonado, garabateado con tiza blanca, había quedado la firma de un soldado: KILROY ESTUVO AQUÍ Y NO PUDO SALIR”

A ello se suma además lo que cuenta el escritor Gordon L. Rottman en su libro FUBAR: Soldier Slang of World War II_, _dando respaldo a la historia de que Hitler llegó a pensar que Kilroy era un gran espía que dejaba su firma como burla ante los nazis, incapaces de encontrarlo, o la anécdota, tampoco verificada, de que apareció un Kilroy en el baño que usaban Stalin, Truman y Churchill durante las jornadas de la Conferencia de Potsdam.

Lo que ha aportado Kilroy a la memética

Pero más allá de sus andanzas, que de por sí ya son suficientes, si Kilroy tiene presencia actualmente es por su presencia en multitud de estudios y textos como ejemplo primigenio sobre cómo se expanden las ideas en internet.

En los libros _Memecracia_, de Delia Rodríguez, o en _The Meme Machine_, de la psicóloga Susan Blackmore, se cita a Kilroy como el punto de partida para explicar las cualidades de los memes modernos, que como es conocido, van mucho más allá de las imágenes graciosas de internet y parten de la idea de 'meme' acuñada por Richard Dawkins en 1976.

Según estas teorías de difusión cultural, más vigentes ahora que nunca, un meme es la unidad mínima de cultura que se transmite entre seres humanos, en analogía a cómo se reproducen los genes. Ideas mínimas pero poderosas en sí mismas que acaban encontrando en el significado que les damos sus propias vías para expandirse y, en cierto modo, evolucionar hasta llegar a lugares insospechados casi como si tuvieran vida propia. Igual que lo hizo el meme de trollface décadas más tarde de forma divertida, pero también usando los mismos mecanismos por los que se expanden las noticias falsas en redes sociales. Todo se basa en la reproducción masiva de una idea que de una forma u otra nos interpela de algún modo. Como pasó con el dibujo que hizo un revisor de barcos en Estados Unidos en los comienzos de la II Guerra Mundial llamado Kilroy.

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