Es un día de tormenta junto al mar. Las nubes oscuras se arremolinan, tenebrosas, sobre la playa. El rumor de un trueno lejano y un viento frío descienden hacia la costa. Y, de pronto, un fulgor inesperado y violento azota la arena. Por los pelos, ha caído apenas a unos metros de nosotros. Pero, ¿qué es eso? De la nada ha aparecido una roca brillante. Está caliente y un olor a ozono parece provenir del ligero cráter que la rodea. Es una fulgurita, una "roca" hecha por el mismísimo rayo.

¿Cómo se forman las fulguritas?

Los rayos son una de las fuerzas más llamativas de nuestra superficie terrestre. En promedio, un rayo mide algo más de un kilómetro y medio y viaja a más de 400 kilómetros por hora, aunque puede alcanzar una velocidad mucho mayor. Pero lo más impresionante, probablemente, sea la brutal diferencia de potencial existente entre el cielo y el suelo.

Rayos

Hablamos de unos mil millones de voltios, lo que hace que salte el arco eléctrico hacia el pavimento. En su descarga, el rayo puede llegar a generar una potencia instantánea de un GW, es decir, que podríamos compararlo con la energía liberada en una explosión nuclear, pero concentrada en un "tubo", que corresponde al canal ionizado.

Semejante energía se traduce en un intensísimo calor que puede alcanzar hasta los 30.000 ºC. A esa temperatura pocos materiales podrían resistir. Así es como se forman, en un instante, las fulguritas. Estas rocas son, como vemos, resultado de la enorme energía concentrada sobre un punto concreto, lo que levanta por los aires la roca y arena fundida dentro del canal del rayo, creando fantásticas formaciones.

De vidrio y cristal

Esto lo podemos ver claramente en las fulguritas creadas en la playa. Cuando un rayo impacta en la arena, que está compuesta principalmente por sílice, la temperatura la funde, vitrificándola. El proceso es el mismo que se emplea en la creación del vidrio, solo que de forma natural y violenta.

Cuando toca el suelo la temperatura del canal iónico puede alcanzar más de 4.000 grados. La descarga, llegar hasta un metro y medio bajo el suelo, petrificando el mineral bajo la superficie. Además, la vitrificación ocurre siguiendo el patrón del tubo iónico del rayo, en la mayoría de los casos, por lo que, literalmente, estamos tocando el rayo, o su forma más bien.

El sílice se funde a partir de los 1.500 ºC creando vidrio, que es una estructura amorfa, muy distinta al resistente cristal. A diferencia de este último, la estructura atómica del vidrio no es ordenada, de manera que es mucho más frágil, pero también maleable. Por eso lo empleamos para hacer todo tipo de productos.

Este mismo material es el que se produce en las fulguritas de arena, que forman vidrios de lechatelierita de diversos colores, dependiendo de la composición de la arena. También se pueden formar a partir de otros materiales fundidos. Pero insistimos, lo más interesante es que prácticamente podemos observar la forma que tenía el rayo al caer. Lo que supone un espectáculo impresionante.

La fulgurita más antigua

Puesto que se calculan unos dieciséis millones de tormentas al año, no es de extrañar que existan numerosos ejemplares de fulguritas. Las hay de todas las formas y tamaños. Y también de todos los tiempos. De hecho, la fulgurita más antigua tiene unos 250 millones de años y es una fulgurita fosilizada.

Se encontró en la villa escocesa de Corrie, en Arran. Esta roca es una arenisca vitrificada por el impacto y fosilizada tras millones de años. Su origen data del Pérmico, cuando el clima era más tropical. No es la única fulgurita fosilizada. La fulgurita más grande jamás descubierta permanece petrificada en el interior de varios estratos de sedimentos y se encontró en Florida, Estados Unidos.

¿Qué nos cuentan estas piedras fundidas? En primer lugar nos hablan de que los rayos siempre han sido los mismos. También nos ayudan a comprender cómo se propagan estos misteriosos fenómenos. Los relámpagos son tan violentos y súbitos que es muy difícil estudiarlos en profundidad. Pero con estas piedras del trueno, al menos, podemos hacernos una mejor idea de cómo golpean la tierra con su enorme poder.