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Fueron cuatro días de auténtica pesadilla para el noroeste de España a causa de los incendios que han asolado miles de hectáreas en Galicia, Asturias y León. Hace solo unas horas, la Xunta informaba de que había logrado controlar el último foco que permanecía activo en A Gudiña. Casi 6.000 operarios han trabajado sin descanso en estas jornadas para apagar las llamas, mientras la Fiscalía investiga si los incendios pudieron ser provocados por grupos organizados que actuaron de forma coordinada.

El fuego ha calcinado miles de hectáreas, causando a la vez la muerte de cuatro personas en Galicia, mientras en la vecina Portugal los incendios han acabado con la vida de 41 individuos. Son las consecuencias más graves de las quemas, aunque la situación podría empeorar durante los próximos días. Las lluvias que han ayudado a terminar con las llamas podrían agravar la pérdida de suelo y contaminar las aguas de los ríos, afectando también a la biodiversidad. Pero los incendios dejan tras de sí una serie de incógnitas recurrentes. ¿Quién puede ser capaz de quemar el terreno y arrasar con el medio natural? ¿Cuáles son las causas de los incendios? ¿Para qué lo hacen? Al responder a estas preguntas, por desgracia, se suele confundir frecuentemente el origen de las llamas con un trastorno mental poco conocido.

La piromanía, un trastorno psiquiátrico

El término piromanía procede del griego y hace referencia, según la Real Academia Española, a la "tendencia patológica a la provocación de incendios". Según una revisión publicada en European Archives of Psychiatry and Clinical Neuroscience, este problema consiste en un trastorno del control de impulsos (ICD, por sus siglas en inglés), descrito en el manual diagnóstico y estadístico que edita la Asociación de Psiquiatría de Estados Unidos. Los pirómanos causan incendios de forma impulsiva, repetitiva y deliberada sin que exista una recompensa externa, como podría ser un acto político, venganza o dinero.

El equipo de científicos liderado por Eric Hollander, de la Facultad de Medicina del Monte Sinaí, la Universidad de Milán y la Universidad de Pisa, destaca que hay pocos estudios que analicen el comportamiento pirómano, ya que se trata de prácticas ilegales que se mantienen en secreto. Las investigaciones epidemiológicas realizadas hasta la fecha se han centrado en la piromanía durante la infancia y la adolescencia, donde la prevalencia de este trastorno se sitúa entre el 2,4% y el 3,5%. La singularidad de este trastorno tan poco frecuente, como recordaba este trabajo en BMC Psychiatry, ha llevado a algunos especialistas a cuestionarse la validez del diagnóstico actual preguntándose si no sería necesario añadir la intoxicación por algún tipo de sustancia como criterio de exclusión para la identificación de los pirómanos.

A juicio de los psiquiatras franceses Michel Lejoyeux y Candice Germain, "la piromanía, en el sentido de un incendio provocado sin un motivo específico, es un fenómeno raro". Los investigadores, que publicaron un manual acerca de este tipo de trastornos, apuntan que este problema presenta una prevalencia en pacientes adultos hospitalizados del 3,4%, mientras que este porcentaje asciende al 5,9% si hablamos de la tasa de pirómanos a lo largo de la vida. Por otro lado, el trastorno de la piromanía se asocia con una amplia gama de comportamientos antisociales, entre los que se encuentran la adicción a la marihuana y el alcohol, los trastornos de conducta o los de tipo obsesivo-compulsivo.

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"Se suele usar el término pirómano de forma confusa, lo que conduce a que se sobrevalore el papel de estas personas en los fuegos", explicaba la investigadora María Calviño Cancela a la Agencia SINC. El psiquiatra Antonio Benabarre, del Hospital Clínic de Barcelona, comentaba en declaraciones al diario El Español que en veinte años de trabajo no había visto ningún caso de piromanía. El trastorno, que presenta una mayor prevalencia en el sexo masculino, no es solo difícil de detectar, sino que también han de descartarse otros posibles factores, como un posible deterioro cognitivo, el abuso de las drogas u otras motivaciones que lleven a prender fuegos como los que han arrasado Galicia durante los últimos días.

La evidencia actual muestra que la piromanía existe, aunque se trate de un fenómeno raro y poco estudiado. Sin embargo, expertos como José Joaquín Aniceto, agente medioambiental e investigador en el Instituto Andaluz Interuniversitario de Criminología - Universidad de Cádiz, apuntan que no se debe emplear el término referente a esta patología para "personas que puedan originar incendios de manera intencionada, pero que no padezcan de esta alteración psíquica". Cuando los incendios son provocados, existen otras causas que pueden explicar los fuegos, tales como la eliminación de maleza o la regeneración del pasto por parte de agricultores y ganaderos, la sed de venganza, represalias o animadversión, el control de los cotos por los cazadores, la distracción de las fuerzas de seguridad por parte de delincuentes, el vandalismo o el interés económico, aunque los terrenos quemados no se puedan recalificar, como erróneamente se suele sugerir.

Contando Estrelas (Flickr)

Según las estadísticas oficiales del Ministerio de Agricultura, los incendios provocados por pirómanos entre 1995 y 2004 supusieron un 11,52% del total de fuegos detectados. Este informe también recalca la necesidad de evitar el uso del concepto de piromanía, ya que "desde el momento que existe afán de lucro, obtención de beneficios por el causante, daños a terceros o maldad, el que ha provocado el incendio es un incendiario y no un pirómano". Antes de emplear este segundo término para hablar de los causantes de las llamas, es importante destacar que debe haber un diagnóstico médico detrás.

El hecho de provocar fuego de forma intencionada no es un criterio exclusivo para hablar de piromanía, sino que deben darse otro tipo de factores, como el hecho de prender incendios de forma deliberada en más de una ocasión, sentir fascinación por el fuego, tensión y activación emocional antes y bienestar justo después de que arda el terreno, además de descartar la presencia de otros trastornos diferentes y causas distintas. Solo entonces deberíamos emplear el concepto de pirómano; en caso contrario, estaríamos identificando de forma incorrecta a los verdaderos causantes de los incendios y, lo que es más grave, añadiendo kilos de morbo y estigma a la hora de hablar sobre el origen de estos graves problemas medioambientales.