Con la cámara en la mano, grabas. Grabas una situación que parece de película, que eriza los pelos y produce desasosiego. La escena escala, el peligro se vuelve más crudo. Visceral, pero no dejas de grabar. Ni tan siquiera eres consciente de hasta qué punto puede alcanzarte a ti un golpe, pero sigues grabando. No pasa nada, como tú, hay veinte o treinta personas que, hipnotizadas, miran el mismo espectáculo. Las ves por el rabillo del ojo mientras el mundo desaparece. Solo queda la tragedia. Y nadie hace nada. Estáis hechizados, atados a lo macabro del momento sin que podáis remediarlo. De pronto, todo pasa. El ruido vuelve, la escena se amplía y alguien comienza a gritar.

Qué es el efecto espectador

Probablemente horas después te sentirás intranquilo, extraño. Puede que hasta tengas náuseas. Has sufrido un ataque de "efecto espectador" o bystander effect. Esta situación psicológica no es nada nueva. De hecho, existen numerosos experimentos realizados a lo largo de las últimas décadas que tratan de esclarecer el mecanismo detrás del fenómeno. Este provoca que las personas permanezcan impasibles, sin ofrecer o ayudar a una víctima ante un problema. Cuanto mayor es el número de implicados, este se produce más intensamente.

A veces se denomina al efecto espectador como efecto de apatía del espectador, pero numerosos investigadores explican que es incorrecto ya que las personas suelen sentir una preocupación genuina por la víctima.

Ya en 1968, los doctores en psicología John M. Darley y Bibb Latané demostraron en su laboratorio este fenómeno. En su descripción, los investigadores comprobaron cómo según aumentaba el número de implicados ante una situación de emergencia, mayor era el tiempo de reacción. Es decir, cuanta más gente hay, más tardan las personas en hacer algo por socorrer a la víctima. ¿Pero, por qué ocurre? Existen varios factores que explican el efecto. En psicología, dichos factores se dividen en la ambigüedad y las consecuencias de la situación, la comprensión del medio en el que ocurre la tragedia, el contexto social, la cohesión grupal y la difusión de la responsabilidad. También afecta al efecto espectador la diferencia cultural, aunque depende del contexto.

La principal razón para no actuar, explican los psicólogos, es la difusión de la responsabilidad. Cuando ocurre algo malo, una emergencia, el grupo espera que otro miembro actúe. En ocasiones, esa responsabilidad se delega en un cuerpo oficial que tome el asunto y sus consecuencias por voluntad propia. Otro aspecto fundamental es la anulación del altruismo de grupo, algo que ocurre cuando existen mayores similaridades entre la víctima y los espectadores. En definitiva, el efecto espectador podría verse como una especie de inmovilismo protector hacia uno mismo. Eso no quiere decir que los espectadores no estén preocupados o que no estén dispuestos a actuar. Sencillamente, la situación se ha impuesto y los ha desarmado. Esto también explica que en ocasiones el fenómeno mantenga a los espectadores demasiado cerca de la escena, a pesar del peligro potencial que supone.

El efecto espectador en la era de las redes sociales

En la actualidad, este efecto se mezcla con la fuerte presencia de las redes sociales, todo el mundo lleva en su bolsillo un móvil con cámara. Es más, la mayoría está más que acostumbrada a compartir una situación, grabarla y almacenarla para la posteridad. Es una acción tan instintiva que el proceso es casi automático.

Pero ¿qué papel juegan las redes sociales en este fenómeno? ¿Nos estamos volviendo aún más apáticos? El problema, creen los especialistas, es que grabar y compartir en una red social se interpreta como una forma de actuación. Esto mitiga en parte el efecto espectador ya que mediante la posibilidad y la acción de compartir la información por redes ya estamos cumpliendo con una parte que creemos necesaria.

En la última década los vídeos de abusos, agresiones y accidentes se han esparcido por la red, creciendo en un número increíble. "¿Y por qué nadie hace nada?" Fuera de la situación, ya sobre aviso, es mucho más fácil decidir actuar. Cuando el peligro no nos afecta de manera directa, nuestro cerebro trabaja sobre varias hipótesis, con la seguridad de por medio. Pero cuando estamos enfrentándonos a la emergencia, la reacción es mucho más pequeña. No existen las mismas posibilidades porque no tenemos la objetividad de la seguridad. Así que actuamos de una manera obvia: siendo espectadores. Pero espectadores activos. Es decir, cumplimos con lo que el fenómeno nos exige pero, a la vez, actuamos.

Este tipo de comportamientos ha creado un sinfín de reacciones y discusiones sobre ética periodística. ¿Debemos difundir las imágenes en las redes? ¿Por qué grabamos en vez de hacer algo por ayudar? ¿Cómo se atreve nadie a subir esa información? Lo cierto es que ese modus operandi es una reacción natural. ¿Está justificada? No vamos a entrar a discutir sobre la naturaleza humana, ni tampoco sobre asuntos legales, al menos en este artículo. Pero pensad que, sin justificar el comportamiento, cuando una tragedia como el ataque terrorista de Las Rambla golpee con fuerza, si alguien contempla sin saber que hacer, o, incluso, lo graba, lo está haciendo por naturaleza, y no por mezquindad o morbo.

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