Hace unos días Renault anunciaba que, junto a Ferrovial y con el beneplácito del Ayuntamiento de Madrid, a lo largo de octubre estrenaría su servicio de carsharing en la ciudad.

Sin sorpresas y siguiendo la dinámica del resto de las empresas que habían entrado meses antes a operar con sus pequeños coches eléctricos. Sin tener que pagar estacionamiento en las zonas reguladas por su condición de eléctricos, a través de una app y con un pago por minutos a precios lo suficientemente competitivos como para que sea más rentable coger un coche alquilado que ir en taxi o Uber. Emov, con Citroen tras ellos, y Car2Go directo de las fábricas de Daimler, ya son unos expertos en estas lides. Durante algún tiempo, BMW hizo varias intentonas para comenzar a operar en España con sus i3, Mini o Serie 1. Sin embargo, de momento esta modalidad que ya se puede ver por las calles de Berlín no ha aterrizado al sur de los Pirineos.

Ahora bien, ¿qué ha sido de Ford? La compañía ha estado trabajando desde hace años en un cambio de estrategia que busque acercarse a las nuevas tendencias en el mundo de la automoción. Su proximidad a la tecnología, al vehículo eléctrico y conectado y su foco en el público joven se ha hecho patente a lo largo de varias decisiones estratégicas tomadas por la multinacional. De hecho, desde la compañía se ha comentado en varias ocasiones que el entender las pautas de consumo millennials, los consumidores del futuro, era un trabajo que debía gestarse durante años con el objetivo de lograr entender aquello de la democratización del consumo: la propiedad privada ya no es el único recurso, ahora entrar más factores en juego. Y en todo este contexto, era de esperar que tarde o temprano Ford pusiese su propio servicio de carsharing sobre la mesa y más concretamente en España; geografía donde esta modalidad ha tenido más aceptación por parte de los usuarios en su comparativa europea. Pero la realidad es que no se le espera por el momento ni existen pilotos similares en otros países de la mano de Ford.

Y no será por falta de recursos. Ford cuenta con un modelo en toda su gama disponible que, en principio, cumpliría las características que se requieren en todo este proceso. Modelo compacto, 100% eléctrico, autonomía de hasta 225 kilómetros y batería de carga rápida: el Ford Focus sería el modelo idóneo para competir con el resto de jugadores. ¿Los problemas? En España aún no se ha comercializado y, en cierto modo, su variante eléctrica es de la más recientes en el mercado: los Focus eléctricos se estrenaron en 2017.

Centrados en los servicios lanzadera, pero en Estados unidos

Según Ford, tampoco hay fechas previstas para España para su proyecto paralelo, el que más se asemejaría al carsharing. Por lo que, de momento, su actividad se centra en Estados Unidos, en Nueva York.

Lo anunciaban a mediados de verano: Ford estrenaba Chariot en la ciudad estadounidense, un sistema de crowdsourcing para entrar a formar parte de los modelos de movilidad de la Gran Manzana. El objetivo era comunicar zonas con poca densidad de transporte público y que fuese ruta común de varios pasajeros, puesto que los vehículos elegidos se asemejan más a pequeños autobuses que a los coches para dos o cuatro personas del carsharing.

Con una tarifa plana de 4 dólares, se parecería más a un sistema de autobuses complementario que a la idea de compartir coches. Sin embargo, sería prácticamente un sistema de economía colaborativa al uso, en el que los propios usuarios decidan los trayectos más populares.

En cualquier caso, mucho está tardando Ford para ponerse manos a la obra con su servicio de coches compartidos.