Rusia fue algo más que un espectador en las elecciones de Estados Unidos. El país gobernado por Vladimir Putin intentó hackear el sistema electoral durante los comicios presidenciales que dieron la victoria a Donald Trump con el pirateo de cuentas y el intento de interceder en los ordenadores, según un informe de la Agencia de Seguridad Nacional (CIA, por sus siglas en inglés) que fue publicado por The Intercept.

Una nueva investigación de Bloomberg ha relevado nuevos datos sobre el hackeo del Kremlin y ha elevado a 39 los estados que fueron blanco de Rusia. Los intrusos cibernéticos intentaron modificar o eliminar datos de los votantes, así como acceder a un software diseñado para los trabajadores que forman parte de las mesas electorales durante el día de las elecciones. Además, la investigación publicada afirma que en un estado se logró acceder a una base de datos del financiamiento de campaña, aunque no se especificó qué territorio fue el afectado.

El estado de Illinois ha sido uno de los más relevantes en la obtención de datos sobre la violación de seguridad en el sistema electoral y ha proporcionado acceso total a las autoridades a su sistema. Los hackers lograron violar la seguridad y obtuvieron datos de 15 millones de personas en Illinois, como sus nombres, fechas de nacimiento, género, licencias de conducir y números de Seguridad Social. El documento de Bloomberg afirma que se comprometieron 90.000 registros.

A pesar del gran alcance del ataque, no existe ninguna evidencia de que la intervención de Rusia en las elecciones de Estados Unidos del pasado noviembre de 2016 haya afectado en el resultado final de los comicios. Los hackers lograron entrar a las bases de datos de los votantes, pero la eliminación de esos datos solo tuvo objetivos estratégicos y no una influencia directa en el resultado de las elecciones presidenciales. Por otro lado, no existen indicios de que las máquinas de votación hayan sido atacadas cibernéticamente.

Antes de que Trump se convirtiera en presidente, Barack Obama alertó al Kremlin de las consecuencias de los ataques y les advirtió del inicio de un conflicto si no cesaban los intentos de hackeo. Por su parte, dos comités parlamentarios, un fiscal general y la Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) han iniciado las investigaciones para determinar si los ataques pudieron haber beneficiado a Donald Trump o si el equipo de campaña del magnate pudo haber tenido relación con el ataque.

El director del FBI y el encargado de llevar a cabo las investigaciones sobre la trama rusa, James Corney, fue despedido por Donald Trump el pasado mes de mayo. Por su parte, Vladimir Putin ha negado que Rusia haya tenido alguna relación con los ciberataques.

Fuentes consultadas por Bloomberg han mostrado su preocupación por el hackeo de Rusia. A pesar de no haber tenido una influencia en las elecciones que dieron la victoria a Donald Trump, el país gobernado por Putin logró entrar en archivos electorales de distintos territorios de Estados Unidos y, para los próximos comicios, los hackers rusos podrían mejorar su táctica y lograr un ataque cibernético de mayor envergadura.