Es una de las niñas bonitas de Lanzadera, la famosa aceleradora de startups de Juan Roig, y ha sido protagonista en varias ocasiones gracias a su producto estrella: Sepiia, la startup de camisas que ni huelen, ni se manchan y que tampoco se arrugan. En El Confidencial, incluso, llegaron a probarlas durante una semana. Magia dirían algunos, aunque más bien va por el lado de la ciencia.

Su fundador, Federico Sainz de Robles venía del Instituto Tecnológico Textil (Aitex) de probar nuevos productos, materiales y técnicas en el sector de la moda. De su experiencia personal sabía lo que sabemos todos: una camisa mal doblada en una maleta jamás llega en buenas condiciones. Y si además se es del género torpe, lo más seguro es que se manche en poco tiempo. Problemas del primer mundo que dirían algunos.

A mil leguas de Zara

El primer paso para Sepiia era testar la necesidad. Comprobar que realmente había una demanda por parte del público y realmente la había, pero todos bajo la misma petición: ya podía ser todo lo inmune que se quisiese a las manchas y el olor, que si no era bonita nadie se la pondría. O, mejor dicho, nadie se la iba a comprar; que para una empresa es tanto peor.

"Parece muy lógico, pero muchas empresas que hacen cosas muy técnicas desarrolladas por ingenieros el factor diseño queda en segundo plano y terminan saliendo cosas de ortopedia".

Para un público definido de entre 28 años y 35 años, con una vida profesional y social agitada y con necesidad de tener un fondo de armario polivalente se creaba Sepiia hace ahora, aproximadamente, un año. La realidad es que sus previsiones, en lo que a target se refiere, no han sido del todo certeras. El público de mayor edad, ese que se pensaban fuera del círculo, ha sido un de los que más se ha visto atraído por el producto. Así que básicamente han hecho lo que en teoría ninguna marca de ropa debería hacer: prescindir de los grupos sociales muy definidos y dirigir todos sus esfuerzos a ellos.

Empezaron con dos pequeñas pruebas de no más de 150 unidades cada una, de las que algunas tuvieron que irse a la basura y otras pudieron venderse. Pequeños pedidos que tenían como objetivo testar a escala y en fábrica unas técnicas que sólo habían sido reproducidas a nivel laboratorio. Para la nueva ronda de pedidos ya hay 1.000 en espera que se irán entregando en las próximas semanas. Todo esto ha generado unos ingresos de no más de 11.000 euros en las cuentas de la pequeña empresa textil afincada en Alcoi, que según cuenta su fundador se han ido al 100% a pagar todas las inversiones iniciales. Con lo puesto y esperando los ingresos de la nueva remesa, su objetivo para los próximos pedidos es implantar el prepago; de esta forma ellos ya generan ingresos con los que pagar a proveedores y poder pasar a la siguiente ronda. A 80 euros por camisa aproximadamente, precio que según ellos está ajustado a los estándares de producción (100% en España); el objetivo era que el total se mantuviese por debajo de los 100 euros y, efectivamente, se ha conseguido. Y sin rondas de financiación porque, de momento, no hay ninguna a la vista.

Un modelo de negocio arriesgado que se aleja de la tendencia que se ha impuesto en el mundo de la moda y que ha popularizado el imperio de Amancio Ortega, especialmente en su buque insignia Zara. La moda efímera que ha obligado a las grandes marcas a renovar completamente sus colecciones con mucha más rapidez, aunque prácticamente ninguna ha logrado superar la velocidad de creación y producción de la firma gallega.

Lo que la ciencia esconde

Básicamente el éxito de Sepiia radica en la ciencia y tecnología que hay detrás de sus camisas, porque empresas que fabrican este producto en el mundo hay millones, pero así prácticamente ninguna. Y sí, de momento sólo son camisas para hombre porque como comenta Fede, "es una de las prendas más universales y el mercado masculino tiene menos variantes que el de la mujer. Pero ahora vamos a empezar con dos camisas de mujer y un polo de hombre que son dos prendas en las que podemos aprovechar los procesos". El tema de los pantalones también se contempla, pero requieren otros materiales y procesos que aún no se han llevado a cabo.

Dentro de su ciencia, la realidad es que no hay nada nuevo ni inventado. Básicamente, los procesos que se han tomado como referencia ya formaban parte de otros textiles, enfocados al sector industrial, pero no se habían adaptado a la ropa de "calle".

En un primer momento, explica Fede, todo parte del material de la camisa: una fibra de poliester, supuestamente intrincada con una forma de trébol por la que, gracias a su forma, puede circular el aire y la humedad con mucha más facilidad. Esto explicaría su capacidad de ser transpirable y la de eliminar el agua, ya sea corporal o con otro origen, con mucha mayor facilidad. Para el tema del olor se ha recurrido a las partículas de plata. En el momento de la fabricación de la fibra de poliester con la que se tejerá la tela se añaden partículas de plata que se entremezclan con la propia fibra. Su trabajo es actuar como antibacteriano, lo que ayuda a eliminar el mal olor del sudor corporal; que no el mal olor ambiental. Para eso estarían trabajando en un tratamiento basado en las conocidas como las Zeolitas, un mineral microporoso que tiene la capacidad de absorber malos olores que no tengan origen bacteriano.

Respecto a las manchas, tampoco hay demasiada novedad al respecto. Cada prensa lleva un tratamiento hidrófugo y oleofugo que tienen la capacidad de repeler los líquidos. Pero, ojo, hay que tener cuidado de que los líquidos no estén demasiado calientes. Una mayor temperatura implica una reacción diferente en el tejido, por lo que el efecto termina perdiéndose. Y tampoco funciona con la tinta: su composición le hace tener una características muy especiales y complejas. En otras palabras, sería el mismo efecto que tendría una pequeña bola de mercurio en una superficie lisa.

El resto ya corre a cuenta del equipo de confección: una costura que evita que se arrugue más de lo conveniente, el estampado y listo.

El problema de todo esto, comenta Fede, es "que hay que aprender a usar la camisa. Los libros de instrucciones han llegado incluso a las propias prendas de ropa. Se han visto unos cuantos vídeos en los que alguien aparece restregándose una mancha de ketchup por toda la camisa. Error. Lo peor que puede hacer es arrastrar la mancha, puesto que si frotamos lo que ocurre es esta se "engancha" a la parte interna de la camisa. Donde, efectivamente, no hay tratamiento antimanchas por aquello de no dejar la humedad corporal dentro de la camisa. Con ponerlo debajo del agua un rato será suficiente.

Una Cenicienta de 15 días y uno 25 ciclos

Como todo en esta vida, Sepiia también tiene fecha de caducidad. Si bien no es a las 12 de la noche como Cenicienta, el efecto mágico de la ciencia termina acabándose. Por un lado, está la cuestión social; más de uno rechazaría ponerse una camisa una segunda vez si esta no se ha lavado previamente a pesar de no necesitarlo. Ni que decir tiene que aguantarla entre 10 y 15 días alternos puede ser demoledor.

Lavándose igual que cualquier prenda, la marca recomienda que al día 15 se meta en la lavadora, aunque si hay algún valiente en la sala animan a intentar aguantar hasta el límite. Por una razón muy simple: cuantos más lavados tenga la camisa, menos durará su efecto. Al menos el antimanchas. El resto está integrado en el propio tejido, mientras que el que evita que se queden las marcas es un tratado posterior, lo que implica que sus propiedades se vayan por el desagüe, literalmente, con el paso del tiempo. Aguantando 60 ciclos de lavado, las propiedades han ido perdiendo efecto pero se han mantenido. A partir de ahí mejor evitar todo lo que sea potencialmente peligroso para la camisa, como de costumbre.

En este punto, muchos se preguntarán que para qué gastarse 80 euros en algo que perderá sus cualidades. Fede apunta al hecho de que están trabajando saber cómo reactivar el efecto antimanchas con otro tratamiento si el cliente lo desea; sólo tendrán que reenviar la camisa y listo.

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