La disputa abierta entre Apple y Qualcomm por el asunto de los royalties está empezando a alcanzar tintes similares a la famosa disputa con Samsung de 2012, que se saldó con la prohibición a Samsung para vender varios de sus terminales en los Estados Unidos tras una contienda judicial con Apple. Si hace tan solo una semana Apple se negaba en rotundo al pago de los royalties de Qualcomm hasta que no se resolviera el litigio, ahora es la compañía de chips la que está intentando detener la venta del iPhone en EE.UU. por este asunto.

Y es que los casi 500 millones que ha dejado de ingresar Qualcomm en el último trimestre por el freno del pago de Apple han sido un duro golpe para sus cuentas. Tanto que, con un negocio puesto en entredicho tras los últimos movimiento de Samsung y la cada vez menor dependencia de sus productos en el mercado chino, esos ingresos extras son un buen pico en las cuentas de Qualcomm como para dejar de percibirlo. Más aun cuando la compañía considera que tiene pleno derecho a cobrar esos royalties por cada iPhone vendido que usa tecnología de Qualcomm.

Ahora es el fabricante de chips el que va a solicitar a la International Trade Commission (Comisión de Comercio Internacional) que prohíba formalmente a Apple la importación a los Estados Unidos de su terminal insignia (que en términos generales se fabrica y ensambla en Asia), según podemos leer en Bloomberg.

Recapitulando un poco el conflicto, que se remonta a principios de año, comenzó con una demanda de la FCC ante Qualcomm por unas posibles tácticas de monopolio que obligaba a las empresas a pagar royalties superiores a los convencionales por algunas de las patentes de la compañía.

Eso supuso que Apple demandase a Qualcomm por cerca de mil millones de dólares, y mientras la demanda está a la espera de resolución, parece que las cosas se complican para Qualcomm, al menos de cara a cuadrar sus proyecciones financieras en un momento en el que la compañía ve cómo el negocio de los chips está pasando a ser uno de los activos in-house más importantes de los grandes fabricantes en mercado en consolidación y expulsión de los jugadores menos potentes, que han encontrado en Asia alternativas a los todopoderosos Qualcomm del pasado.

Lo gracioso del asunto es que Qualcomm gana dinero por cada iPhone vendido por una cuestión de regalías.

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