Seguro que uno de los argumentos que más has escuchado decir a alguien que prefiere leer sus libros en papel que hacerlo en un libro electrónico se refiere al olor de estos. También seguro que te has fijado en que el olor cambia con el tiempo, aún si no has sometido al libro a ambientes que hagan lógico este suceso, y que puede ser un auténtico ambientado masivo en librerías de segunda mano o bibliotecas de anticuario.

¿De dónde viene el olor en los libros? Para responder a esta pregunta debemos tener presente tres fuentes principales: el papel, la tinta y el pegamento.

El papel viene de la madera, como todos sabemos, la cual es triturada y mezclada con ciertos productos químicos. "En la madera, las moléculas de glucosa —un tipo de azúcar— son capaces de enlazarse formando largas cadenas especialmente estables llamadas celulosa". Esta estabilidad es debida a que estas largas cadenas pueden apilarse formando varias capas imposibles de descomponer para la mayoría de compuestos químicos gástricos. Por ese motivo, la mayoría de animales no son capaces de comer madera, incluidos los seres humanos. Existen algunos, como las termitas, pero en su mayoría los consumidores de celulosa son microorganismos. Si comemos celulosa, como algunos niños que desarrollan la mala costumbre de comer papel, para sufrimiento de sus padres, esta pasa a través de todo nuestro sistema digestivo intacto, simplemente arrastrando moléculas de agua por el camino —fomentando la diarrea—.

En lo que respecta al olor, la gente que trata de describir a qué huele el olor a libro suele decir algo así como “a goma”, “una combinación de notas a hierbas”, “algo así como ácido” o “¿un toque de olor a vainilla?”. La verdad es que varía porque el secreto del perfume está en los cientos de compuestos orgánicos volátiles (COV) que componen el libro de páginas de papel, tinta y pegamento. Por eso los diferentes materiales utilizados en la fabricación del libro alterarán el perfil y puede variar un poco de uno a otro, y también con el tiempo.

Podríamos decir que, primero, depende de si el libro es nuevo o viejo. Al principio huele fundamentalmente a tinta, adhesivos aún frescos y químicos artificialmente adheridos. Este olor es más bien dulce pero antinatural y no existe algo en la naturaleza con lo que se pueda comparar con exactitud. Hay gente que dice que como a goma, chicle, sosa cáustica… Se produce entre la mezcla del etilvinilacetato presente en el adhesivo, el AKDs que se usa comúnmente como un 'agente de encolado' para mejorar la resistencia al agua del papel, el peróxido de hidrógeno usado en la pasta del papel y los petroquímicos que usan las tintas de imprenta. Pero como las marcas varían las proporciones de co-polímeros orgánicos varios, el olor de un libro frente a otro puede variar sutilmente.

Photo: Natalie Collins.
The Urban Bean Coffeehouse Cafe, Orange Park, United States.

Por otra parte, cuando el libro se va haciendo viejo estos olores anteriores se van secando y evaporando. En su lugar, la mezcla particular de compuestos que queda es el resultado de una red de vías de degradación y depende de la composición original del sustrato de papel.

Sí, el olor cambia simplemente porque, aunque suene poco romántico, los compuestos químicos utilizados comienzan a descomponerse. Esto se denomina 'hidrólisis ácida’. En concreto, el papel, que contiene lignina, el polímero más abundante en el mundo vegetal y cuyo fin es hacer de tejido estructural de soporte en las plantas y algunas algas, da el mayor olor al descomponerse: es olor a compuestos de manera pudriéndose. A más antiguo sea el libro más fuerte huele. Cuando la lignina se oxida, no solo da lugar al papel amarillento, también desprende un olor más ácido. Al principio es la culpable del supuesto olor a vainilla, la lignina está estrechamente relacionada con la vainillina, después el olor se va acercando más a la hierba y termina similar al moho.

Por su parte el 2-Etilhexanol produce una ligera fragancia floral de fondo y los olores dulces que la gente reporta que permanecen probablemente provienen del tolueno o metilbenceno.

Por supuesto, la proporción de lignina es mucho menor en los libros más modernos que en los libros de hace más de cien años, por eso huelen distinto. Ahora se somete a la paste de papel a muchos compuestos para paliar las reacciones de oxidación y cuesta muchísimo llegar a oler algo diferente a químicos si el libro no se maltrata. Por lo tanto, no. Actualmente el olor de la colección de alguien no es una mezcla de madera podrida y ácaros, probablemente apenas habrá logrado desprenderse de parte de los olores químicos iniciales.

De hecho, el olor es un buen indicador del estado de deterioro del papel, y se han desarrollado varias técnicas para detectarlo de manera temprana y poder revertir, o hacer más lento en su defecto, el proceso de descomposición. Por ejemplo, la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos trata 250.000 libros al año con óxido de magnesio, porque es capaz de disminuir la acidez del papel.

En cuento a si hay un mercado en el olor del papel antiguo. Existe, pero no parece masificado. A lo mejor es porque no es tan simple como mezclar un poco de olor a hiervas con vainilla y tinta. Tal vez es una cosa más complicada y el placer que reporta una biblioteca antigua vaya más allá de cómo huele. Puede ser un fenómeno subjetivo frente al hecho de pasar páginas que hablan de un proceso de años y años. Tal vez simplemente nos gusta porque no solo huele a historia, sino lo es.

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