Matthias Töpfer

Parece que a Jack no le queda otra salida. Los rumores hace tiempo que venían apuntando a un modelo freemium o, al menos, una nueva fuente de monetización directa que permitiese a la compañía mantener el rumbo. Las cosas no están muy bien para Twitter, su fuerza en el mercado ha caído constantemente desde su salida a bolsa, y los accionistas están perdiendo, literalmente, la paciencia con los palos de ciego de la dirección.

Las dimisiones del personal ejecutivo de la compañía, la sustituciones a la carrera y la llegada de responsables de área que, paradójicamente, llegan de sectores tan dispares al de Twitter que ni siquiera tienen cuenta en la red social, son algunos de los movimientos que despiertan la desconfianza en los mercados. La salida de Dick Costolo en un momento complicado no hizo más que acelerar las cosas, y el hecho de que Jack esté jugando a dos bandas con Twitter y Square sigue sin estar bien visto para una compañía que se ha dejado casi 2/3 de su capitalización en apenas tres años.

Además, el número de usuarios que la compañía ve crecer cada trimestre se ha frenado considerablemente, mientras que los costes se han mantenido más o menos estables. El ingreso medio por cada usuario de Twitter ha crecido desde los 1,97 dólares por usuario para un total de 204 MAUs en 2013 hasta los 5,14 dólares/usuario para los 302 millones de MAUs en 2015. Los números, en este sentido, son sanos, pero el problema es que visto el nivel de crecimiento, parece que la compañía ha alcanzado su techo.

Todavía puede aumentar el ARPU con el nivel de usuarios actual, más publicidad, más opciones de tweets promocionados o un aumento de los precios a los anunciantes son algunas de las opciones que la compañía tiene para aumentar los ingresos, pero de nuevo corre el riesgo de un éxodo de anunciantes o, lo que es peor, de usuarios, que son al final los que determinan los ingresos.

Con este contexto, y con el mercado presionando cada día más la acción de la junta, la llegada de pago a Twitter, al menos para los usuarios más activos, es un movimiento más que esperado. Pero, y todavía no es oficial, llega tarde. Y lo hace porque la capilarización de las redes ha reducido Twitter a un segundo plano. De todas, y quitando Snapchat, es la que menos crece y la que menos usuarios activos tiene.

Los años dorados de Twitter, de los influencers, de los Klout y de los años en los que el usuario regular acudía con frecuencia a Twitter se terminaron. Ahora la red social es un nicho de periodistas, inconformistas, enfadados, cuentas fakes y en última instancia, un número reducido de usuarios que utilizan la red social para complementar parte de su experiencia diaria con la TV, que es precisamente la que suele exagerar el papel de Twitter en la vida de los usuarios. Twitter, a día de hoy, es un nicho. Un nicho grande, pero un nicho al fin al cabo, como también lo son Reddit y un sin fin de plataformas más que, en números brutos, tienen lo mismo que Twitter.

Por suerte para la compañía, los nichos son los que más predispuestos están a pagar por un servicio. Y ese puede ser uno de los caminos a seguir. La respuesta de los usuarios, ya la veremos. Pagar por Twitter puede ser, paradójicamente, el salvavidas de Jack, pero también puede ser un movimiento que determine el nivel al que los usuarios están dispuesto a pagar por contenidos de terceros centralizados en una plataforma.

Mientras Twitter se piensa si hacer pagar a sus usuarios o no, todavía no han terminado de afinar qué van a hacer con el abuso, las cuentas falsas y todos los problemas implícitos de la plataforma. Y no sé hasta qué punto alguien estaría dispuesto a pagar para que los trolls sigan acampando a sus anchas.

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