El Informe mundial de la felicidad es una encuesta del estado de felicidad global. El primero fue publicado en abril de 2012 y desde entonces, han ido ganando reconocimiento y añadiendo más países y variables. Este año ha salido el quinto informe, en un evento de las Naciones Unidas, con motivo del Día Internacional de la Felicidad que se celebra el 20 de marzo.

La felicidad se considera una medida para valorar el progreso social y el bienestar, no es sólo un concepto subjetivo. De hecho, se ha demostrado que en Europa, desde las elecciones de 1970, la satisfacción de la vida que en general tenga el pueblo es la mejor forma de predecir si el Gobierno será o no reelegido. Su inconveniente es que se puede medir en base a múltiples dimensiones sobre cómo las personas evalúan la calidad de vida en general: estados como el disfrute, el estrés, la preocupación por su día a día, la esperanza de una vida sana, la percepción sobre la honestidad y generosidad general, las preocupaciones sobre el Gobierno y la ausencia de corrupción, los ingresos o su satisfacción respecto a su lugar de trabajo, etc. Sin embargo, los factores clave son los factores económicos (como el ingreso y el empleo), los factores sociales (como la educación y la vida familiar) y la salud (mental y física).

La satisfacción de la vida que en general tenga el pueblo es la mejor forma de predecir si el Gobierno será o no reelegido.

El informe arroja que la miseria mundial podría eliminarse, en principio y en teoría, eliminando la pobreza, la baja educación, el desempleo, la soledad y las enfermedades físicas y mentales. Estamos pidiendo mucho, por supuesto. Sin embargo, es curioso que en todos los países el efecto más poderoso provendría de la eliminación de los trastornos depresivos y de ansiedad, que son la principal forma de enfermedad mental. Sería no sólo la más efectiva sino también la forma menos costosa de reducir la miseria.

Contrariamente a lo que pueda parecer, tanto en los países más ricos, como en los más pobres, las diferencias de felicidad dentro del país no se explican principalmente por la desigualdad de ingresos, sino por las diferencias en salud —mental, física y de relaciones personales—. En los países más pobres los ingresos tienen mayor influencia pero de manera general, la principal fuente de miseria es la enfermedad mental.

Siendo concretos, en países occidentales, la ausencia de enfermedades mentales —trastornos depresivos, ansiedad, etc.; alrededor del 22% de la población en EEUU, por ejemplo, tiene este diagnóstico— es más importante que el nivel de ingresos, el empleo o las enfermedades físicas. Por el otro lado, en Indonesia, por ejemplo, consideran la salud mental más importante que la física pero menos que los ingresos. Sin embargo, la eliminación de la enfermedad mental reduciría la miseria más que la reducción de la pobreza dado las altas tasas de estas.

De hecho, resulta curioso que en todos los países, la salud mental siempre es, por lo menos, más importante que la salud física.

Añadido a esto, en todos los países, habría menos miseria si menos gente viviera sola. La educación tiene un efecto positivo en todos los países también, pero, tristemente, está siempre por debajo de los ingresos. En cuanto a cómo se obtienen tales ingresos, el desempleo provoca una caída importante en la felicidad, e incluso para los que trabajan, la calidad del trabajo puede causar grandes variaciones. Un empleo en el que se sufre puede ser peor que ningún empleo en lo absoluto. Para terminar, según el informe, si bien se podrían hacer muchas cosas para mejorar la vida humana mediante políticas dirigidas a los adultos, se podría lograr, en algunos casos, más impacto concentrándose en los niños.

Los datos.

Noruega encabeza la clasificación global de felicidad para este 2017. El año pasado, en 2016, estaba en 4º puesto, por lo cual ha dado un salto importante. Dinamarca, Islandia y Suiza le siguen muy de cerca. Finlandia está en el quinto lugar, seguido por Holanda, Canadá y Nueva Zelanda. Australia y Suecia empatan en la novena posición.

España está en la posición 34, levantando lentamente tras su caída junto con los diez países con las mayores disminuciones; típicamente sufridas por combinación de tensiones económicas, políticas y sociales asociadas a la crisis económica (Grecia, Italia y España fueron los cuatro países de la zona euro que sufrieron más la experiencia posterior a la crisis económica —se analizó en detalle en World Happiness Report 2013—).

México ostenta la posición 25, pero llama la atención que su expectativa de vida sana tiene el valor más bajo del mundo.

Por último, sin sorpresas, África destaca como el continente más infeliz. Sólo dos países africanos han logrado avances significativos en felicidad durante la última década.

Sin embargo, para arrojar algo de esperanza, esto es en términos objetivos. Subjetivamente el optimismo de África puede ser excepcional. Las personas africanas demuestran sobrevivir y hacer que la vida sea soportable incluso en circunstancias totalmente opuestas a perfectas. Esto podría explicarse por varias razones pero, según el informe, la fe podría calmar la infelicidad de África: un reciente estudio de Pew sobre la religiosidad en 30 países encontró que la importancia de la religión es mayor, en promedio, en África que en cualquier otro lugar.

De todas formas, en última instancia, la relativa felicidad que poseen es causada por su asombrosa resistencia. En casi todos los países africanos, el optimismo juvenil está por encima del promedio nacional. Es probable que esta creencia de que las cosas pueden cambiar para mejor, ayude a los africanos a manejar sus vidas en circunstancias difíciles.

Aquí tienes el informe completo: World Happiness Report 2017.