Es posible que ante la pregunta que aquí nos ocupa las respuestas varíen mucho de persona a persona. Para algunas, la felicidad se encuentra en los pequeños placeres; para otras, es una meta inalcanzable y para otras el resultado de grandes momentos o bien una rara avis en el transcurso de la vida.

Si bien es cierto que la felicidad es un factor que depende de cada persona, también es cierto que lo que nos hace felices se puede enumerar y, además, parece haber consenso, hasta ahora, de lo que se ha concluido a través de años de estudios.

Spoiler: no es el dinero

Muchas veces el poseer dinero se ha equiparado con el nivel de felicidad de las personas, pero no hay nada más equivocado. Parece ser que los billetes no son ni la fuente de la felicidad, ni el camino hacia ella, ni aseguran la felicidad de quien los posee. Por el contrario, es posible que un cambio significativo en la posición económica, por ejemplo: las personas que ganan la lotería, luego de la euforia inicial, sean mucho más desdichadas que antes de llevarse el premio mayor a casa.

En diversos estudios sobre la relación de la felicidad y el dinero se ha encontrado que poseer más de éste último no significa necesariamente ser más feliz que otros. Diversas cantidades de dinero se manejan como el "ideal" que nos puede proporcionar mayor bienestar (que no felicidad). Lo importante aquí es considerar el hecho de que si el dinero que ganamos llega a satisfacer las necesidades básicas y un poco más que nos permita darnos algunos gustos, poco abonará a nuestra felicidad a partir de ahí, por el contrario, ganar una cantidad mucho mayor puede generarnos disgustos y estrés. En resumen: "el dinero no es la felicidad", y bien se podría agregar a esta frase "pero cómo se le parece", pero ya vimos que también esto tiene sus matices.

Pero... ¿qué es la felicidad?

Fotografía: Mila Supinskaya - Shutterstock
Fotografía: Mila Supinskaya - Shutterstock

Bueno, esta pregunta parece mucho más apropiada antes de lanzarnos en su búsqueda y sin embargo no es fácil de definirse. Corrientes de pensamiento, tradiciones espirituales y demás la han definido de distintas formas: como un estado, una decisión personal, o bien un derecho. Sin embargo, tal vez valga la pena una redifinición de lo que queremos decir con "ser feliz". Y es que, muchas veces al querer decir felicidad nos referimos a cualidades del bienestar: tener salud, oportunidades, libertad. Otras veces ponderamos la felicidad como una meta en la vida cuando lo que queremos tener es la oportunidad de desarrollarnos como personas integrales.

Las percepciones erróneas de la felicidad bien pueden ser motivadas por el bombardeo mediático que ha convertido la felicidad en un producto, además de que dan mensajes sobre el modo de vida ideal para "conseguir" la felicidad. Pero, como veremos en el último apartado de este artículo, las evidencias indican que la felicidad está mucho más relacionada con otras cosas que nada tienen que ver con las posesiones materiales y posiciones sociales en sí, sino qué hacemos con estos factores y cómo nos relacionamos con los demás.

Empatía, gratitud, optimismo, amabilidad, caridad

Sí, parece una lista de términos que se puede leer en cualquier libro de superación personal o de comerciales de refresco, sin embargo, no dejemos de lado lo que sí nos proporcionan estos sentimientos y actitudes, sobre todo si los volvemos un hábito de nuestra vida.

Es cierto, hay personas mucho más propensas a ser felices que otras. Se estima que el 40% de la capacidad para ser felices tiene que ver con nuestra herencia genética, el otro 40% tienen que ver los eventos en nuestra vida y, por último, el resto depende de nuestro papel social y espiritual, es decir: de nuestra fe; nuestra familia y amigos; de nuestro desempeño en comunidad, y, finalmente, de nuestra actividad o trabajo.

Como podemos analizar, si bien el 40% que corresponde a una disposición genética, el resto depende de nosotros mismos. Claro, muchas veces no tenemos control de lo que nos ocurre (esto por el otro 40% mencionado) pero lo que sí podemos controlar es cómo responder a esos eventos y por esto somos responsables de este porcentaje. Por otro lado, el otro 20% es esencial que lo desarrollemos porque no depende de nadie más que de nosotros mismos.

Hablar de fe no significa necesariamente algo religioso sino ese aspecto que nos hace conectar con nuestra espiritualidad, eso que nos hace sentirnos conectados con los demás y ser parte de algo maravilloso. El longevo estudio de 75 años enfocado a la felicidad realizado por la Universidad de Harvard ha concluido varias cosas interesantes al respecto: que la calidad de las relaciones personales son esenciales en el nivel de felicidad que experimentan las personas. Es por esto que dedicar tiempo de calidad a la familia y amigos siempre será una buena decisión.

En cuanto a nuestro trabajo, es decir, esa actividad a la que nos dedicamos y por la que obtenemos remuneración debería ser algo que nos haga sentir parte de algo importante. Es decir, es mucho más importante de lo que creemos (y nos proporciona mayor felicidad) sentir que nuestra labor tiene valor y que esto sea reconocido que la posición en el organigrama. Es por esto que cambiar de trabajo nos puede hacer mucho más felices y sanos.

Así pues, sea lo que sea lo que significa para cada quien la felicidad, podemos deducir que es nuestra responsabilidad y depende de nuestra capacidad de respuesta ante los eventos de la vida. Nada de esto tendría relevancia si no comprendemos la importancia de la gratitud; ser agradecidos, dice Matthieu Ricard (bautizado como "el hombre más feliz de la mundo") es la clave de la felicidad.