El valle sobre el que se asienta una de las ciudades más grandes de mundo hace de la Ciudad de México un campo idóneo para la experimentación de políticas públicas para disminuir las emisiones contaminantes.

La Ciudad de México supera a megalópolis como Nueva York, Los Ángeles, Sao Paolo o Buenos Aires. El primer plan para contener el tránsito y las emisiones surgió en 1989, el Hoy No Circula, dos décadas después, extendió el programa a los sábados. Cuando se impuso esta extensión de la medida, en junio del 2008, se esperaba que las emisiones contaminantes de los vehículos particulares bajaran un 15% y que hubiera un incremento en el uso del transporte público u otras alternativas de movilidad no contaminantes como las bicicletas o caminar. Al contrario, la medida ha incrementado el uso de taxis, y aumentó también la compra de autos, de acuerdo con Lucas David, investigador medioambiental de la Universidad de
Berkeley.

De acuerdo con el estudio, “la expansión del programa no tiene efecto en los principales ocho contaminantes”, que son el monóxido de carbono, el dióxido nítrico, el oxido nítrico, el ozono, las partículas PM10 y PM2.5 y el dióxido de azufre.

Davis usó datos del sistema Red Automática de Monitoreo Atmosférico (RAMA) que tiene 29 estaciones a lo largo de la Ciudad de México y mide hora a hora los niveles de gases contaminantes, así como la velocidad del viento, la temperatura y la humedad. Los resultados de su investigación arrojaron una diferencia cercana a cero en la mayoría de las emisiones, comparando los sábados y los días entre semana.

El uso de transporte público aumentó gradualmente, pero Davis advierte:

La efectividad de este tipo de restricciones vehiculares depende de la capacidad de los conductores de cambiar su auto por formas de transporte de más bajas emisiones.

Mientras tanto, el corazón del transporte público de la ciudad, el metro, ha sido acusado por la Comisión de Derechos Humanos de violar el derecho de los ciudadanos a un nivel de vida y a una movilidad adecuados.

Para el urbanista Federico Taboada se trata de “una ciudad con destinos concentrados”, donde pocas delegaciones poseen todos los grandes centros de trabajo con una población flotante. “No hay coordinación entras las políticas de movilidad y las de vivienda".

“La solución es liberar usos de suelo mixto en toda la ciudad, no sólo comercio sino otros usos”, que permitan la desconcentración de las oficinas, las universidades y los mercados. Taboada también cree que es necesario invertir en extender el transporte público, mantenerlo en buenas condiciones y endurecer las medidas con el transporte privado. ¿Cómo? Aumentando impuestos a los automovilísticas “de esta manera tendrían que hacer más eficiente el uso de su automóvil”. No se pone más fácil. Davis advierte:

Esto no se pone más sencillo con la disponibilidad de servicios de taxi como Uber. Mientras incrementa en el mundo, también lo hace el valor del tiempo y la preferencia por este tipo de servicios.