fraudes financieros

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A los 2.000 evasores fiscales de la Lista Lagarde, los 130.000 de la Falciani y las casi 215.000 sociedades offshore de los Papeles de Panamá, en las que hay implicada gente de todo el mundo, hay que sumar las mayores estafas cometidas por ciertas compañías y empresarios particulares, que han sacudido los cimientos del sistema financiero y han puesto muy en duda la labor de los organismos que, se supone, lo vigilan para garantizar buenas prácticas. Así, resulta indiscutible que a los fiscales que persiguen los delitos en las finanzas no les queda tiempo alguno para estar mano sobre mano, dada la gran cantidad de faena que tienen.

Un buen recurso para conocer a fondo su labor es engancharse a Billions, la serie creada en 2016 por Brian Koppelman, David Levien y Andrew Ross Sorkin para Showtime, cuya segunda temporada se estrena en Movistar+ este 20 de febrero y que nos narra el durísimo enfrentamiento de Chuck Rhoades, fiscal estadounidense para el Distrito Sur de Nueva York encarnado por el conocido Paul Giamatti, y el empresario multimillonario Bobby Axelrod, en cuya piel se pone Damian Lewis. Durante este auténtico choque de trenes, conocemos la manera en que se trata de enjuiciar esta clase de delitos y cómo los que infringen así la ley se afanan por que no les pillen. Buenos ejemplos de ello son películas como la peculiar Money Monster, o series de éxito que cuentan la historia de la lucha contra el sistema de Mr.Robot.

Que no les pillen, por ejemplo, como a todos los que no han podido evitar que sus chanchullos financieros salgan a la luz durante las últimas décadas y, por su envergadura y número de víctimas, han generado escándalos morrocotudos. Para empezar, hagamos memoria acerca de cómo se fue al garete el banco británico Barings en 1995: el corredor de bolsa Nick Leeson perdió la totalidad de las reservas del mismo, 1.300 millones de dólares, con una apuesta por la caída del yen invirtiéndolas en el índice Nikkei de Japón. Cuando abandonó las oficinas de Singapur en febrero y puso pies en polvorosa, dejó una nota en la que se leía: “Lo siento”, y tras moverse por Malasia, Tailandia y, al final, Alemania, fue detenido en Frankfurt y extraditado a Singapur, donde estuvo seis años y medio a la sombra.

'Billions' - Showtime

Otro que se la jugó en la bolsa fue el japonés Yasuo Hamanaka, apodado Mr. Copper o el Señor Cobre por su estilo agresivo como inversionista de este metal, y también Mr. Five Percent o el Señor Cinco por Ciento porque ese era el suministro mundial de cobre que dependía de él. Realizó operaciones sin autorización en la Bolsa de Metales londinense, falsificando firmas de sus jefes en la corporación Sumitomo, ocasionándole pérdidas de 2.600 millones de dólares en 1996. Estos méritos indiscutibles le proporcionaron una sentencia de ocho años de cárcel, concluidos en 2005. Y en 1998, el banco británico Morgan Grenfell se percató de que el gestor de fondos Peter Young les había costado 220 millones de libras esterlinas por sus inversiones no aprobadas en acciones especulativas. Pero un jurado le declaró incapacitado para enfrentar un juicio después de que, entre otras cosas, apareciese en el tribunal vestido como una mujer.

Muchos recordarán lo que sucedió con Enron, empresa suministradora de energía de Estados Unidos más importante, con sede en la ciudad texana de Houston, que falseó sus cuentas durante años para esconder sus pérdidas imparables hasta que, en diciembre de 2001, no pudo menos que quebrar. En monto final del desastre fue cercano a 64.000 millones de dólares; ejecutivos como en director de finanzas Andrew Fastow dio con sus huesos en la cárcel, y a la auditora Arthur Andersen se la encontró culpable de obstrucción a la justicia, pero el fundador y máximo responsable, Kenneth Lay, falleció antes de ser encarcelado.

El derrumbe de Enron fue el mayor de la historia del país en cuanto a entidades corporativas hasta que, en 2002, sobrevino la de WorldCom, la segunda compañía telefónica estadounidense más grande, que manipuló sus cifras sobre utilidades por una cantidad poco inferior a los 4.000 millones de dólares y una deuda de unos 75.000 por intereses vencidos en préstamos diversos de Citigroup, J.P. Morgan Chase o General Electric. Bernard Ebbers, el director ejecutivo de la empresa señalado como el artífice del fraude y condenado a un cuarto de siglo de prisión, sigue defendiendo su inocencia, al contrario que los otros cinco implicados, que le acusaron de encabezar el plan de falsificación financiera directamente.

Bernard Madoff - IBTimes.com

El Allied Irish Bank descubrió el mismo año cómo se esfumaban 750 millones de dólares de sus arcas a causa de las malas inversiones efectuadas por el operador de divisas John Rusnak, que había falsificado los documentos necesarios para encubrirlo. Los siete años y medio de prisión no se los quitó nadie. En 2003, el dominicano Ramón Báez Figueroa fue detenido por blanqueo de dinero y un fraude que ascendía a 2.200 millones de dólares, y se le sentenció a una década entre rejas. El mismo año, el británico Sheridan Cox fue condenado en Taiwán por estafar a inversores de arte de todo el mundo unos 520 millones de libras.

El operador Liu Qibing pulverizó en 2005 más de 800 millones de dólares apostando en la Bolsa de Metales de Londres en nombre del Gobierno chino a que el precio del cobre bajaría. En la Reserva Estatal de Shanghái decían no saber ni quién era, y luego tuvieron que reconocer que sí, aunque había actuado por su cuenta y riesgo; y fue juzgado junto con su supervisor en China. Y en 2004, el magnate de la prensa canadiense Conrad Black fue sentenciado a seis años y medio de cárcel por estafar casi treinta millones de libras a los inversores de Hollinger International.

En 2008, Jérôme Kerviel destruyó 4.900 millones de euros del prestigioso banco parisino la Société Générale con arriesgadas apuestas en la bolsa sin permiso, abocándolo a la quiebra. Y al celebérrimo Bernard Madoff le cayó en 2009 una condena de 150 años de verlo todo a través de unos barrotes por la estafa piramidal de su fondo de inversiones, que llegó nada menos que a los 52.000 millones de dólares, en la mayor obra de latrocinio llevada a cabo por una sola persona jamás. Y a uno le da por pensar que el fiscal Chuck Rhoades de Billions, cuya segunda temporada no deberíais perderos en Movistar+, habría disfrutado empapelando a Madoff como sabemos que desea hacerlo con Bobby Axelrod. Se frotaría las manos de entusiasmo.